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Es viernes por la tarde y en el Teatro San Jerónimo Independencia todavía no se ve movimiento, la explanada frente al recinto y el lobby están vacíos, sólo el personal de taquilla son los únicos que se dejan ver, pero en camerinos ya se encuentra Gabriela Spanic preparándose para dar la primer función de Un Picasso.

“Soy muy exigente conmigo misma”, dice. Como toda actriz disciplinada, Gaby todas las semanas vuelve a leer el libreto de Un Picasso antes de que el telón se levante por primera vez ese día

Lleva ya dos meses en esta puesta en escena, donde da vida a Miss Fischer, una agente nazi experta en arte, cuya misión es autenticar tres obras de Pablo Picasso —interpretado por Ignacio López Tarso— para destruirlas, ya que son consideradas como una ofensa para el Führer. Durante el diálogo que mantiene con el pintor varios secretos son revelados.

“Estoy muy contenta con el señor López Tarso, con él sólo tuve dos ensayos antes de salir al estreno pero hemos hecho una mancuerna increíble, me ha apoyado muchísimo. Trabajar con él es un honor para cualquier artista, es un señor de señores”, expresa la actriz.

Aunque ella tiene un método de trabajo sabe escuchar consejos, como los que Ignacio López Tarso le da para aguantar tres días de dobles funciones, porque no cualquiera llega a los 91 años y hace eso casi sin despeinarse, como él.

“Me dijo que durmiera hasta tarde, que descansara para tener energía en la noche, entonces trato de dormir mucho viernes, sábado y domingo”, explicó la ex reina de belleza.

Para no estresarse, Spanic llega dos horas antes de la función, lo primero que hace es algo muy espiritual, prende algunas velas, que pone bajo un crucifijo que hay en su camerino, hace oración y repasa su libreto.

Después viene lo físico: la peinan, le maquillan la espalda, ella misma se maquilla el rostro con un estilo muy de los años 40, vocaliza entre 15 y 20 minutos, y antes de salir a escena…

“Me voy al escenario, envío buenas vibras a la gente y me bendigo, ese es mi ritual”, comparte Gaby.

Como ya lo había comentado en alguna ocasión, esta obra escrita por Jeffrey Hatcher, tiene mucha conexión con ella, porque sus abuelos, de origen polaco, llegaron huyendo de la guerra a Venezuela, pero ésta dejó una onda huella en ellos.

“Cuando tengo un monólogo largo arriba de la mesa, me acuerdo de mi abuela que siempre decía: ‘maldita guerra’, es muy duro, pero me emocionan mucho esos parlamentos porque me acuerdo de ellos, ella tenía una cicatriz de una bala que le rozó la frente y él tenía una pierna de palo, porque la perdió con una bomba en la Segunda Guerra Mundial”.

Gaby confiesa que su hijo Gabriel, de ocho años, todavía no sabe nada de esta parte de su historia, porque considera que aún es muy pequeño para comprenderla, pero en un futuro no muy lejano se la contará. Lo que sí ha hecho es llevarlo al teatro para que la vea en esta obra, y aseguró, se la paso muy bien.

“Le encantó la obra, pero semanas antes lo había llevado a ver El Rey León, y me dijo: ‘mamá la obra está muy interesante ¿pero por qué no cambia el escenario de set?’, luego expresó que quería conocer a Picasso y lo llevaron, el señor López Tarso encantado y él sudando de nervios”.

Para ella fue todo un reto aceptar este proyecto, no sólo porque debía aprenderse todo en 15 días, sino porque era la primera vez que pisaría las tablas. “Estoy fascinada, yo no había hecho teatro en México, y mucho menos este que es tan cultural”.

Spanic comenta que ya tienen 11 ciudades de la República cerradas para gira, además de varios países como Chile, Paraguay, Ecuador, Estados Unidos, Guatemala y Costa Rica, que visitarán hasta que finalicen la temporada en la Ciudad de México a finales de octubre, eso sí, espera antes presentar su libro de cocina, Mi vida entre recetas, que será el primero de 10 que escriba.

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