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cantera@eluniversal.com.mx
La presentación de Jordan Belfort en la Ciudad de México generó demasiadas expectativas. La película de Martin Scorsese protagonizada por Leonardo DiCaprio fue un éxito, y era la referencia más cercana que tenían los asistentes… una referencia un poco alejada de la realidad.
El seminario de ventas de cinco horas prometía la revelación de varios secretos, estrategias y capacitación para vendedores.
Desde las 9 de la mañana comenzaron a llegar miles de asistentes, en su mayoría personas dedicadas a ventas y marketing, estudiantes, promotores de inversiones en la Bolsa y dueños de su propio negocio. Pero también había personas originarias de Corea, China, Italia, Brasil, Colombia, Perú, Panamá, Rusia, Ucrania y Egipto.
Después de una hora de retraso por fallas en la asignación de gafetes, el Lobo de Wall Street salió al escenario.
Pero Belfort es muy bajito, no tiene el tono de voz juvenil y entusiasta de DiCaprio, que él mismo asegura se debe tener para ser un buen vendedor. Grita para tratar de emocionar a los asistentes, pero no termina de conectar con ellos.
Su presentación no es nada impactante, garabatea en un block enorme de hojas blancas donde a los asistentes les cuesta trabajo entender lo que escribe, y cuando baja del escenario, simplemente desaparece, no se ve.
La primera parte de su presentación se centró en pensamientos positivos, tener seguridad en las palabras y el exhorto a ser personas de acción. Así de fácil.
Los boletos costaron desde 640 hasta 2 mil 400 pesos para escuchar al gran lobo, pero lo que más se oyó fue una serie de presentaciones de las compañías que invierten en Bolsa, en el mercado Forex, en las criptomonedas como el Bitcoin y en cómo internet ha cambiado la vida de las personas.
El retraso al inicio dejó a los asistentes con sólo 45 minutos para comer, así que hubo largas filas en las tres pequeñas cafeterías del Centro CitiBanamex. Pero la expectativa del gran cierre de Belfort prometía que quedarse con hambre valdría la pena.
No fue así. Belfort prometió regresar a las 3:45 pm, y después de una hora no aparecía. Los asistentes comenzaron a silbar, algunos se retiraron, y cuando finalmente volvió al escenario para explicar la importancia del tono de voz con una escena memorable de la cinta de Scorsese, el video no funcionó.
Primero no se escuchaba, después el audio estaba desfasado con la imagen y Belfort tuvo que bajar del escenario para explicarle personalmente a quienes estaban controlando el video cómo hacerlo.
Al final, logró explicar la escena y concluyó con un público que ya estaba más desesperado por la lluvia y el tráfico, que por seguir escuchando.
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