La actual situación climatológica en México, caracterizada por sistemas de alta presión y olas de calor persistentes, genera una alerta sanitaria para los ciudadanos que padecen enfermedades crónicas.
La relación entre el calor extremo y la salud del corazón no es solo una cuestión de comodidad térmica, sino un fenómeno fisiológico complejo.

De acuerdo con investigaciones de la World Heart Federation (WHF), el sistema cardiovascular es el principal mecanismo de termorregulación del cuerpo humano; cuando las temperaturas ascienden, el corazón debe trabajar con mayor intensidad para bombear sangre hacia la superficie de la piel y disipar el calor a través del sudor.
Mecanismos de riesgo: ¿Cómo afecta el calor al paciente hipertenso?
La exposición prolongada a altas temperaturas provoca un proceso de vasodilatación periférica que, en condiciones normales, ayuda a enfriar el organismo. Sin embargo, para una persona con hipertensión, este proceso conlleva riesgos específicos.
Según la American Heart Association (AHA), el calor excesivo y la pérdida de líquidos a través de la transpiración reducen el volumen sanguíneo, lo que puede derivar en una deshidratación severa. Esta condición no solo altera la presión arterial, sino que también aumenta la viscosidad de la sangre, elevando la probabilidad de eventos trombóticos.
La (Sociedad Española de Cardiología) señala que las temperaturas extremas pueden causar una caída brusca de la tensión arterial (lo que se conoce como hipotensión por calor), provocando mareos o síncopes en pacientes que ya consumen medicamentos antihipertensivos. "La razón por la que las altas temperaturas son un riesgo para el corazón" radica en que el cuerpo se ve forzado a realizar una redistribución del flujo sanguíneo, restando irrigación a órganos internos para priorizar la refrigeración cutánea, lo que somete al músculo cardiaco a un estrés metabólico constante.

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Recomendaciones técnicas y medidas de prevención institucional
Para mitigar los efectos del estrés térmico, es fundamental seguir protocolos de autocuidado validados por organismos de salud global.
De acuerdo con la World Health Organization (WHO), la prevención no se limita a la hidratación constante, sino a la gestión del entorno y la actividad física. Los pacientes deben evitar la exposición directa al sol en las horas de mayor radiación y mantener sus espacios ventilados.
Es vital entender que los fármacos diuréticos (comúnmente prescritos para la hipertensión) pueden exacerbar la pérdida de electrolitos durante una ola de calor, por lo que la supervisión médica es indispensable.
Informes de la European Society of Cardiology (ESC) sugieren que el monitoreo de la presión arterial debe ser más frecuente durante los meses de verano o periodos de domo de calor.
La atribución de estas complicaciones a factores ambientales es cada vez más común en la medicina moderna; por ello, la educación del paciente sobre los síntomas de agotamiento por calor (como pulso rápido, piel fría o calambres) es la primera línea de defensa. La estabilidad del corazón depende, en gran medida, de la capacidad del paciente para adaptar su tratamiento y hábitos a las exigencias del clima actual.
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