Yucatán acumula años siendo el estado más seguro del país, lo que le ha permitido crecer por encima de la media nacional, con un boom económico inmobiliario, logístico, de industria ligera y turismo. La entidad es un polo de atracción para la inversión nacional e internacional. Con esos datos uno pensaría que el estado ha construido una sociedad más justa y equilibrada, nada más lejos de la realidad.
En números absolutos, es decir, contando a las personas que sufren algún tipo de pobreza, las carencias en Yucatán se han incrementado en los últimos años. Eso habla de un estado que camina por el rumbo eficiente (no el correcto) en términos económicos, pero que ha sido incapaz de construir un verdadero blindaje social. El modelo yucateco crea riqueza, es cierto, pero no la reparte (ni comparte) con espíritu humanista o socialmente sustentable.
El viejo régimen y su modelo neoliberal, el que perdió el poder en el 2018, colapsó porque si bien las estadísticas macroeconómicas eran buenas, la ciudadanía no sentía que esos beneficios le llegaran con verdadera justicia. Yucatán está exactamente en la misma encrucijada: un estado que incrementa su riqueza, pero que día con día se hace más injusto y desigual.

La paz social y la armonía comunitaria se construyen sobre la base de dar a todos una verdadera oportunidad de construirse un destino y obtener un patrimonio; en Yucatán esa es una asignatura pendiente. El crecimiento sin consideraciones ambientales, culturales y de equidad incrementa los contrastes sociales. Los que trabajan para que sea posible que empresarios e inversionistas obtengan ganancias, están viendo que no se les toma en cuenta y eso erosiona el tejido social. Recordemos que no hay desarrollo duradero, ni aquí ni en Suecia o Dinamarca, sin compartir la prosperidad.
A nivel nacional, se ha impulsado, como nunca, la construcción de un México más solidario, remando contra la inseguridad y una economía que solo estaba bien en el papel. En Yucatán, en cambio, tenemos una oportunidad de oro para construir una sociedad más igualitaria, una verdadera social democracia en el Sureste, a partir de una economía fuerte y un estado todavía firme contra el crimen organizado.
La transformación que la mayoría de los electores quiere para México, tiene en Yucatán la mejor plataforma para dar una muestra de lo que se puede lograr a nivel local con verdadero compromiso social demócrata (que es la base del modelo escandinavo en el sentido estructural: distribución humanista de la riqueza y las oportunidades, sumadas a una democracia real que consulta al pueblo).
En los próximos meses, Yucatán deberá decidir si continúa por la ruta de un cuasi-neoliberalismo salvaje que no respeta el medio ambiente, que no incluye del todo a sus comunidades y que acumula la riqueza en unas cuantas manos, o se decide por una nueva
ruta para que la prosperidad llegue a más hogares, el crecimiento sea sinónimo de reducir la pobreza y la seguridad pública tenga un blindaje social. Esa es la encrucijada entre democracia neoliberal y social democracia que Yucatán debe resolver para seguir prosperando en paz.
*Senador de la República por Yucatán, @RaulPazMX, @raulpazalonzo,
sin interrupciones.
sin límites.