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El jueves 28 de mayo de 2026 se inauguró la exposición Estados de confinamiento: el arte relacional de Luis Manuel Otero Alcántara, en la Galería Metropolitana de la Universidad Autónoma Metropolitana, en la Ciudad de México. La muestra reúne algunos de los dibujos originales que el artista ha realizado desde la prisión en Cuba: piezas que han logrado atravesar, casi de forma clandestina, los límites del encierro y que se exhiben por primera vez en la capital mexicana.
Se presentan ocho dibujos pertenecientes a la serie Payasos, realizados en 2021 con grafito y pastel sobre papel. Obras frágiles y persistentes que parecen sostener, en cada trazo, la tensión entre el juego y la asfixia. Luis Manuel Otero Alcántara, encarcelado desde 2021 por el gobierno cubano, liberado hace unos días y ahora exiliado en Estados Unidos, se ha convertido en uno de los rostros más visibles de la persecución contra artistas y disidentes en la isla.
La exposición también reúne registros de diversas acciones realizadas por el artista en el espacio público: puestas en escena, performances y ensayos fotográficos que dan cuenta de una práctica artística atravesada por el riesgo, la ironía y la confrontación política. Entre ellas destaca Mil maneras de morir accidentado, una serie de diez fotografías en blanco y negro realizadas en colaboración con Ányelo Troya, donde Otero Alcántara imagina distintas formas en las que podría ser asesinado por órdenes del Estado cubano. Más que una provocación visual, la obra opera como una manera de anticipar el castigo, una puesta en escena del miedo como mecanismo cotidiano de control.
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En una pantalla se proyecta la documentación de performances realizados entre 2013 y 2021, misma que está acompañada de vestuarios y objetos utilizados en piezas emblemáticas como Miss Bienal (2015) y ¿Dónde está Mella? (2017). El archivo se convierte aquí en una forma de resistencia: no sólo conserva la memoria de las acciones, sino también la persistencia del cuerpo que las ejecutó.
La artista mexicana Fabiola Rayas Chávez presenta una intervención compuesta por 1,540 pequeños fragmentos de tela que, unidos, conforman un mapa de Cuba. Cada pieza contiene un deseo de libertad escrito por distintos participantes. La obra, titulada La isla de los deseos (2024), transforma el gesto íntimo del anhelo en una geografía colectiva, como si la esperanza pudiera bordarse sobre las fracturas de un territorio.
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Por su parte, Coco Fusco realizó un mural con los nombres de artistas encarcelados alrededor del mundo: Cuba, Irán, China y otros países donde el pensamiento crítico continúa siendo castigado. La pieza expande el caso cubano hacia una cartografía global de la censura y la persecución, recordándonos que el encarcelamiento de artistas no pertenece únicamente a un contexto específico, sino a una larga tradición de regímenes que temen a la imaginación y a formas diferentes de pensar.
Entre las obras más recientes destaca El podcast perdido de Aponte (2025), proyecto compuesto por audios, dibujos y un texto de Coco Fusco, en colaboración con artistas como Raychel Carrión, Sandra Ceballos, Celia Irina González, Hamlet Lavastida, Camila Lobón, Carlos Martiel y Nonardo Perea. La obra funciona como un archivo expandido de voces fragmentadas, una conversación interrumpida por la censura, pero aún capaz de resonar.
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También se exhibe la instalación Los héroes no pesan (2011), integrada por cuatro esculturas realizadas con metal y madera reciclada, tallada y quemada. Las piezas aluden a la capacidad de transformación que poseen los artistas cubanos: la posibilidad de convertir la precariedad en lenguaje, la ruina en símbolo y la supervivencia en forma estética.
La situación que atraviesa Cuba es profundamente compleja. Con el paso de los años, la Revolución Cubana ha mostrado signos evidentes de desgaste: las estructuras ideológicas y políticas que alguna vez sostuvieron su narrativa hoy parecen corroídas por la crisis económica, la represión y el desencanto social. La escasez de alimentos y energía convive con un aparato de vigilancia que sofoca cualquier forma de disidencia. En ese contexto, opinar distinto puede convertirse en una condena; hacerlo desde el arte implica, además, desafiar los mecanismos simbólicos del poder.
Cuando un artista –incluso uno autodidacta como Luis Manuel Otero Alcántara– decide señalar las fracturas del sistema, raspar el óxido de sus viejas bisagras y exhibir el deterioro de su maquinaria política, el Estado responde con violencia: reprime, silencia, encarcela, expulsa. Tal vez porque el arte posee una cualidad que los regímenes nunca logran controlar por completo: su capacidad de transformar el miedo en lenguaje compartido.
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Sin embargo, ningún sistema autoritario calcula del todo la potencia de las redes de solidaridad que emergen alrededor de los artistas perseguidos. El arte encuentra siempre formas de filtrarse, de sobrevivir, de reaparecer incluso en condiciones extremas. Otero Alcántara imaginó durante años su propia caída; la convirtió en obra antes de que ocurriera. Y, aun así, desde la prisión, produjo imágenes que atraviesan fronteras y desafían el encierro.
Estados de confinamiento es, en ese sentido, mucho más que una exposición: es una evidencia de que todavía existen voces imposibles de clausurar. La muestra permanecerá abierta hasta el 29 de julio de 2026 en la Galería Metropolitana, uno de los espacios expositivos de la Universidad Autónoma Metropolitana, ubicada en Medellín 28, Roma Norte, Ciudad de México. La entrada es libre.
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