La editorial Satori publicó la novela Indigno de ser humano (trad. de Isami Romero y Ednodio Quintero, 2025), del escritor japonés Osamu Dazai (1909-1948), quien tuvo una existencia atormentada que lo condujo al suicidio, en medio de un ambiente de conmoción social provocado por la derrota militar de Japón ante los Estados Unidos y sus aliados, cuyo corolario fue el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, en agosto de 1945, por orden del presidente Harry S. Truman.

La obra de Osamu Dazai, seudónimo de Shūji Tsushima, se adscribe a la narrativa del yo, de carácter biográfico y confesional, en la cual prevalecen la introspección psicológica y el pesimismo de personajes solitarios, marginados y decadentes. Su estilo, de tono coloquial e irónico, presenta vertientes de humor negro que trascienden el mundo de la ficción literaria para encarnar las peripecias del propio autor.

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Crédito: WikiCommons
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En este contexto, Indigno de ser humano recupera la trayectoria vital de Osamu Dazai y la decanta en Ōba Yōzō, personaje central de la novela que, desde niño, devalúa su propia persona y adopta la máscara del bufón para hacer reír y complacer a los demás, con el propósito de sobreponerse al miedo y alcanzar la aceptación social.

La estructura de la obra parte del artificio del manuscrito encontrado, de larga tradición en la literatura occidental, que, en este caso, se concreta en el hallazgo de tres fotografías y tres cuadernos de notas en los que se relata la autobiografía del personaje. Estos documentos llegan a manos de un narrador anónimo, quien se limita a presentarlos mediante un breve prólogo y un epílogo. En ambos paratextos, describe las imágenes —que muestran la progresiva degradación física del protagonista— y explica las circunstancias en que los cuadernos llegaron a sus manos, por mediación de la dueña de un bar que Ōba Yōzō frecuentaba.

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De esta manera, la novela configura un relato enmarcado, con un narrador externo que cumple la función de editor ficticio y otro interno, que es el narrador protagonista. Esta disposición introduce, en principio, dos perspectivas: una exterior, limitada a presentar el documento encontrado, y otra interior y subjetiva, correspondiente a la mirada de Ōba Yōzō sobre sí mismo y sobre el mundo que lo rodea. A ellas se añade la visión de la dueña del bar de Kyōbashi, su protectora, quien lo consideraba bueno, “como un niño parecido a un dios”.

Por su forma, la novela puede considerarse una obra maestra, ya que pone en diálogo las imágenes y la palabra, dualidad muy arraigada en la cultura japonesa. A ello se suma el tópico del documento recuperado como estrategia narrativa que diversifica las voces y las perspectivas para transformar una aparente confesión autobiográfica en una pregunta sobre el sentido de la existencia.

Dostoievski es, sin duda, uno de los autores cuya influencia resulta visible en la obra de Osamu Dazai. En Humillados y ofendidos puede reconocerse el sentimiento de marginación social que padece Ōba Yōzō y, en Crimen y castigo, la experiencia de la culpa. Conviene recordar que Raskólnikov queda atormentado después de asesinar a Aliona Ivánovna y a su hermana Lizaveta, mientras que Ōba Yōzō sufre por la vergüenza de existir.

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Otras novelas que, aunque acaso Dazai no leyó, comparten el influjo de Dostoievski son Giovanni Episcopo, de Gabriele d’Annunzio, y Con los ojos cerrados, de Federigo Tozzi. Ambas presentan personajes débiles, pasivos y fracasados, víctimas de un mundo agresivo y patriarcal que atenta contra su dignidad. Todos ellos, incluido Ōba Yōzō, escenifican el drama de la imposibilidad de alcanzar una identidad auténtica y alimentan la narrativa existencial que habría de prosperar en el siglo XX, de la mano de Nietzsche y Kafka.

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