La fábrica Leogar aprovecha cualquier cristal transparente para crear una pieza nueva. Trabaja con materiales 100% reciclados que cobran nueva vida en dos hornos que alcanzan temperaturas de hasta mil 200 grados.
Gerardo, uno de los hermanos que dirige el lugar, dice que el oficio enfrenta un desafío generacional: “Los artesanos comienzan a hacerse grandes y hay muy pocos jóvenes que quieren aprender este oficio”.

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