A partir del siglo XIX, la literatura mexicana comenzó a enriquecerse con libros que se ocupaban de los oprimidos, los marginados, los desposeídos; sin embargo, no fue hasta que el escritor duranguense José Revueltas (1914-1976) esribió y publicó sus primeras novelas y sus primeros cuentos, cuando estos personajes adquirieron una presencia y una voz poderosas, contundentes e inconfundibles.
Nadie como Revueltas ha ofrecido a los lectores una crónica tan completa y compleja, y con un altísimo nivel literario, no sólo de los bajos fondos sociales, sino también de los bajos fondos del cuerpo. A él le interesaba nombrar lo oculto, lo prohibido, lo clandestino, en suma, el subsuelo. No por nada una de sus influencias más evidentes fue Dostoievski. Y para comprender esa zona oculta, prohibida, clandestina creó un método que él denominaba dialéctico”, dice Edith Negrín, investigadora ya jubilada del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM y especialista en la literatura del escritor duranguense fallecido el 14 de abril de hace 50 años en la Ciudad de México.
De acuerdo con Negrín, Revueltas quedó muy impresionado cuando, en un libro del filósofo existencialista ruso León Chestov dedicado a Dostoievski y Nietzsche, leyó que el autor de Humillados y ofendidos fue víctima de un simulacro de fusilamiento en San Petersburgo, Rusia, y que en el momento en que abrió los ojos no sabía si estaba soñando o despierto, o si ya había muerto.
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“Entonces, Revueltas quiso captar lo que él llamaba el lado moridor de la realidad. Por eso escribió muchas obras donde intentó ver lo que siente una persona que está muriendo o de plano que ya murió, y que ya no puede comunicarse con los demás porque, según él, tiene otra mirada, otro lenguaje”, añade.
Dos pasiones
Las dos pasiones de Revueltas fueron la literatura y la militancia política. Cuando era muy joven se afilió al Partico Comunista Mexicano (del cual sería expulsado años después), y desde ahí puso en contacto y unió a la gente de izquierda que estaba en contra del sistema con los marginados sociales: desempleados, mendigos, prostitutas, padrotes, rateros, asesinos..., y luego hizo deducciones y trazos muy interesantes al respecto que incorporó a su literatura.
“Por ejemplo, en su novela Los días terrenales (1949), un hombre se deja contagiar de sífilis por una prostituta, pero lo hace por gratitud. No está enamorado de ella, no la quiere, pero siente que debe llevar a cabo ese sacrificio por gratitud y como una especie de homenaje a la clase marginada a la que esa mujer pertenece. Parece que, en esos años, medio mundo, incluidos muchos militantes de izquierda, contraía sífilis y quedaba estéril, y esto, en la literatura de Revueltas, representa lo más bajo a lo que puede llegar la condición humana. Y es que Revueltas siempre tuvo una visión trágica de la realidad”, indica Negrín.
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Preso
Sin duda, la vida de Revueltas está estrechamente vinculada con su obra literaria; asimismo, a decir de Negrín, como los peruanos César Vallejo y José María Arguedas (a quien, por cierto, le dedicó el cuento “El dios vivo”), era capaz de sentir en carne propia el dolor social de los desamparados y los oprimidos.
Cabe recordar que, debido a sus ideas y acciones políticas, a los 15 años fue recluido en una correccional; también estuvo preso dos veces en las Islas Marías y, de noviembre de 1968 a mayo de 1971, por su participación en el movimiento estudiantil, en el Palacio Negro de Lecumberri.
“Tal vez no hubiera tenido que sufrir tanto, pero desde adolescente sentía el dolor ajeno como propio. Por lo demás, unas veces, su literatura y su militancia política iban parejas, pero otras chocaban y él se sumía en unas depresiones terribles, porque, si bien como marxista consciente pensaba que los hombres trazan su destino y lo construyen, los personajes de sus novelas son arrastrados por éste. Por esta razón lo atacaron tanto sus propios compañeros de partido cuando publicó Los días terrenales. Lo tacharon de existencialista y de escribir una literatura de la negación. Y él, en ese momento, ni siquiera sabía qué era el existencialismo. Por otro lado, fue uno de los primeros antiestalinistas mexicanos, aunque eso le costó pelearse con muchos de sus amigos. Tenía un corpus de ideas, pero no fijas. Todo el tiempo las cuestionaba y las comparaba con la realidad.”
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Escrita a mano
A Edith Negrín le gusta en especial una novela de Revueltas publicada en 1943: El luto humano. La ha trabajado muchas veces y encuentra algo nuevo en ella cada vez que la lee.
Recientemente, junto con otros colegas, la investigadora universitaria estuvo en la Universidad de Texas en Austin, revisando el archivo de Revueltas, y encontró un verdadero tesoro: casi toda esa novela escrita a mano, con lápiz y una primorosa letra Palmer, en unos cuadernos muy modestos.
“Lo que me pregunté con cierta inquietud es por qué Revueltas la escribió a mano, si ya sabía escribir a máquina. Es más, antes ya había escrito a máquina otra novela. Después de analizar el momento por el que pasaba entonces, plagado de problemas relacionados con su matrimonio, su militancia política y el Partido Comunista Mexicano, llegué a la conclusión de que su vida estaba a punto de desmoronarse y necesitaba algo a lo cual asirse, y ese algo fue esa escritura tan perfecta y tan pareja de los cuadernos originales de El luto humano”, refiere.
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Primer acercamiento
Como primer acercamiento a Revueltas, Negrín les recomienda a los jóvenes cualquiera de sus tres libros de cuentos, porque son más accesibles: Dios en la tierra (1944), Dormir en tierra (1961) y Material de los sueños (1974), y, también, los cuentos que se publicaron postumamente en sus obras completas.
“En general, sus cuentos son muy interesantes. De 'Una mujer en la tierra' algunos críticos han dicho que es el mejor de la literatura mexicana. No sé si yo llegaría a afirmar eso. En todo caso, cada cuento que escribió Revueltas es una gran experiencia... En seguida podrán acercarse a sus novelas. Los muros de agua [1941], por ejemplo, es muy fácil de asir porque la escribió muy joven, cuando todavía creía totalmente en los postulados del Partido Comunista. Y El apando [1969] es clave, fundamental”, finaliza.
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