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Después del recorrido para medios de la muestra de obras emblemáticas de la Colección Gelman Santander en el Museo de Arte Moderno, la directora del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), Alejandra de la Paz, habló, en rueda de prensa, sobre el estado de esta colección, una de las más relevantes del arte moderno mexicano, en la gestión que tendrá con Fundación Santander.
De la Paz explicó que se trata de un acuerdo tripartita, firmado en enero, que involucra a los coleccionistas privados (los dueños de la colección):
“La colección Gelman es una colección privada y por el otro lado involucra a quienes los actuales propietarios de la colección han designado en una figura de gestión de la colección para una posibilidad de itinerancias internacionales. Lo que aquí el INBAL tiene que cuidar es, básicamente, que se cumplan con todos los aspectos técnicos de conservación que requieren las 28 obras declaradas monumento artístico que son parte de la exposición. Hay dos obras adicionales que también están registradas como monumento artístico que no pertenecen al acervo de la colección Gelman, pero que los coleccionistas privados han incorporado en este acuerdo”.

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“Por lo tanto nuestro cuidado tiene que ver con que se cumplan condiciones de conservación, que se hagan los dictámenes periódicamente como debe ser, que sepamos exactamente cuál es cada una de las sedes que pudiera recibir la colección, que tengan los reportes de condición y las facilidades con las que cuenta el museo con el fin de garantizar no sólo su adecuada conservación técnica sino también la mejor puesta en valor que pueda ser posible para una colección de este calibre, de esta importancia”, continuó la directora del INBAL.
Los permisos de exportación que se requieren estarán siendo supervisados continuamente —añadió— y los técnicos y técnicas del Centro Nacional Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (CENCROPAM) viajarán para hacer los dictámenes necesarios de conservación. El acuerdo les permitirá generar distintas estrategias de exhibición, cuidado, investigación y divulgación (en particular, la edición de catálogos razonados de la colección). La vigencia del acuerdo es de cinco años y después se puede renovar según lo que acuerden las partes.

Precisó que los acuerdos testamentarios no son materias del INBAL. “Son materia entre particulares, recordemos que la ley mexicana únicamente establece 10 años después de que es dado a conocer un testamento para cualquier impugnación”.
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De la Paz abundó en que la ley mexicana otorgó los derechos en propiedad a quien fue el propietario anterior de la colección: “El INBAL no interviene en acuerdos de carácter privado y la ley mexicana es quien le otorgó la propiedad y, en ese sentido, la capacidad de poder transmitir esa propiedad a otros; creo que eso ya es algo que no estaríamos en este momento en posibilidad de discutir ni bajo lo que le compete al INBAL ni tampoco bajo lo que otorgan las leyes mexicanas”.
La funcionaria subrayó que el máximo tiempo que se establece en el acuerdo es de cinco años; por lo que las obras regresarían a México y se tendría que hacer un nuevo acuerdo: “Tanto la Fundación Santander como los actuales propietarios tienen mucho interés en que las obras regresen a México y se puedan exhibir en museos mexicanos. Obviamente, hay algunos ya que han levantado la mano y son cosas que ellos tienen que determinar y probarse en esa determinación de la itinerancia, será cuando es conveniente que regresen para que puedan presentarse en otro museo mexicano”.

Dijo que se trata de una colección mexicana en manos de mexicanos y que el acuerdo con Santander es sólo de gestión: “Es decir, que la Fundación Santander se puede encargar de lo que tiene que ver con trámites, empaques, viajes, gestiones con los museos, con el fin de poder garantizar que estas gestiones se llevan a cabo con gente que está acostumbrada a este tipo de tareas y que ellos no necesariamente tienen estos equipos complejos que requieren de un movimiento de obras”.
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“Estas obras declaradas monumento no pueden ser vendidas, pueden cambiar de manos, son colecciones privadas, son obras privadas. No obstante, no pueden ser exportadas definitivamente del país”, concluyó.
La muestra “Relatos modernos. Obras emblemáticas de la Colección Gelman Santander”, que abre hoy sus puertas al público en el Museo de Arte Moderno, se conforma por 68 piezas que, en palabras del cocurador Carlos Segoviano, dan cuenta de cómo la colección —conformada por Natasha Zahalka y Jacques Gelman durante 57 años (1941-1998)— evidenció que el arte mexicano fue paralelo al desarrollo europeo.

Segoviano señaló que es una de las colecciones más importantes de arte moderno en México o de obras que dialogan con éste. El lapso que abarca va de 1915, con obras de Diego Rivera y Ángel Zárraga, hasta un momento más reciente, cuando se abre el baño de Frida Kahlo tras 50 años cerrado, y las fotos de éste hechas por Patti Smith y Graciela Iturbide.
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En los cuatro núcleos de la exposición (“Orígenes en construcción, la invención de una mirada”, “Un proyecto cultural: de la revolución al canon”, “Presencias construidas, coreografías del retrato” y “Modernidad, montaje y experimentación”) hay piezas de Siqueiros, Tamayo, Orozco, Toledo e Izquierdo, entre otros.
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