El Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés) descartó que el nuevo entorno geopolítico con los casos de Venezuela, Irán y Groenlandia indiquen una recesión global sincronizada ni tampoco el colapso para los mercados.
En un análisis divulgado el miércoles titulado Del hielo al petróleo y la influencia: un mundo de beneficios geopolíticos desiguales, consideró que esos tres territorios ilustran un patrón común, pues Estados Unidos está dispuesto a actuar con decisión cuando los costos son limitados y los beneficios claros.
Estableció que cuando la intervención corre el riesgo de fracturar alianzas o generar efectos secundarios financieros globales, el cálculo se vuelve más complejo, pero no necesariamente diferente.

Enfatizó que esa distinción es importante para las perspectivas, porque sugiere una economía mundial no al borde de una recesión sincronizada, sino cada vez más condicionada por la revalorización geopolítica episódica.
A corto plazo, estimó que Europa se enfrenta a un mayor riesgo de confianza y a una combinación más compleja de políticas inflacionarias si persisten las tensiones en Groenlandia.
Dentro de ese contexto, comentó que los precios del petróleo se mantienen en el rango del escenario base, pero con una persistente tendencia de efecto de cola impulsada por la incertidumbre en Oriente Medio.
Para el instituto, que agrupa a las principales entidades financieras del mundo, con el tiempo, tasas reales mayores y una creciente dispersión entre activos será más plausible a medida que el capital se reasignara en respuesta a las perturbaciones geopolíticas.
Así, concluye que el mensaje para los mercados no es el colapso, sino la persistencia. Por ahora, indicó, la geopolítica ya no es una superposición ocasional, y ya es un insumo estructural para el crecimiento, la inflación y los precios de los activos, aseguró. Eso quizá afectará el nivel de riesgo global, estimó, pero sin duda determina la desigualdad en su distribución.
Sobre Groenlandia, el reporte del IIF señaló que marca un cambio de la negociación arancelaria a la coerción geopolítica, convirtiendo una disputa territorial en una prueba de alianza más amplia con consecuencias para el mercado.
La base de Europa sigue siendo la desescalada, pero la probabilidad de una represalia calibrada es mayor porque la presión es explícitamente política, advirtió.
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