La del terminó ayer, domingo 2 de agosto, con un concierto a cargo de 121 niños de la, a los que acompañaron 40 músicos profesionales —la mayoría, integrantes de — que interpretaron obras de compositores como Bizet, Sibelius, Beethoven, Moncayo y Márquez

En el escenario del del Parque Xcaret decenas de chicos, vestidos de verde o naranja, toman su lugar poco después del mediodía. Sosteniendo sus instrumentos —cuerdas, alientos y percusiones— voltean a ver a sus padres, quienes, desde las butacas gritan sus nombres y los saludan. Los primeros aplausos se oyen cuando la concertino entra.

, cabeza del festival, entra al escenario y abraza a la concertino. La orquesta que ella dirige arranca con la suite "Les toréadors", de Bizet. "Estamos muy contentos de celebrar. Han sido 10 días de conciertos, ballet, charlas y arte. Nos encanta terminar con la Sinfonía Familiar GNP", son las palabras con las que De la Parra da la bienvenida a los niños, al público y los artistas.

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Sigue "Finlandia", Op. 26, de Sibelius y, al terminar, Alondra pregunta, ¿qué aprende un niño en una orquesta? "Un niño que entra a una orquesta tiene que llegar con su instrumento listo y afinado, con sus partituras listas, y habiendo practicado y ensayado en casa. Tiene que guardar silencio durante el ensayo, contribuir al proyecto colectivo y escuchar mucho a los demás. Es un niño o una niña que ya sabe el respeto al tiempo de los demás, el respeto a sí mismo (...) Imagínense la cantidad de horas que se han invertido. Y este momento se lo lleva el viento y nos lo quedamos en nuestro corazón. Son niños que saben ya lo que es la generosidad, por eso creo que la práctica orquestal es parte fundamental de la educación humana, y debería ser un absoluto derecho para los niños mexicanos".

De la Parra añade que con el Festival PAAX GNP está cumpliendo sus sueños. Primero,, y al decirlo juega con una idea: si fueran futbolistas serían Ronaldo o Messi. El segundo: aportar con acciones concretas para que un día México esté lleno de niños y niñas en orquestas, capaces de entender el valor de la música. Sueño que cobra forma a través de Armonía Social, descrito como un programa de instrucción y práctica colectiva de música orquestal para niños, niñas y jóvenes de 6 a 16 años. De la Parra procede, después, a agradecer a los patrocinadores del festival.

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Alondra de la Parra, directora de orquesta mexicana, en el cierre del Festival Paax.
Foto: Ricardo Pérez/ GNP, cortesía
Alondra de la Parra, directora de orquesta mexicana, en el cierre del Festival Paax. Foto: Ricardo Pérez/ GNP, cortesía

La siguiente obra es la "Sinfonía de los juguetes", atribuida a Haydn, a la que sigue una especie de tríptico de piezas vocales mexicanas: "Duerme, pequeño mar", de Josu Elberdin, "Yenyeré Gumá", canción tradicional afrocubana, y "Los Xtoles", tradicional maya: "Cantar es muy importante. Nosotros también somos como los pájaros. Parte del programa de Armonía Social es que los niños no solo toquen su instrumento, sino que empiecen con la voz. Si puedes cantar, puedes tocar. Es casi imposible pensar en que puedes tocar el instrumento si no puedes cantar. Entonces, este año hemos incorporado mucho el canto".

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Palabras que anteceden al IV. Allegro, de la "Sinfonía núm. 5", de Beethoven: "Una obra que cambió el mundo, y que es sumamente difícil para una orquesta profesional". Los aplausos se escuchan al terminar. Los niños, una vez más, buscan a sus padres con la mirada. Durante un momento, Alondra sale del escenario y vuelve mientras siguen aplaudiendo. ¿Quieren otra?, pregunta. Sí, grita el otro coro, el de los espectadores, desde su lugar. Y empieza el "Danzón núm. 2", de Arturo Márquez, y la entrada de 12 parejas de bailarines, divididas en los dos extremos del escenario, que recrean una ceremonia de elegancia y cortejo. "Ahora sí, la última y nos vamos".

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Afirma que cuando ve a los niños frente a sus instrumentos también se ve a ella misma en el pasado y reconoce el progreso de algunas alumnas que empezaron hace una década, a los cinco años de edad, y hoy son adolescentes que lideran la orquesta.

El "Huapango", de Moncayo, cierra el programa. A la par, dos bailarinas sostienen un par de alas de tela, respectivamente, y dan vida al vuelo de la Mariposa Monarca. Los demás bailarines regresan a escena. Al final, cada grupo de instrumentos se levanta con las señales de Alondra para recibir el aplauso de los espectadores.

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