Los de entre 12 y 17 años modificaron los patrones para sociabilizar; ahora ya no sólo entablan amistades en la escuela y fiestas, sino que lo hacen, en mayor medida, a través de redes sociales, lo que ha provocado una disminución en el de esta población.

Además, están más interesados en estilos de vida que fomentan el ejercicio, la estética corporal y la alimentación saludable, como resultado de su exposición a redes sociales; sin embargo, especialistas advierten que estos mensajes pueden generar conductas obsesivas que devengan en trastornos de alimentación o autopercepción.

La Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2025 señala que el porcentaje de jóvenes de 12 a 17 que admitieron haber consumido alcohol en el último mes se redujo de 16.1% en 2016 a 7.5% en 2025.

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El documento también registró que el índice más alto es en hombres, pues mientras ellos reportaron haber consumido alcohol en el último mes, 16.8% en 2016 y 8.3% en 2025, las mujeres registraron 15.4% y 6.6%, respectivamente.

Con relación al consumo de alcohol excesivo, la prevalencia registró una ligera variación, en tanto que el porcentaje de mujeres se situó en 2.7% en 2016 y 0.4%, en 2025; en el caso de los hombres la cifra se colocó en 2.5% y 0.4%, respectivamente.

En entrevista con EL UNIVERSAL, Emiliano Villavicencio Trejo, sicólogo educativo y coordinador de posgrado de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad La Salle, sostiene que la reducción en los patrones de consumo de alcohol se deben, en primera instancia, a los cambios en los procesos de socialización de los jóvenes.

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En ese sentido, afirma que las redes sociales no sólo conforman un medio de comunicación, sino que también sirven como una plataforma para la construcción de vínculos y relaciones sociales cada vez más importantes.

“Es a través de las redes sociales en donde los procesos de socialización y de aculturación se vienen presentando, es decir, lo que antes encontrábamos en las escuelas como fenómenos de incorporación de la cultura en los jóvenes, ahora lo vemos cada vez más en el contexto digital”, dice.

Agrega que los mensajes, posturas o estilos de vida que se encuentran en las redes sociales y plataformas digitales son ideologías que normalizan el no consumo y tienden a fomentar el cuidado personal, la salud mental, el ejercicio, la estética corporal, la alimentación saludable, entre otras.

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No obstante, advierte que se debe ser precavido, porque ello puede generar el campo de cultivo para el desarrollo de trastornos alimenticios o autopercepción, “por lo que no hay que cantar victoria. Está bien que se fomenten estilos de vida saludables; sin embargo, hay que cuidar que no se tergiverse el mensaje y que genere polaridad y encontremos jóvenes preocupados obsesivamente por la estética”.

Aclara que otro factor que coadyuva al decremento en el consumo de alcohol son las políticas restrictivas desplegadas desde el gobierno federal, “que están muy dirigidas (...) a la juventud, en donde el mensaje está enfocado a la sensibilización de las consecuencias a nivel social, emocional, cognitivo y físico que el (...) alcohol puede acarrear”.

Ante el fenómeno, el experto llama a permanecer alertas para que la tendencia se mantenga al alza, “que no sólo sea un tema de moda, porque las modas tienen temporalidades. Que se refuercen las políticas públicas y sociales para mantener la tendencia y que no sólo sea un tema pasajero, de moda”.

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Para Adrián Camacho Frausto, profesor de secundaria, el consumo de alcohol en adolescentes ha registrado un decrecimiento.

Considera que la caída se debe, en primer término, a la manera en que interactúan los jóvenes, “ya no son de reuniones físicas, sino más de reuniones virtuales, y es la forma en la que ellos se relacionan, se comunican y sobreviven a su realidad. Las formas de interacción han cambiado y por ello el consumo ha disminuido, porque no hay esa necesidad de estar presentes para convivir. Cada quien desde su casa se conecta a la red e interactúa”.

El profesor menciona que “los intereses de esta generación van más allá del consumo de alcohol y sustancias, porque no le hallan el interés, van hacia otras cosas, y consumir alcohol y los efectos que provoca no les causa una sensación placentera”.

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Camacho Frausto también enfatiza que la accesibilidad a productos y prácticas de autocuidado corporal “ha formado una cultura, porque los adolescentes agradecen encontrar mascarillas desde 10 pesos, pues no tienen un poder adquisitivo grande y se mueven con lo que los papás les dan”.

Para él, se deben fortalecer los programas de prevención de alcohol, “pues cada uno hace su trabajo desde su trinchera (…) Haciendo cada quien su chamba y jalando a los papás a participar podríamos tener mejores resultados”.

Destaca que el papel que desempeñan los padres de familia en la crianza de los hijos es crucial y asevera que “hoy día son una generación de papás jóvenes que está habituada a charlas incómodas, a decir las cosas cómo son, lo que sirve mucho para los adolescentes porque están más abiertos y relacionados a lo que pasa en la actualidad”.

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Añade que las campañas y jornadas de prevención desarrolladas por el gobierno federal, como Si te drogas, te dañas, Vida Saludable, entre otras, han visibilizado entre los jóvenes las consecuencias del consumo de alcohol en diferentes ámbitos, “lo que ha permitido generar una disminución”.

Estrella es una de las muchas adolescentes que no disfruta beber alcohol. Estudia el segundo año de bachillerato y aunque reconoce que alguna vez lo ha consumido en reuniones familiares y con el permiso de sus papás, tampoco gusta de beber con sus amigos, “porque es una pérdida de tiempo y se debe tomar alcohol de una manera moderada, tampoco excesivamente”, considera.

“A mí no me gustaría meterme en vicios de los que ya no pudiera salir”, confiesa.

En su experiencia, su círculo amistoso consume alcohol de manera excesiva, y aunque la invitan a fiestas de la preparatoria, a ella no le gusta asistir por dos razones: no le llaman la atención y sus papás no la dejan salir o estar fuera de casa a altas horas de la noche.

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Estrella relata que durante sus tiempos libres después de la preparatoria se dedica a ayudar con los deberes en su casa, sale a caminar al parque o al tianguis para distraerse o se entretiene usando su celular.

Asimismo, revela que uno de los planes que desea llevar a cabo en los próximos meses es implementar una rutina de ejercicio que pueda realizar después de sus actividades escolares, mejorar su alimentación y cuidar su salud física y emocional.

Por ello, a los jóvenes que, contrario a ella, consumen alcohol frecuentemente o de manera excesiva, los invita a reflexionar sobre las consecuencias del consumo de este y les dice: que “les enseñaría a las personas el daño que el alcohol les puede hacer después de mucho tiempo a su salud en todas las maneras”.

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