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El destacado físico mexicano Luis de la Peña Auerbach, nacido en 1931, falleció el pasado 17 de mayo en la Ciudad de México, a la edad de 94 años, luego de haber dedicado poco más de seis décadas al estudio de la física teórica y, en específico, de la mecánica cuántica, la cual describe (no necesariamente explica) los fenómenos que ocurren a escala atómica o subatómica.
Ya de muy joven, De la Peña Auerbach quería ser físico; sin embargo, por motivos económicos no pudo cumplir su sueño en un primer momento. Entonces decidió cursar la carrera de Ingeniería en Comunicaciones y Electrónica en la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME), del Instituto Politécnico Nacional, de donde egresó en 1953.
Como a De la Peña Auerbach nunca lo abandonó el deseo de convertirse en físico, años después se inscribió en la Universidad Estatal Lomonosov, de la hoy extinta Unión Soviética, donde en 1964 obtuvo el doctorado en Ciencias Físico-Matemáticas.
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“Desde entonces comenzó una prolífica carrera científica que concluyó hace unos días, una carrera muy consistente, pues a él lo caracterizaba la consistencia, precisamente, y no sólo en la física, sino también en los demás ámbitos de su vida, incluidos el humano, el social y el político. Por eso llegó tan lejos, por esa consecuencia, por su afán de hacerse preguntas fundamentales y perseguirlas (también podría decirse que las preguntas lo perseguían a él) hasta encontrar respuestas satisfactorias dentro de un esquema integrado, coherente”, dice Ana María Cetto, investigadora del Instituto de Física de la UNAM.
“Ya va a regresar…”
Cuando De la Peña Auerbach estaba a punto de volver de la Unión Soviética para reintegrarse a la UNAM como profesor de la Facultad de Ciencias (lo era desde 1958), Cetto estudiaba física en esta dependencia universitaria.
“Escuché que varios compañeros decían en los pasillos: ‘Ya va a regresar De la Peña…’ Yo pensé: ‘Bueno, De la Peña debe ser todo un personaje.’ Y sí, en efecto, lo comprobé, porque como yo iba a empezar a hacer mi tesis profesional con un profesor que ocupaba un cubículo en el décimo piso de la Torre de Ciencias, que ahora es la Torre II de Humanidades, y a Luis le habían asignado un cubículo ahí mismo, tuve la fortuna de conocerlo. Antes de irse a la Unión Soviética, él ya había trabajado en el Instituto de Física. De ahí que el director de este instituto, el doctor Fernando Alba Andrade, lo hubiera llamado para medir las variaciones de la gravedad terrestre”, recuerda.
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Un gran maestro universitario
En esa época, la investigadora universitaria ya había tomado cursos sobre mecánica cuántica, pero quedó insatisfecha y con muchas dudas e inquietudes acerca de la física que subyace a la teoría.
“Y resultó que ambos compartíamos esas dudas e inquietudes. Durante su doctorado, él había estudiado la teoría cuántica de campos y las partículas elementales, pero en realidad lo que le interesaba era investigar los fundamentos de la mecánica cuántica. En ese punto convergimos de inmediato.”
A decir de Cetto, De la Peña Auerbach fue un gran maestro que pensaba que la docencia y la investigación no eran tareas separadas, sino que formaban un continuo.
“Con Luis, uno investigaba y aprendía a la vez. Y eso no puede resultar mejor para un estudiante. Yo nunca tomé cursos con él, pero me enseñó muchísimas cosas. Bueno, todos estos 60 años hasta el último día seguí aprendiendo de él. De esta manera avanzamos juntos, claro, él como un investigador cada vez más maduro que desde un principio me dio la posibilidad de exponer mis ideas.”
Cetto hizo su tesis doctoral con De la Peña Auerbach; posteriormente publicaron sus primeros trabajos en conjunto y con otros autores, siguieron publicando varios libros al alimón. Uno de los más conocidos, escrito en inglés y muy citado en el mundo científico, es The Quantum Dice: An Introduction to Stochastic Electrodynamics (Los dados cuánticos: una introducción a la electrodinámica estocástica), de 1996.
De acuerdo con Cetto, una enorme cantidad de amigos, colegas y estudiantes de De la Peña Auerbach ha lamentado la partida del Investigador Emérito del Instituto de Física de la UNAM (1994), Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Ciencias Físico-Matemáticas y Naturales (2002) y Doctor Honoris Causa por la UNAM (2015), por citar sólo algunos de los múltiples reconocimientos que recibió.
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“Y una semana atrás, una colega me escribió diciéndome que Luis había dejado un gran hueco. Y es cierto: dejó un gran hueco, pero lleno muchos, y esto se nota, por ejemplo, en los estudiantes que desfilaron por sus cursos a lo largo de seis generaciones”, finaliza la investigadora, quien era la compañera de vida —esposa— de De la Peña Auerbach.
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