Más allá del intelectual y participante activo en el Movimiento Estudiantil del 68 o autor rebelde y marginal o pensador congruente, el escritor es sopesado y reconocido como una de las figuras principales de la por su enorme destreza para trazar estructuras narrativas, su habilidad para crear situaciones que profundizan en los claroscuros humanos, por la construcción de personajes y por su estilo complejo y expansivo.

A 50 años de su muerte —falleció el 14 de abril de 1976—, cuatro narradores, que son además críticos literarios, ensayistas, editores y académicos nacidos en la década de los 70: Geney Beltrán, Julián Herbert, Vicente Alfonso y Antonio Ramos Revillas, apuntan los valores literarios, diálogos que sostiene su generación, generaciones anteriores y posteriores con el autor de El apando, Los muros de agua y El luto humano, y dan cuenta de la influencia de Revueltas en sus obras como presencia vital, vigente y de enorme fuerza.

Geney Beltrán identifica dos aspectos fundamentales de la obra narrativa de Revueltas: la profundidad en la construcción de la psicología de los personajes y la creación de un estilo complejo y expansivo. “Estos dos elementos se alimentan mutuamente. La construcción psicológica lo llevó a adentrarse en el inconsciente de sus personajes, en las motivaciones más profundas de su psique”.

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Sepelio de José Revueltas en el Panteón
Francés, el 15 abril 1976. 
Carta de José Revueltas al escritor Luis González de Alba.
Imagenes: Cortesía Memórica-AGN
Sepelio de José Revueltas en el Panteón Francés, el 15 abril 1976. Carta de José Revueltas al escritor Luis González de Alba. Imagenes: Cortesía Memórica-AGN

Apunta que en Los días terrenales, Revueltas muestra un bisturí psicológico muy audaz sobre las contradicciones entre su naturaleza ideológica y política, y emociona, “se ha dicho muchas veces que Revueltas es un descendiente de Dostoievski. Es sin duda un descendiente muy ilustre y esa representación tan antagónica y a veces agónica de sus personajes que volvió muy incómoda su obra para sus coetáneos”.

Beltrán dice que esta construcción psicológica la crea con una prosa de una gran sofisticación sintáctica. “Este rasgo no lo hereda de Dostoievski, es más bien algo que viene de las posibilidades prosísticas de Marcel Proust o William Faulkner y aunque la defensa de un estilo expansivo de rasgos barrocos no es extraña en la lengua española, estoy convencido de que ningún escritor mexicano del siglo XX explotó las posibilidades de la prosa con esa audacia, esa hondura y esa complejidad”.

Para Julián Herbert, la recuperación de Revueltas en su generación y en la de más jóvenes se sustenta en dos elementos al menos, el regreso de una tercera persona distanciada lingüísticamente de la presencialidad que tienen las literaturas del yo, que producen autores como Emiliano Monge y Fernanda Melchor, en los que ve un diálogo muy evidente con la prosa de Revueltas, y este sentimiento que Revueltas llama “realismo dialéctico”, que es algo que propone en el prólogo a Los muros de agua y que Herbert describe como una teorización acerca de cómo editamos la realidad para construir un discurso social y político al momento de narrarla. Que considera es un elemento importante para Cristina Rivera Garza, para él mismo y generaciones recientes.

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Vicente Alfonso, quien ha tomado a Revueltas como un símbolo y personaje en algunas de sus novelas, asegura que el rescate del autor de novelas, cuentos, teatro y ensayo político viene desde la década de los 60, a través de autores como Elena Poniatowska, José Agustín, Vicente Leñero, Carlos Monsiváis, Gerardo de la Torre y Orlando Ortiz, quienes hicieron una férrea defensa frente de Revueltas ante el ninguneo oficial. “Después vinieron plumas como Cristina Rivera Garza y Eduardo Antonio Parra, dos autores fundamentales para el México de hoy, que no ocultan su filiación revueltiana, sino que la exhiben con orgullo en sus cuentos y novelas”, a la que han seguido, agrega, otros autores como él mismo, o más jóvenes, como Nayeli García Sánchez y Adán Brand.

“Varios escritores y escritoras de mi generación coincidimos en admirar a Revueltas por el cuidado y la pasión que ponía en su literatura, pero también por su inconformidad permanente y por su postura crítica frente a las instituciones de todo el espectro político: era un férreo defensor de las causas populares, pero no romantizaba las luchas sociales y era consciente de los defectos y las inercias de la izquierda”, apunta el escritor que coordinó en 2014 el volumen de ensayos para Tierra Adentro titulado El vicio de vivir con lecturas brillantes sobre Revueltas hechas por jóvenes promesas de las letras.

Antonio Ramos Revillas valora en Revueltas la construcción de atmósferas, la recreación de ambientes tensos y sórdidos. “Es un autor que habla de las penumbras del ser humano, al estilo de Conrad en El corazón de las tinieblas, Revueltas sabe contar la oscuridad con una prosa dura, sí, pero que construye ambientes en tensión”. Y aunque lo considera un autor central, para él el rescate de Revueltas aún no ocurre. “En escritores y escritoras nacidos en los 60 es una figura referencial, pero entre los nacidos en los 80 y 90 ya no pesa tanto, cuando lo descubran se volverá un referente”.

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Vicente Alfonso insiste en que sus novelas y cuentos son obras maestras por varias razones: por su enorme destreza para trazar estructuras narrativas y por la habilidad para crear situaciones que permiten profundizar en los claroscuros humanos. Incluso afirma: “El mejor Revueltas es el que aborrece los dogmatismos”.

Herbert asegura que la relación con Revueltas no sólo es con la obra, con el personaje. “Es ideológica, intelectual e incluso iconográfica, es un personaje que nos interesa. Cristina Rivera Garza, por ejemplo, lo recupera, no solo como una figura intelectual, sino también como un personaje digno de ser narrado. Y otras generaciones lo habían abordado ya. José Agustín lo hizo, lo hicieron los infrarrealistas. Hay una relación cíclica, no solo con la influencia intelectual y directamente literaria, sino también con lo que significa como personaje de la cultura mexicana”.

Geney Beltrán celebra la condición intempestiva de Revueltas, “es un autor fuera de su tiempo, un autor que no fue comprendido por sus contemporáneos, es resultado de ese carácter soberano, inasimilable, exigente de su escritura. Su literatura es una exploración del todo o nada. Es una escritura muy audaz, muy compleja y que da extraordinarias recompensas estéticas a sus lectores”.

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