Con los colores de la bandera de México en su uniforme arbitral, Katia Itzel García saltó al estadio de Kansas City para convertirse en la primera mexicana en pitar un duelo de y así sumar otro histórico capítulo a su ascendente carrera.

Esas franjas tricolores en ambos hombros y en el short le dieron un toque especial a este inolvidable día para la silbante egresada de la UNAM, quien comandó la salida a la ceremonia de los himnos de Países Bajos y Túnez con una extensa sonrisa, reflejo de un sueño cumplido.

Una vez finalizada la cuenta regresiva, Katia tomó aire e hizo sonar su silbato para, ahora sí, darle inicio al quinto partido de un Mundial dirigido por una árbitra central.

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Al minuto 3 del encuentro, la azteca señaló hacia el medio campo para validar el primer gol del partido, luego de la anotación en propia puerta del capitán tunecino Ellyes Skhiri.

Katia vivió un complejo momento al minuto 11, en el que se vio "atrapada" en una jugada. La falta de movilidad de la mexicana la dejó en el camino del defensor Nathan Aké, quien, al no poder esquivarla, la derribó en su intento de reposicionarse ante el posible contragolpe de los tunecinos.

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El amplio dominio de la Naranja Mecánica durante el primer tiempo la hizo estar tranquila. Solamente señaló un par de faltas e intercambió algunas palabras con los futbolistas, pero sin polémica.

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Katia Itzel García en su debut mundialista como árbitra central / Foto: AP
Katia Itzel García en su debut mundialista como árbitra central / Foto: AP

La segunda parte sí comenzó con algunos problemas de comunicación entre Katia Itzel y el cuarto árbitro. Túnez saltó al campo con nueve jugadores; la mexicana ya estaba lista para que arrancara la acción, pero los futbolistas africanos le señalaron que aún les faltaban elementos para tener el equipo completo, mientras ella intercambiaba palabras y miradas con su compañero.

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Otro momento de tensión llegó con el gol de Túnez, que fue revisado por el VAR. Mientras Katia esperaba la decisión, les pedía calma a los jugadores tunecinos para, segundos después, dar por buena la anotación.

Sin demasiada exigencia, con pocos sobresaltos y los colores mexicanos bordados en su uniforme, Katia Itzel García finalizó con orgullo un duelo que fue mucho más que un partido para ella y para la historia del arbitraje mexicano.

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