Más Información

Sheinbaum critica a oposición por visita de Díaz Ayuso; todavía piensan que México inició cuando llegó Hernán Cortés, dice

CNDH pide a la SEP revisar recorte al calendario escolar; medida traslada el problema a las familias, advierte

Avistan a 5 ajolotes del altiplano en el Lago Tláhuac-Xico; autoridades los pone bajo protección especial

Acusan que agresión a candidata Coahuila fue por tensión interna de Morena; autoridades investigan para deslindar responsabilidades
He escrito en este espacio sobre la importancia de una mentalidad de crecimiento para alcanzar a desarrollar todo nuestro potencial (Carol Dweck, Mindset: la actitud del éxito), así como de la pasión y perseverancia necesarias para ello (Angela Duckworth, Grit: el poder de la pasión y la perseverancia).
Vale la pena ahora reflexionar sobre las herramientas que tenemos a disposición para lograr esta pasión y perseverancia necesarias para alcanzar nuestras metas.
Leemos con gran interés historias de éxito, porque nos queremos sentir identificados con quienes han alcanzado logros notables. Nos falta analizar qué es lo que han hecho bien estas personas. Espero que las siguientes reflexiones sean de ayuda para el crecimiento personal y el cumplimiento de nuestros objetivos.
Lee también: El humanismo mexicano de Mauricio Beuchot

Para ello me apoyo en el filósofo alemán del siglo XX, Josef Pieper, quien es conocido por su trabajo en ética, antropología filosófica y su interpretación moderna de la filosofía de Tomás de Aquino. Escribió extensamente sobre las virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza, explicando su relevancia en la vida moderna.
Siempre he pensado que podemos resolver casi cualquier problema al que nos enfrentemos en la vida, con el uso de la razón y la voluntad. Pieper lo explica por medio de las virtudes cardinales de la prudencia y la fortaleza.
Para Pieper, la prudencia (Prudentia) es la virtud central del obrar moral, porque conecta la realidad con la acción. No es simple cautela ni cálculo utilitario, sino la capacidad de ver la realidad tal como es, y actuar en consecuencia. La prudencia implica una mirada objetiva, libre de autoengaño o deseos distorsionantes. En síntesis: la prudencia es la virtud que ordena la acción según la verdad de las cosas.
Con frecuencia se malinterpreta la prudencia como algo que nos limita a la acción, nos sugiere que es mejor no intervenir en una situación determinada. A diferencia del uso cotidiano (prudente = cauteloso), en la tradición clásica significa recta razón en el obrar (recta ratio agibilium).
De acuerdo con Pieper, la prudencia depende de la capacidad de ver la realidad sin distorsión. El mayor enemigo de la prudencia no es la ignorancia, sino la falsificación interior (autoengaño, ideología, deseos que deforman la percepción). El sujeto prudente no “inventa” el bien, sino que lo descubre en lo real.
Por ello es, por ejemplo, tan importante el diagnóstico en la medicina. Sin un diagnóstico correcto (una lectura objetiva e informada de la realidad), no hay tratamiento o medicamento que cure una enfermedad equivocada.
La prudencia se basa en la objetividad, en la capacidad de ver la realidad como es y no como la imaginamos o quisiéramos que fuera. Para ello debemos permanecer atentos a nuestros sesgos cognitivos, en este caso en particular al sesgo de confirmación.
Éste se refiere a la tendencia a buscar información que confirma lo que ya creemos e interpretar los datos de forma que encajen con nuestras ideas previas. Solemos recordar más fácilmente lo que nos da la razón y tendemos a ignorar o descartar lo que la contradice.
Eso es lo que probablemente ocurre con los terraplanistas. Para quien tenga dudas sobre su existencia, invito a visitar la página https://theflatearthsociety.org. Estas personas están tan profundamente convencidas de sus dogmas, que prefieren ignorar toda evidencia científica que contradiga sus creencias.
También los antivacunas, que son más numerosos que los terraplanistas, como el tristemente célebre Secretario de Salud de los Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr. La práctica de la prudencia no les caería mal.
La fortaleza (Fortitudo) es la virtud que permite al ser humano mantenerse firme ante el miedo y soportar el sufrimiento por el bien. Es la virtud que sostiene al ser humano en el bien frente al dolor, el miedo y el peligro.
¿Qué es lo que nos hace levantarnos cuando sentimos que no podemos más? La fortaleza, o lo que solemos llamar la fuerza de voluntad.
Se le atribuye al físico teórico alemán-estadounidense y Premio Nobel de Física en 1921, Albert Einstein (1879–1955), la frase de: “Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.” Nos sorprenderíamos de todo lo que somos capaces de llevar a cabo con la voluntad.
Recordemos a Angela Duckworth, quien nos ha demostrado la importancia de la pasión y la perseverancia. Hace falta prudencia para encontrar lo que nos apasiona. Pero luego se requiere de la perseverancia o la fortaleza para llevar a cabo nuestros planes.
El nadador estadounidense Michael Phelps, quien es el atleta olímpico más condecorado de todos los tiempos, con 28 medallas en cinco juegos olímpicos, sentía una verdadera pasión por la natación. Sin embargo, no fue fácil entrenar ocho horas al día, todos los días, durante años. En muchas ocasiones tuvo que emplear la fortaleza para obligarse a ir a la piscina, aun cuando no tuviera ganas de hacerlo.
En el ambiente empresarial se dice que un profesional es quien hace lo que sabe que debe hacer (prudencia), aunque no tenga ganas de hacerlo (fortaleza).
De acuerdo con Pieper, la prudencia ve y manda: define el bien concreto. La fortaleza sostiene y ejecuta: permite realizarlo a pesar de los obstáculos.
Ambas son fundamentales e inseparables. Sin prudencia, la fortaleza deriva en violencia y fanatismo. Sin fortaleza, la prudencia se queda en intención sin realización.
No nacemos virtuosos. Las virtudes se practican y perfeccionan día a día. Creo que la mayoría de nosotros buscamos una vida plena, una relación de pareja feliz, un empleo estable y una posición financiera holgada. Deseamos el reconocimiento y la amistad de personas a quienes admiramos y apreciamos.
Sin embargo, la pregunta no es si en efecto deseamos todas estas cosas buenas en nuestra vida. Todos lo deseamos. La pregunta correcta es si estamos dispuestos a hacer lo que se requiere para lograrlo, porque todo esto no sucede de manera espontánea. Hay que trabajar y esforzarnos por lograrlo de manera consistente. Es necesario emplear la prudencia y la fortaleza todos los días.
Noticias según tus intereses
[Publicidad]
[Publicidad]










