Borges no ha muerto, asegura la escritora chilena Diamela Eltit, quien afirma enfática que el autor de El Aleph y Ficciones “ocupa el lugar inmortal de los autores fundantes”. A 40 años de su fallecimiento, ocurrido el 14 de junio de 1986, en Ginebra, Suiza, a la edad de 86 años, el cuentista, poeta, ensayista y traductor Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 24 de agosto de 1899) es el más grande escritor hispanoamericano y un clásico absoluto, como lo apunta la narradora y periodista española, Rosa Montero: “Borges es uno de los padres de la literatura contemporánea del siglo XX y desde luego del siglo XXI. Como dicen los argentinos, ‘Borges cada día escribe mejor’”.
El escritor es de las figuras primordiales de la literatura universal. Su obra, han dicho los estudiosos, es una indagación intelectual y estética sobre asuntos como el pensamiento y la fábula, la erudición y el rigor metódico.
Borges es el autor de una obra que redefinió las fronteras entre la filosofía y la ficción. Su obra ha sido traducida a más de 25 idiomas y su impacto y universalidad lo han convertido en uno de los autores más leídos a nivel mundial. Es el escritor que más ha influido a diversas generaciones de escritores, como lo confirman a EL UNIVERSAL la chilena Diamela Eltit, la española Rosa Montero, los mexicanos Carmen Boullosa y Enrique Serna, y el peruano Santiago Roncagliolo, quienes dan cuenta del impacto que Borges tiene en su en obra narrativa y explican el porqué de su vigencia y posteridad.

Roncagliolo, autor de novelas como Abril rojo y El pastor y los lobos —nueva novela que saldrá en unos días—, asegura que Borges es su figura tutelar.
“Siempre he pensado que escribo 'thrillers morales', en los que el suspenso no reside en la identidad del asesino sino en la naturaleza del bien o el mal. Borges inventó eso: mezcló los géneros —el policial, el fantástico, el western gaucho e incluso esa especie de ciencia ficción que es El Aleph— con la exploración en el mundo de las ideas, creando artefactos que te fascinan tanto si buscas una historia entretenida como si aspiras a una experiencia más fuerte”.
Diamela Eltit, quien en 2021 recibió el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria y es autora de Los vigilantes, asegura: “Borges ha sido para mí una lectura constante, sorprendente siempre, me ha permitido pensar la relación entre historia y ficción”.
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Enrique Serna, autor de El seductor de la patria, dice que “por supuesto que Borges ya es un clásico no sólo de la literatura en lengua española, sino de las letras universales. Dentro de 500 años, si la humanidad sobrevive hasta entonces, seguirá siendo un autor imprescindible".
Borges, apasionado de las bibliotecas, fundó un mundo de palabras tan amplio y diverso que entrar en él es una compleja aventura, pues como han dicho quienes estudian y leen su obra, Borges es muchos Borges. Comenzó su carrera literaria en revistas y en 1923 publicó su primer libro Fervor de Buenos Aires. A este le siguieron cuentos y ensayos como Los conjurados, El jardín de senderos que se bifurcan, El libro de arena, El idioma de los argentinos entre otros.
Para la española Rosa Montero, autora de El peligro de estar cuerda, Borges no envejece “porque jamás escribió para ser leído por la inteligencia de aquella época, fue verdaderamente fiel a su necesidad más íntima de escritura, fiel a su visión y por eso no está manchada su obra por ninguna de las modas superficiales que manchan otras literaturas, que son las que se quedan viejas”.
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Carmen Boullosa, la autora de El libro de Eva, cuenta que leyó El Aleph en 1969, antes de la muerte de su mamá y provocó “que no se moviera ante la muerte ni ante el cambiazo colectivo, y el de mi persona. Lo he vuelto a leer cada vez que me mudo. Es un ancla. ¿Eso es influencia? No, es hueso, ancla”.
Roncagliolo asegura que Borges se convirtió en un autor inglés, porteño, islandés, sin dejar de ser él mismo. “Sus historias muestran cómo la literatura nos multiplica”. Fue la singularidad de su mente, lo que hizo que con su conocimiento enciclopédico creara un mundo propio “resbaladizo y poliédrico y lleno de espejismos y vertiginoso”, dice Montero. Esta singularidad también hizo que traspasara la frontera idiomática para “mantener un lugar canonizado por la cultura literaria”, comenta Eltit.
“Borges no ha muerto porque hasta ahora ocupa el lugar inmortal de los autores fundantes. Para que esto cambie tendríamos que pensar en la muerte de la literatura”, remata la escritora chilena.
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