La detención de Ernesto Ruffo Appel le permitió al gobierno fabricar el relato que necesitaba, presentarlo como jefe de la “mayor red de huachicol fiscal de la historia”, convertir la acusación en propaganda y desplazar los escándalos de Marina del Pilar Ávila, Rocha Moya y los numerosos políticos de Morena señalados por nexos criminales. Más allá de la evidente construcción de una cortina de humo y de la clara persecución política, hay una pregunta que Palacio evita: ¿cómo entran cientos de millones de litros sin la complicidad del personal de Aduanas?
La FGR sostiene que la red vinculada con la empresa Ingemar declaraba ferrotanques con 10 mil litros cuando, en realidad, transportaban más de 100 mil. Esos trenes cruzaron la frontera y fueron autorizados por funcionarios públicos del gobierno de Claudia Sheinbaum. Sin embargo, no hay un solo funcionario detenido por este caso.
Las redes criminales de huachicol fiscal operan a sus anchas desde el sexenio pasado, sin que haya un solo funcionario de alto perfil o político de Morena señalado, procesado o siquiera bajo investigación. Quizá los responsables de Aduanas de la llamada Cuarta Transformación, tengan algo que explicar.
El primer administrador general de Aduanas durante el gobierno de López Obrador fue Ricardo Peralta, quien colocó al frente de la Aduana de Reynosa a Julio Carmona, hermano de Sergio Carmona, el Rey del Huachicol, asesinado en 2021. Bajo la dirección de Peralta, la mafia Carmona obtuvo una posición estratégica. Porfirio Muñoz Ledo acusó a Peralta de financiar con recursos del crimen organizado la campaña de Mario Delgado por la dirigencia de Morena. Además, distintos integrantes de ese partido dieron cuenta del uso de recursos provenientes del huachicol fiscal en campañas morenistas.
Lo sustituyó el priista veracruzano Ricardo Ahued. No existen señalamientos sólidos que lo vinculen personalmente con una red criminal, pero su salida confirmó la magnitud del problema. López Obrador describió Aduanas como un monstruo de cien cabezas y Ahued reconoció que no había condiciones para limpiarla. La solución del expresidente fue entregar las aduanas a las fuerzas armadas.
Luego llegó Horacio Duarte, operador electoral de López Obrador y actual secretario de Gobierno del Estado de México. Con él comenzó la militarización. Su brazo derecho, Juan Carlos Madero Larios, fue señalado en documentos del Ejército por recibir sobornos y participar en el contrabando de hidrocarburos en Baja California y Sonora. La SEDENA recomendó removerlo, pero Duarte lo mantuvo. Mientras tanto, las importaciones sospechosas se dispararon. Solo en Matamoros pasaron de niveles marginales a decenas de millones de litros. La militarización no cerró la llave, la abrió.
En diciembre de 2022 llegó Rafael Marín Mollinedo, primo de Nico, el histórico chofer de López Obrador. Seis meses después fue enviado a la Organización Mundial del Comercio y lo sustituyó André Foullon, general retirado. Durante su gestión se consolidó la red de los hermanos Manuel Roberto y Fernando Farías Laguna, sobrinos del almirante Rafael Ojeda, secretario de Marina durante el sexenio pasado. Las investigaciones les atribuyen al menos 69 embarques y más de 564 millones de litros introducidos como supuestos aditivos, mediante empresas fantasma, documentos falsos y corrupción del personal de Aduanas.
El contralmirante Fernando Guerrero Alcántar denunció esa red ante Ojeda en junio de 2024 y fue asesinado cinco meses después. Además, trascendió en diversos medios que Ángel Arnoldo Ramírez Salinas, heredero de la estructura Carmona, tenía acceso a Foullon a través de su hija Diana. No existe una imputación pública contra ella, pero tampoco una explicación seria sobre el señalamiento.
Foullon salió en febrero de 2025 y Sheinbaum regresó a Marín Mollinedo. Semanas después fue asegurado en Tampico el buque Challenge Procyon. El gobierno anunció el decomiso de 10 millones de litros de combustible ilegal, aunque documentos oficiales indicaron que el cargamento superaba los 20 millones. Nadie explicó la diferencia. El director financiero del puerto era Francisco Javier Antonio Martínez, antiguo funcionario de Aduanas durante la gestión de Duarte, quien amasó una fortuna imposible de explicar y, mientras ocupaba un cargo público, también era socio de Intanza, la empresa que introdujo el cargamento de huachicol. Fue detenido meses después.
En ese mismo periodo apareció Alex Tonatiuh Márquez, Lord Relojes, nombrado por Marín Mollinedo como director de Investigación Aduanera. Se le descubrió una ostentosa colección de relojes valuada en casi ocho millones de pesos y un penthouse de tres pisos en Polanco, sin que pudiera comprobar su origen. Lo cesaron, pero no lo procesaron.
En las narices de Marín Mollinedo entraron al país los 129 ferrotanques encontrados en Coahuila por el caso Ingemar y Ruffo. Dejó el cargo en marzo de 2026 para buscar la candidatura de Morena al gobierno de Quintana Roo, estado donde acumula señalamientos por la adquisición de departamentos de lujo y por riqueza inexplicable.
En marzo de 2025, las autoridades encontraron casi ocho millones de litros de diésel, cien contenedores, tractocamiones y motobombas en un predio de Ensenada propiedad de Gerardo Novelo, exsenador de Morena. Novelo tramitó un amparo y sigue libre, sin vinculación a proceso. A Ruffo, accionista de una agencia aduanal que ni siquiera era propietaria del combustible asegurado, lo enviaron al Altiplano. La justicia del obradorismo no utiliza la misma vara, primero mira el partido y después el expediente.
Ruffo puede ser culpable o inocente. Lo que es un hecho es que, en ambos casos, el régimen utiliza políticamente su proceso. Si es culpable, lo usa para eclipsar los escándalos de políticos de Morena por sus vínculos criminales. Si es inocente, además lo convierte en preso político. La cloaca de Aduanas no fue una desviación del sistema, fue el sistema. López Obrador prometió barrer la corrupción de arriba hacia abajo, pero en Aduanas hizo exactamente lo contrario: protegió a los de arriba y dejó operar a los de abajo. Y no es ceguera, es complicidad.

