La Lagunilla, enclavada en uno de los tantos corazones del Centro Histórico, es uno de los sitios con mayor popularidad y que se encuentra en el imaginario de gran parte de los capitalinos. Más allá del tianguis dominical, “del barrio bravo” y los templos coloniales, la zona de La Lagunilla fue, históricamente, desde épocas tempranas, una zona de comercio e intercambio de bienes, sitio importante donde se libraron batallas entre señoríos y lugar relevante para la resistencia ante los españoles y sus huestes.

La investigación histórica tenía una deuda con el relato de La Lagunilla, poco se conocía de la zona durante la primera parte de la conquista española, en especial en el siglo XVI. Por ello, las investigadoras Clementina Battcock y Patricia Escandón se dieron a la tarea de indagar, desde lo archivos, la historia de esta parte de la ciudad, lo que dio como resultado el libro Historia de La Lagunilla en el Siglo XVI: de pantano a barrio comercial (2026), publicado por el Fideicomiso del Centro Histórico de la Ciudad de México, y que fue presentado el jueves pasado en el Museo del Templo Mayor.

En entrevista, Battcock y Escandón brindan más detalles de su investigación, y señalan que todo el trabajo está sustentado en archivos históricos que aportan mayores datos de cómo fue la transición de la zona durante el primer siglo de la Conquista.

Desde épocas tempranas, La Lagunilla fue una zona de comercio e intercambio de bienes, un sitio importante donde se libraron batallas entre señoríos prehispánicos como Azcapotzalco, y lugar relevante para la resistencia ante los españoles y sus huestes. Foto: INAH/ SECRETARÍA DE CULTURA
Desde épocas tempranas, La Lagunilla fue una zona de comercio e intercambio de bienes, un sitio importante donde se libraron batallas entre señoríos prehispánicos como Azcapotzalco, y lugar relevante para la resistencia ante los españoles y sus huestes. Foto: INAH/ SECRETARÍA DE CULTURA

Un primer dato que las investigadoras dejan en claro es que La Lagunilla perteneció a uno de los cuatro barrios de Tenochtitlan, llamado Cuepopan. Dicho barrio estaba ubicado al norte de la ciudad, y limitaba con la ciudad de Tlatelolco. “Es un barrio donde ocurrieron ciertos hechos trascendentales como la guerra contra Azcapotzalco, fue un sitio importante para la resistencia cuando llegó el mundo hispánico a estas tierras, y también es importante mencionar que el nombre del lugar, La Lagunilla, pasó a la historia, pero a veces nos olvidamos que el sitio antes era conformado por pequeñas lagunas, es un sitio ancestral, lo tenemos fechado desde el siglo XIII”, refiere Clementina Battcock, investigadora de la Dirección de Estudios Históricos del INAH.

Patricia Escandón, investigadora del Centro de Investigaciones de América Latina y el Caribe de la UNAM, remarca que La Lagunilla se conformaba, en el tiempo prehispánico, de algunos barrios con gente común, pero en una de las orillas había un embarcadero, sitio de fuerte comercio y movimiento de mercancías.

“Aparte de la zona ocupada tenemos algo que era un embarcadero, y que es lo último en secarse, eso es lo que le da el nombre a la Lagunilla; es un lugar de tráfico mercantil muy intenso, con canoas cargadas de cosas y finalmente es el enlace entre México-Tenochtitlan y Tlatelolco, que está al norte”, refiere Escandón.

Hoy se sabe que La Lagunilla estaba ubicada en lo que hoy es el Eje 1 Norte en colindancia con República de Brasil y la Calzada México Tacuba. “Estamos hablando que es un espacio lagunero, o sea como tal de pantano, por eso el nombre del libro, y, por supuesto, con la tecnología de punta que eran las chinampas, como tal permitió al mundo mexica avanzar sobre una laguna que es una laguna salada, eso permitió instalar a parte de la población ahí”, explica Battcock.

Gracias a los recientes hallazgos arqueológicos, como el que reportó EL UNIVERSAL en diciembre pasado sobre el descubrimiento de una unidad habitacional prehispánica cerca del metro Garibaldi, se sabe que la mayoría de la gente que vivió en el barrio de La Lagunilla eran chinamperos y se dedicaban a la milpa.

La guerra entre México-Tenochtitlan y México-Tlatelolco, en Historia de las
Indias de la Nueva España e islas de Tierra Firme, de Diego Durán. Foto: INAH
La guerra entre México-Tenochtitlan y México-Tlatelolco, en Historia de las Indias de la Nueva España e islas de Tierra Firme, de Diego Durán. Foto: INAH

“Eran altamente productivos, mantenían limpios los canales, se dedicaban a la milpa, y esa es la propuesta que hacemos en el libro, entender La Lagunilla como un centro de intercambios, y es que no podemos dejar de lado que en el otro extremo de la zona, ya en Tlatelolco, había un gran tianguis también. Bernal Díaz del Castillo hace una descripción de ese tianguis, queda maravillado, entonces La Lagunilla era un lugar intermedio de las tensiones que habían entre Tlatelolco y Tenochtitlan”, explica Battcock.

La especialista dice que no solo era el comercio entre estas dos grandes ciudades, sino que llegaban canoas de otros asentamientos, lo que mantenía el embarcadero activo casi todos los días del año.

Otra particularidad que analizan las investigadoras es que Cuepopan se le reasignó un nombre femenino luego de la llegada de los españoles: se le agregó Santa María, una referencia a las influencias de Roma, El Vaticano y la iglesia católica en la mentalidad de los conquistadores. “Es muy interesante porque lo que vemos acá es una sustitución de trazas en torno a lo sagrado”, añade Escandón.

El cambio

Con la llegada de los españoles, toda la capital se transformó. Uno de los puntos más notorios y que analiza el libro es la construcción de templos y parroquias, las cuales perduran hasta nuestros días.

Escandón explica que la misión principal de la conquista española fue la evangelización, por lo que era importante crear sitios para que los indígenas aprendieran la religión de los españoles. Dichos templos eran solo para los indígenas, mientras que los españoles podían acudir al Sagrario Metropolitano para tomar la misa. En la zona de La Lagunilla se alzó el templo de Santa Catarina Mártir, en República de Brasil.

Las investigadoras remarcan que el libro reconstruye la vida de La Lagunilla en el siglo XVI, todo basado en cuatro fuentes archivísticas: el Archivo Histórico del Gobierno de la Ciudad de México, el Archivo General de la Nación, el Archivo de Notarías y el Archivo General de Indias.

Huitzilihuitl y Chimallaxochitl, principales del grupo mexica, capturados tras su expulsión de Chapultepec. Foto: BIBLIOTECA NACIONAL DEL INAH
Huitzilihuitl y Chimallaxochitl, principales del grupo mexica, capturados tras su expulsión de Chapultepec. Foto: BIBLIOTECA NACIONAL DEL INAH

Al pensar hoy en La Lagunilla y la gente que vive actualmente en el barrio, uno de los mayores referentes es la vida y comercio que prevalece en la zona. Negocios como tortillerías y ferreterías cuentan con filas de compradores, esto, explica Battcock, responde a la forma en que se conformó el sitio: con indígenas, españoles, migrantes y otros habitantes, todos conviviendo en la zona.

Escandón resalta que la zona fue ocupada por frailes dominicos, quienes tenían la misión de llevar su evangelio a los habitantes.

Poco a poco, la traza principal de la ciudad se fue poblando, lo que provocó que nuevos solares se establecieran en las periferias del cuadro principal de la capital.

Con una vida latente, sostienen las investigadoras, es que enfrente de la parroquia de Santa Catarina Mártir se abre un tianguis con el objetivo de captar a los habitantes de la zona y evitar que fueran a comerciar, comprar o vender al tianguis de Tlatelolco.

“Hay tensiones entre los españoles y los indígenas, pero también hay tensiones entre los propios indígenas. Dicho tianguis lo pusieron dirigido a los españoles. Y por otro lado, lo pusieron para quitarle la clientela al mercado de Tlatelolco, es algo maravilloso”, sostiene Escandón.

Grupos migrantes que avanzan hacia la Cuenca de México. Tira de la peregrinación / Códice Boturini. Foto: BIBLIOTECA NACIONAL DEL INAH
Grupos migrantes que avanzan hacia la Cuenca de México. Tira de la peregrinación / Códice Boturini. Foto: BIBLIOTECA NACIONAL DEL INAH

Con el crecimiento de la ciudad durante el siglo XVI, cada vez más indígenas y españoles se instalan cerca de la zona centro de la ciudad. Eso provocó que en La Lagunilla convivieran carpinteros, carniceros, artesanos de textiles y más.

“Esa desconfianza inicial se volvió poco a poco convivencia, hay indígenas artesanos vendiendo terrenos a un español boticario, y en los archivos vimos que los españoles aprendieron a hablar náhuatl para hacer este tipo de intercambios, es llamativo porque se piensa que todo fue al revés, pero no, eran españoles comunes aprendiendo el idioma, es importante el dato”, señala Patricia Escandón.

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