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México enfrenta una disyuntiva energética, seguir importando gas barato desde Estados Unidos o invertir miles de millones de dólares para desarrollar producción nacional y reducir sus importaciones. El debate volvió a cobrar fuerza en agosto, después de que un comité de científicos convocado por el gobierno federal recomendó seguir evaluando la viabilidad del fracking en el país.
La presidenta Claudia Sheinbaum aclaró que todavía no existe una decisión definitiva sobre avanzar con la técnica. También señaló que los contratos de importación de gas desde Estados Unidos están garantizados, aunque el objetivo es evitar que la dependencia siga creciendo.
Por costo y en el corto plazo, los especialistas consultados coinciden en que importar sigue siendo más conveniente. “En términos estrictamente económicos, hoy resulta más barato para México seguir importando gas natural por ducto desde Estados Unidos que producir gas no convencional local mediante fractura hidráulica”, explicó Ramsés Pech, asesor de energía, economía y proyectos.

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Adrián Duhalt, investigador no residente del Centro Texas-México, coincide. “En el corto plazo, sí es más conveniente importar gas desde Estados Unidos, ya que esto implica una ventaja económica importante. Sin embargo, importar mayores volúmenes no es necesariamente la mejor apuesta en el largo plazo”, señaló.
¿Por qué es más barato importar gas de Estados Unidos?
México está conectado por ductos con Texas, principal estado productor de gas natural de Estados Unidos. Además, ese país cuenta con infraestructura y una industria desarrollada durante décadas, lo que permite que el combustible llegue a México a precios difíciles de igualar.
La Administración de Información Energética de Estados Unidos proyectó en agosto que los precios del gas estadounidense se mantendrían bajos durante el tercer trimestre de 2026. En ese periodo, la referencia Henry Hub rondaría los 2.9 dólares, mientras que el índice Waha de la cuenca Pérmica de Texas se mantendría cerca de los 2 dólares.
En contraste, los indicadores TTF de Europa y JKM de Asia estarían alrededor de 18.5 y 21 dólares, respectivamente. En comparación, Pech estima que producir gas no convencional en cuencas como Burgos y Sabinas-Burro-Picachos, zonas donde el gobierno federal evalúa desarrollar el fracking, calcula, podría elevar el costo a entre 6 y 8 dólares.
La brecha, señala, responde a la experiencia del país del norte. “Estados Unidos ya amortizó infraestructura, tiene cadenas de suministro maduras y perfora con alta eficiencia; México partiría de una curva de aprendizaje más cara”, explicó.
El precio de producir gas en México
Pech calcula que sustituir unos 2,000 millones de pies cúbicos diarios de gas importado podría requerir una inversión acumulada de entre US$15,000 millones y US$30,000 millones.
Según su estimación, alcanzar una producción de esa magnitud podría requerir entre siete y diez años, primero con proyectos piloto y después con una expansión gradual. Para Pech, un desarrollo de esa escala también necesitaría reglas claras y certidumbre para las inversiones, además de permisos, infraestructura y soluciones para el uso de agua.
El peso del gas estadounidense en el consumo nacional
Aunque el precio representa una ventaja, también existe una contraparte. En 2024, datos del gobierno mexicano detallaron que el país cubrió alrededor de 70% de su consumo de gas natural con importaciones, principalmente desde Estados Unidos.
Para Duhalt, eso obliga a mirar más allá. “El precio es una métrica que nos permite entender qué opción es más competitiva, pero como un país cuyo suministro está altamente concentrado, México debe construir alternativas”, explicó.

Estados Unidos ha sido un proveedor competitivo y confiable, reconoce el especialista. Sin embargo, México depende de que ese combustible continúe disponible y a precios bajos. “La estrategia energética de México, al menos en materia de gas natural, no debería depender de que un solo proveedor sea siempre abundante, barato y disponible”, señaló.
Para Pech, una mayor producción nacional podría aportar respaldo ante aumentos de precios, restricciones en los ductos o interrupciones del suministro. El especialista la define como un “seguro energético parcial”.
Importaciones y producción nacional, el escenario más viable
Ambos expertos consideran más alcanzable que México mantenga las importaciones durante muchos años y, al mismo tiempo, desarrolle una mayor producción nacional donde resulte económica y ambientalmente viable. “El escenario realista es mantener ambas fuentes durante muchos años”, explicó Pech.
Duhalt plantea una estrategia que combine producción mexicana, importaciones desde Estados Unidos, almacenamiento y una mayor participación de otras fuentes de energía.
Para Pech, el objetivo tampoco debería ser eliminar por completo las compras a Estados Unidos. “La meta razonable no sería ‘cero importaciones’, sino bajar la vulnerabilidad”, cerró.
Por ahora, la ventaja económica sigue inclinando la balanza hacia las importaciones desde Estados Unidos. Sin embargo, el debate reabierto sobre el fracking refleja una preocupación creciente por la seguridad energética del país al diversificar sus fuentes de abasto y construir alternativas que fortalezcan el suministro en el largo plazo.
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