Justo como se anticipaba, el 2024 empezó en junio de 2023. No hubo sorpresas y los aspirantes a la candidatura presidencial de Morena se mantuvieron disciplinados para no quitar reflectores a Delfina Gómez en la crucial elección del Estado de México. Y tampoco es de sorprender que el presidente López Obrador ya tuviera lista la siguiente jugada. No es sorpresa desde alguien que no entiende la política sino como una permanente movilización.
El próximo domingo el Consejo Nacional de Morena fijará las reglas para la selección de la o el candidato presidencial. Algunos medios han reportado sobre algunas de las condiciones que se habrían establecido en la noche de El Mayor, incluyendo algunos detalles sobre la realización de una encuesta y las condiciones que deberían aceptar quien resulte ganador o ganadora y quienes no.
Pero, ¿unas reglas para qué va a decidir Morena? ¿Unas reglas para asegurar ganar una elección? ¿Unas reglas para atraer algún sector del electorado al que no le ha llegado Morena? ¿Unas reglas para asegurar continuar el camino iniciado por López Obrador? Lo que es cierto es que, como en toda competencia, hay más de un conjunto de reglas posibles y hay reglas que son más convenientes para unos que para otros.

Más que la elección de la encuestadora, la forma de hacer las preguntas es clave. Como se ha demostrado en múltiples casos, la forma de frasear los reactivos e incluso el orden en que se preguntan pueden afectar los resultados.¿Basta con incluir una pregunta única? ¿No valdría la pena saber si el o la más favorita lo es porque está más cerca o más lejos de continuar el camino de la 4T? ¿No importa qué cualidades le atribuye el público?
Un piso parejo no implica la igualdad de condiciones políticas pues las condiciones de la y los aspirantes no son las mismas. Claudia Sheinbaum tiene un cargo de elección, Ricardo Monreal tiene un escaño obtenido por lista nacional, mientras Marcelo Ebrard y Adán Augusto López tienen un nombramiento del ejecutivo. Las responsabilidades con las que cargaría Sheinbaum, incluso renunciando a la jefatura de gobierno, serían distintas a las del resto.
Sí es deseable y necesario el contraste de ideas. Cuando el presidente López Obrador fue electo, sabíamos cuáles eran varías de sus apuestas más importantes: sabíamos que iría por un Tren Maya, una nueva refinería, un proyecto para conectar el Golfo con el Pacífico, un programa de empleo para jóvenes, entre otros planes prioritarios. ¿Qué buscan los precandidatos? ¿Qué de lo iniciado por López Obrador están dispuestos a continuar y qué no? ¿Cuál es su visión del país que en hoy viven? Conocemos algunas pistas de la visión de Marcelo Ebrard por su gobierno en la Ciudad de México, ya hace varios años, y de Claudia Sheinbaum, más recientemente. ¿Pero qué quieren los demás?
Y finalmente, ¿cómo se conforma una estrategia electoral exitosa en el sentido amplio? En 2024 estará en juego no solo la Presidencia de la República, sino ocho gubernaturas, la jefatura de gobierno de la Ciudad de México y ambas cámaras del Congreso. Si, como ha trascendido, las reglas que fije Morena el domingo acomodarán a los equipos políticos en distintos frentes, entonces algunas combinaciones de candidatos presidenciales y, por ejemplo, para Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, se vuelven inviables. ¿Estarán los equipos, y no solo los aspirantes, comprometidos a trabajar por quien gane la encuesta?
En lo que va del sexenio, Morena es el único partido que ha mostrado vida política interna. En la renovación de su dirigencia en 2020, el proceso estuvo a punto de descarrilarse por falta de reglas claras. Un proceso desaseado podría darle a la oposición una oportunidad que por sí misma no ha logrado crear para ser competitiva.
Las reglas que se fijen el domingo serán recordadas como la jugada maestra alternativa al dedazo o por la nostalgia que causen por aquella particular institución.
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