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alejandro.orellana@clabsa.com.mx
La gente brincaba, se abrazaba y reía; algunos gritaban y otros lloraban; la mayor parte de los diez mil asistentes a la Alberca Olímpica Francisco Márquez, había enloquecido de alegría luego de haber visto a Felipe Muñoz llegar vencedor a la meta en los 200 metros pecho, decepcionando a sus poderosos enemigos.
La euforia comenzó minutos antes, cuando el nombre del Tibio fue anunciado en la presentación de los finalistas.
Al llegar al primer tramo de 50 metros, el primero que había tocado fue el soviético Vladimir Kosinsky, poseedor de la marca mundial, y que había prometido, días antes, vencer a los estadounidenses y regresar a su país con la medalla de oro. Después de él, Muñoz y el estadounidense Brian Job en segundo y tercer lugar respectivamente. Los tres nadadores emplearon 21 brazadas para cubrir el primer tramo.
Antes de finalizar los primeros 100 metros, el alemán Egon Heninger, que se encontraba en el carril número ocho, cerró muy fuerte. Llegó a ese tramo en segundo lugar, luego de Kosinsky que se mantenía a la cabeza, sólido. Muñoz llegó en tercero.
A los 125 metros, el Tibio se encontraba en la cuarta posición. Lo adelantaban el soviético, el alemán y el estadounidense.
Muchos pensaron que el nadador tricolor se había derrumbado, por lo que aumentó la tensión entre los asistentes.
De regreso comenzó la presión de Muñoz y el público a enloquecer. El joven vino de atrás poco a poco y recuperó terreno.
Primero alcanzó a Egon Henninger, que ya estaba dando lo último después de su esfuerzo soberbio, y lo pasó.
Muñoz, sin importarle la distancia y empeñado solamente en vencer, dio alcance a Job y lo dejó atrás. Todavía le faltaba Kosinsky, y la piscina estaba terminando.
Al llegar a los 175 metros, un rugido de magnitud anunció que Felipe Muñoz había dado alcance al puntero.
Durante cinco metros, Muñoz y Kosinsky nadaron juntos, después el soviético comenzó a ceder terreno y Felipe se fue al frente.

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