En 2005 el Grupo Richemont estrenó una planta, un tanto secreta, en ValFleurier para dotar de almas legítimas a sus firmas menos autosuficientes. Máquinas de control numérico que ensamblaban calibres con el sello “de manufactura”, incluso complicados, en serie. Un sueño con lo mejor de los dos mundos. Fue ahí cuando se planteó la idea de pensar un movimiento básico ultraeficiente de bajo costo aprovechando las mejoras que el siglo XXI empezaba a traer a la relojería. Esa idea, masticada largo tiempo, se ha estrenado finalmente con un nombre pensado para trascender, Baumatic. El reloj causó tal impacto en enero en su estreno en el SIHH, que desde el minuto uno nadie se acuerda de que es un Clifton. ¿Mejor prueba de que ha nacido una estrella?

¿El reloj del año?
¿El reloj del año?

Baume & Mercier, relegada a jugar en las categorías modestas del grupo, de nuevo ha resultado afortunada con éste, su primer calibre de manufactura. En un momento en el que las marcas mortales se esmeran en crear argumentos para seducir a una nueva generación de fans smartófilos y donde el precio y la estética de fácil digestión vuelven a tener sentido, el Baumatic parece haber dado en la diana de los propósitos. En él todo ha sido premeditado con el criterio tranquilo de la perfección.

¿El reloj del año?
¿El reloj del año?

En su interior, el nuevo calibre BM12-1975A plantea mejoras esenciales como el antimagnetismo a 1500 gauss para un mundo hiperconectado a las perturbaciones eléctricas, una autonomía de carga de hasta cinco días (es una lata poner cada lunes el reloj en hora, ¿no creen?), precisión cronométrica COSC (¡siempre fue la precisión, hombre!) y sin necesidad de llevarlo a servicio en cinco años. Por fuera, bastan tres argumentos globales: el nuevo mantra de la talla 40 mm, una caja redonda clásica de acero y una zona de lectura a prueba de diseñadores con demasiada imaginación donde las horas son horas, los minutos, minutos, las manecillas lancette y el fondo blanco y negro, ligeramente porcelanoso por aquello del guiño retro a la actualidad. ¿Algo que cuestionar?

¿El reloj del año?
¿El reloj del año?

¿Será una premonición que en el año donde las cifras han retornado al camino del crecimiento haya que volver a explicar nombres grandilocuentes como Powerscape o Twinspir patentados por Baume & Mercier que recuerdan a los Parachrom o Chronergy de Rolex y a los Silinvar o Spiromax de Patek Philippe que han sentado precedentes? El primero es un escape de alto rendimiento donde la espiral, el áncora y la rueda de escape son de silicio con perfiles mejorados para la fricción, el antimagnetismo y la transmisión de la energía. Y el segundo, se refiere a una espiral de balance inédito de sección cuadrada con doble núcleo ajustado a 45 grados que además de ser inmune a los campos magnéticos, reduce su sensibilidad a los impactos y a las vibraciones en relación a las espirales ferromagnéticas habituales. Vibra a 28,800 alt/h.

¿El reloj del año?
¿El reloj del año?

En la presentación, la firma se cuestionaba a sí misma por qué este nuevo espécimen. La respuesta es ¿por qué no? Ya ven, en tiempos de dudas, respuestas simples. Y por si alguien no lo entiende, hay un último argumento universal: 2,790 dólares.

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