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En el marco de los 100 años del inicio de la Guerra Cristera, una serie de nuevas investigaciones se desarrollan desde las academias y universidades, y una de las más llamativas es la realizada por el historiador Gibrán Monterrubio García, profesor de la Universidad de Guadalajara y quien ha dedicado varios años de investigación a desentrañar el papel de las mujeres en el conflicto religioso.
De su investigación se publicó recientemente por la UNAM el libro Enemigas del Estado. Mujeres cristeras acusadas de atentar contra la seguridad en Jalisco, en el que da detalles poco conocidos de las mujeres cristeras, como, por ejemplo, que diseñaban atuendos especiales para transportar de forma inadvertida hasta 500 cartuchos, una práctica común en las brigadas femeninas Santa Juana de Arco.
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Sin embargo, hay detalles aún más desconocidos que éste. “No todas las mujeres que fueron acusadas de ser cristeras lo eran de forma intencional, encontré casos de mujeres que fueron arrastradas al conflicto, porque eran familiares o vecinas de grupos cristeros. Otras fueron obligadas a hacer labores de espionaje”.
Agrega que analizó el caso de una mujer, acusada por el gobierno de espionaje, quien realizó trabajos de inteligencia como llevar información de un punto a otro, pero no sabía leer ni escribir. “Declaró que fue obligada a ser espía, no recibía pago alguno, era lo que hoy se conoce como ‘mula’, transportaba información militar y estratégica, claro que era ilegal, pero dijo que no sabía leer ni escribir, por eso fue elegida, era el vehículo perfecto para transportar la información y tenía la orden de que, si la detenían, destruyera la información”, detalla Monterrubio.
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Botín de guerra
El académico dedica un capítulo a analizar cómo las mujeres fueron botín de guerra en la Guerra Cristera.
“Mujeres, sobre todo religiosas, en los conventos, al ser expropiados o intervenidos, eran víctimas de abuso o de violencia física. Muchas religiosas fueron abusadas sexualmente, de manera sistemática, como parte de esta guerra”.

Detalla que las mujeres religiosas eran víctimas del Ejército o de las policías locales.
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Para Monterrubio, las mujeres fueron una parte central de todo el conflicto. “Fue la Madre Conchita quien es la acusada de mandar a asesinar a Álvaro Obregón, de ahí puedes ver que tuvieron un papel crucial en toda la guerra”.
Otra actividad importante de las cristeras fue la de esconder soldados, ya que muchas monjas en conventos, donde había hospitales o sanatorios, “no sólo escondían a los cristerios, sino que se daban a la tarea de envenenar a los soldados, cuando éstos buscaban hospedaje o cuartos en las tomas de conventos, aprovechaban para echarles veneno y matarlos”, afirma Monterrubio.
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