16 | OCT | 2019
La Diabólica y Tiffany, cómplices de vida que defienden su pasión por la Lucha Libre
Especial

La Diabólica y Tiffany, cómplices de vida que defienden su pasión por la Lucha Libre

10/05/2019
19:16
Gabriel Cruz
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La Diabólica y Tiffany comparten la sangre y el gusto por los costalazos; son madres y guerreras que defienden su pasión por la lucha libre

Hace tiempo que la vida las reunió para no separarlas jamás. Su primer vínculo fue el de madre e hija, pero la lucha libre las reclutó tiempo después como parte de sus súbditas. Hoy caminan juntas; una, Tiffany, rompiendo esquemas sobre el ring; la otra, la Diabólica, su inspiración, mirándola desde las gradas como testigo de sus hazañas.

Aliada a su madre, Tiffany luce segura, como la niña que la acompañó muchas tardes de lucha libre a la Arena Coliseo de Monterrey. Ahora son una mancuerna inseparable, cómplices que se cuidan y acompañan tomadas de la mano. “Como mujer y mamá sacrificas muchas cosas. Cuando tuve a mi hijo me cambió el panorama. Lo deseaba pero la lucha libre era mi vida, pensaba que si me ausentaba la gente se iba a olvidar de mi, fui egoísta”.

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La madurez la aterrizó tiempo después y entonces, emprendió la aventura de la maternidad. Aunque solo se alejó ocho meses de los encordados, le faltaba algo a sus días. “No era fácil. Viajaba mucho y dejaba a mi pequeño. Ahora, a sus once años me reclama que nunca estoy, que me quiere más tiempo en casa. Igual que yo a su edad, con mi madre”.

Xochitl no entendía tampoco por qué su madre y padre se ausentaban, sabía que luchaban pero no aceptaba tenerlos lejos. Aunque en cada cita con el pancracio se enamoró un poco más de ese mundo mágico, del que intentaron alejarla. “Me dejaron de llevar porque se dieron cuenta de que me gustaba mucho. Tampoco apoyo el deseo de mi hijo de ser luchador, prefiero que haga una carrera porque es muy difícil, te lastimas y no cuentas con nadie”.

Tras su máscara, su madre la escucha y dibuja una leve sonrisa, ahora se entienden mejor. “Cuando la tuve era más complicado entrenar, llegar y hacer comida, las labores de la casa. Pero como sea, salimos adelante”.

En los cuadriláteros, su hija es una ruda consolidada; en casa, una mamá exigente. “Son cosas distintas pero las dos son muy duras. En la lucha libre debes estar entrenando para mantenerte vigente. En casa, tu hijo depende de ti, tampoco puedes descuidarlo, además de llevar el hogar y cuidar a mi mamá. Pero es bonito y no me arrepiento de ser luchadora”.

Más, al saber que convenció a la ruda que le dio la vida y que la zarandeó en más de una ocasión sobre el ring. “Le decía que le echara ganas y si le gustaba lo hiciera bien para llegar lejos. Me da orgullo verla como campeona, que no se quedó atrasada”.

HACEN EQUIPO

Cuando Tiffany dejó su tierra en busca del sueño de ser estrella en la lucha libre, lo hizo con una advertencia clara de su padre. “Tenía que ser la mejor o hacer otra cosa. Además me pidió cuidar siempre a mi madre. A mi no me gustaba que me dijera porque yo quería que estuvieran los dos conmigo, por mucho tiempo”.

No fue así. Por lo que la Diabólica también abandonó tierra regia para reunirse con su pequeña, una luchadora digna ya de pisar los enlonados. “Desde hace once años vive conmigo y es mejor para ambas, nos apoyamos y en cierta forma nos cuidamos. Cuando tienes una madre, lo tienes todo. A ellas, les basta una palabra de apoyo, un abrazo, la compañía”.

Este viernes las dos serán las festejadas, y así, juntas, como desde hace muchos años, lo celebrarán con un desayuno, mano a mano, “no sé qué haría con ella. A veces soy muy enojona y aprehensiva, pero ella aguanta todo, es una mamá muy buena, mi apoyo y sostén en la vida”.

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