La delegación mexicana ya fue abanderada rumbo a los Juegos Centroamericanos y del Caribe, pero la conversación previa al viaje no ha girado en torno a las posibilidades deportivas, sino a los estímulos económicos que recibirán los atletas.
Algunos consideran que los nuevos montos son insuficientes, pero el debate debería ir mucho más allá del dinero.
El deporte de alto rendimiento necesita incentivos, nadie lo discute. Quien dedica su vida a entrenar, merece reconocimiento y apoyo; sin embargo, esos estímulos deben responder a reglas claras, transparentes y —sobre todo— al verdadero valor de cada logro deportivo.
Durante años, se cometió un error que hoy pasa factura: Se entregaron recursos públicos sin parámetros bien definidos, con montos que —en muchos casos— terminaron respondiendo más a decisiones políticas que a criterios deportivos; incluso, se repartía dinero a personas que no eran ni atletas.
Se llegó al extremo de generar expectativas completamente alejadas de la realidad, confundiendo la obligación del Estado de apoyar a sus atletas con la entrega indiscriminada de dinero.
Corregir esa distorsión nunca iba a ser una tarea sencilla. Quien estaba acostumbrado a recibir cantidades extraordinarias, inevitablemente resentirá un nuevo modelo, basado en reglas y no en discrecionalidad, pero eso no significa que el cambio sea incorrecto.
También se debe entender que no todas las medallas representan el mismo nivel de dificultad.
Un oro en Juegos Centroamericanos y del Caribe tiene un enorme mérito y merece reconocimiento, pero no puede recibir el mismo estímulo que una medalla panamericana, y mucho menos que una olímpica.
Cada competencia reúne un nivel distinto de exigencia, preparación y rivalidad internacional. Pretender que todas tengan el mismo valor, sería injusto para quienes alcanzan la máxima expresión del deporte mundial.
Eso sí, el ajuste económico debería venir acompañado de un compromiso absoluto con los deportistas. Si el Estado exige resultados, también tiene la obligación de ofrecer las mejores condiciones para conseguirlos.
En República Dominicana, la delegación mexicana debe contar con instalaciones adecuadas, transporte eficiente, atención médica, alimentación, seguridad y toda la logística necesaria para competir sin preocupaciones.
El éxito deportivo no depende únicamente del talento, ya que también es consecuencia de una planeación responsable.
Los estímulos económicos deben existir, pero con reglas claras; el apoyo debe mantenerse, pero con criterios justos.
Porque el verdadero objetivo nunca debe ser repartir más dinero, sino construir un sistema que premie el mérito, respete el esfuerzo y fortalezca al deporte mexicano a largo plazo.
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