Tito Vasconcelos (Oaxaca, 1951), figura central del teatro cabaret y la lucha por la diversidad en México, cumple 75 años el 30 de junio. “Hay gente muy susceptible. Ahora ya todo lo que estoy diciendo puede resultar políticamente incorrecto para muchos", afirma el artista en el fin de semana de la marcha del orgullo y a unos días de una celebración ansiada y especial. Vasconcelos, fundador del legendario Cabaretito, partícipe y testigo del activismo por la diversidad sexual de los años 70, en uno de sus momentos de mayor resistencia, habla del teatro cabaret —hoy, de capa caída, afirma— y los grandes pendientes de las autoridades con la comunidad LGBT.
Dice que mientras las condiciones lo permitan seguirán trabajando. La inseguridad, la corrupción, los horarios han desembocado en el cierre de muchos bares: “Cosas que pasan en otro país", explica con ironía. Y habla de sus proyectos: una obra de Conchi León que dirigirá para la Compañía Nacional de Teatro, y dos libros: sus memorias y un compendio organizado como un diccionario para comprender el cabaret.
¿Cómo siente que han cambiado las consignas del movimiento?
Creo que se ha dispersado mucho el discurso político en lo que a mí me gustaría llamar la comunidad sopa de letras. No hemos logrado ser una comunidad y eso es comprensible porque esta ciudad es enorme y también se ha vuelto muy atomizado el tema de la sopa de letras. Logramos ponernos más rápidamente de acuerdo cuando solamente éramos gays y lesbianas, cuando el término gay arropaba todo esto. Por eso se hizo la bandera del arcoíris, ahí se abarcaba todo. Pero con el nacimiento de las nuevas identidades, de las nuevas necesidades de grupos en específico, todo mundo quiere que ese grupo sea sobresaliente y se han ido apartando de los temas centrales que son, de entrada, el respeto social, el respeto de las autoridades, los Derechos Humanos, a la salud. Hay gente muy preocupada por los derechos de las personas trans y me parece que está bien, pero ese discurso tendría que abarcar a todos. Si aquí no reciben ni a las madres buscadoras, imagínate a las personas trans, que son asesinadas y la exigencia de que aparezcan los responsables... Es un tema muy difícil políticamente hablando. Hay problemas específicos de cada símbolo de esta sopa de letras. Eso no ha permitido que se centre el discurso en lo realmente importante. Muchos compañeros han sido botín de partidos políticos, pero cuando llegan a un cargo de representación popular, solo se representan a sí mismos. Gente que se apoderó de la marcha y ahí se volvió un tema de conveniencia política. Pero la marcha se va a hacer, independientemente de quién convoque, es un momento importante de visibilización.
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Hay una especie de diáspora de discurso que hay que seguir trabajando. Ya no leen, no saben de la historia del movimiento. Muchos de los clientes que tenemos, no habían nacido cuando el Cabaretito se abrió, por ejemplo. No saben lo que hubo antes del Cabaretito y creen que inventaron la jotería, hay chicos que creen que están inventando los tacones. Está bien, no es criticable. Cada quien encuentra su modo de expresión, pero de eso a pensar que son los primeros, los únicos y los más importantes.... Ahí es donde las cosas se empiezan a enturbiar porque la gente compite por ese tipo de cosas y reconocimientos.
¿Los servidores públicos de verdad están marcando diferencia?
Me parece que es una cuestión de agenda. Dar la apariencia de que de verdad son incluyentes hacia el pueblo que vota. Pero hay muy pocas cosas que agradecerles, la verdad. No quiero hablar en específico, pero seguimos con los asesinatos hacia la comunidad y el recrudecimiento de la homofobia, no sólo a nivel nacional. Los discursos de odio de Trump hacia la comunidad han hecho mella en muchos países que ya tenían un sistema más abierto y avanzado.
Se sigue trabajando y sigue habiendo políticos importantes, como los ministros canadienses que han dado la cara e incluso otros gobernantes. La simpatía que, de alguna manera, tuvo Obama. Hay políticos comprometidos y actores. A mí me conmueve muchísimo Robert De Niro, su padre fue un hombre gay y ahora él tiene una hija trans y ha salido a dar la cara con mucha dignidad y amor para defenderlos. Esos son los ejemplos que hay que seguir. Hay figuras públicas que son políticas porque todo es político, pero no hacen política, sino que realmente son congruentes con su discurso en su medio y lugar de expresión (...) También hubo políticos del partido que no voy a nombrar —todos sabemos cuál es— que se hicieron pasar por transgéneros, no binarios, gays o indígenas para lograr una curul por representación.
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¿Cómo percibe el teatro cabaret en este momento en México?
Un poco de capa caída porque los espacios se han ido cooptando. No quiero hablar de gente que fue mi alumna, que fue muy combativa y ahora está acomodada. Lo que ha sucedido con el cabaret es que encontraron acomodo y ahora, por supuesto, son capaces de defender lo indefendible. Si bien en la resistencia en la que yo estuve se protestó por las cosas que hacían el PRI y el PAN, ahora esa gente es incapaz de reconocer que eso mismo está sucediendo con Morena. Cada vez el cabaret político está más acotado. Y el espectáculo drag está sustentado más en valores de producción que en discursos políticos. Claro que todo nuestro cuerpo es político y la representatividad de nuestro cuerpo, como lo queramos usar, es una cuestión política. Pero la gente que está haciendo el cabaret drag no tiene idea de nada. Solo tienen un discurso muy limitado: a ver quién es la más perra, como si eso fuera una cuestión plausible. Y es la más perra la que más dinero puede tener o más dinero puede juntar para vestirse más espectacular. Pero no hay discursos, no hay resistencia. Su trabajo político queda limitado al asunto de la exposición de su cuerpo político, que es el drag.
¿Qué papel ocupa el cabaret en la lucha por la diversidad?
El cabaret nació en lo marginal. El cabaret, mayoritariamente, está poblado por gente que pertenece a la comunidad sopa de letras. Hay pocos heterosexuales, pero son notablemente amorosos con la comunidad. El cabaret en México se desarrolló y se fue conduciendo porque los que empezamos a difundir y estuvimos firmes, por ejemplo, éramos Jesusa Rodríguez, yo y Alejandro Aura, que fue un aliado solidario con el asunto del cabaret y el café concierto. El cabaret ha sido un espacio de resistencia y tendría que seguir siéndolo. Es algo que no entendieron los poetas con el asunto de la Casa del Poeta y ahí salió una cosa de homofobia. A eso me refiero: está resurgiendo ferozmente la homofobia. No con todos, por supuesto. Creo que ahí hubo un paso en falso de la señora López Bayghen: anunciar que iban a hacer un cabaret y luego dar vuelta atrás diciendo que va a ser un café concert. El cabaret fue antes que el café concert, luego vino el café concert a conciliar las cosas entre públicos y capacidades adquisitivas. Luego fue la época de grandes cabarets.
Para resumir: le parece, entonces, que hoy no hay crítica política en el cabaret, sino apología.
Sí, porque inmediatamente nos volvemos fifís, neoliberales, enemigos de la patria y traidores a la nación. Yo estoy muy cansado ya. He roto varias lanzas en varias luchas y, en este momento de mi vida, quiero hacer en escena solo lo que se me pegue a mí la gana y estoy en los trabajos en solitario.
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