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En lo que respecta a la ficción, el jefe de inteligencia extranjera de Gran Bretaña prefiere al héroe de espías George Smiley del escritor John le Carré a los alardes de James Bond , el personaje creado por Ian Fleming .
Al explorar la traición en el corazón de la inteligencia británica en novelas de espionaje, le Carré desafió las suposiciones occidentales sobre la Guerra Fría definiendo para millones de personas las ambigüedades morales de la lucha entre la Unión Soviética y Occidente.
Alex Younger
, el jefe del Servicio Secreto de Inteligencia británico, o MI6, dijo en una carta a la revista The Economist que le molestaba la equivalencia moral de las novelas de le Carré pero sentía que los servicios de espionaje ofrecían un reflejo de sus países.
"La Stasi dijo todo lo que la gente necesitaba saber sobre el régimen de Alemania Oriental. El MI6, y nuestros servicios hermanos, GCHQ y MI5, les dicen mucho sobre la Gran Bretaña moderna", escribió Younger, que se unió al MI6 cuando se desmoronaba la Unión Soviética en 1991.
"Pese a que me molesta la insinuación de una equivalencia moral entre nosotros y nuestros oponentes que aparece en las novelas de John le Carré, prefiero el valor sosegado y la integridad de George Smiley a las gracias de 007, siempre", añadió.
A diferencia del glamour de 007, los héroes de le Carré -como Smiley- estaban atrapados en un laberinto de espejos dentro de la inteligencia británica que se tambaleaba tras la traición de Kim Philby, quien huyó a Moscú en 1963.
Younger dijo que los servicios británicos de inteligencia no eran poco convencionales, aunque reconoció que a veces rompían las reglas pero no la ley. "Hacemos cosas en defensa de nuestra seguridad nacional que no serían justificadas cuando se busca el interés privado".
"Pero sólo cuando los ministros consideran que son necesarias y proporcionales. Sí rompemos las reglas, no violamos la ley", dijo el funcionario, jefe del MI6 desde 2014. "Son la creatividad, la innovación y pura astucia lo que nos da la ventaja".
nrv
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