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Desde hace más de 10 años Olimpia Coral Melo se ha dedicado a prevenir y erradicar la violencia digital en México. Su lucha logró que en 2021 se aprobaran una serie de reformas a la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y al Código Penal Federal para sancionar este delito.
Acompañada de muchas mujeres, en la actualidad la activista busca que las plataformas y redes sociales asuman su responsabilidad ante la violación a la intimidad de miles de personas. Pese a los avances, considera que existen retos para visibilizar la violencia digital y cambiar el sistema patriarcal que consume y explota cuerpos a diestra y siniestra.
“Hasta que no se reconozca la responsabilidad del algoritmo y hasta que no se reconozca la responsabilidad que tienen las empresas digitales ante esta violencia no va a haber una reparación real del daño, no para mí, sino para las decenas, miles de víctimas que hoy existen por este tipo de violencia, más agravada, perpetuada y programada con la inteligencia artificial”, explica.
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En entrevista con EL UNIVERSAL, afirma que la violencia digital también es un problema económico donde la mercancía son las mujeres y sus cuerpos: tan sólo en los primeros días de 2026 la inteligencia artificial (IA) Grok creó millones de imágenes sexuales de niñas y mujeres.
Por casos como estos, Coral Melo lamenta que las plataformas digitales se enriquecen a costa de la intimidad de las mujeres. Explica que de nada sirve que la Ley Olimpia haya servido como un modelo para hacer una ley interamericana por parte de la Organización de los Estados Americanos (OEA), si en otros países no hay legislaciones parecidas, aun cuando los servidores y redes operan en todo el mundo.
“Me parece que la raíz del problema está en el código, cambiar el código y el algoritmo (...) Hoy mismo la sociedad incluso entiende que existe la violencia digital, que lo virtual es real, o al menos eso quiero pensar, que hemos avanzado, pero falta la responsabilidad de la programación que existe de las big tech y falta la responsabilidad sobre todo para las mujeres de América Latina y el Caribe”, dice.
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Cuando no lucha por las mujeres lo hace por otras causas
Con voz firme y pañuelo morado, la activista recuerda que de su abuela Tere aprendió a no dejarse, a alzar la voz, a soñar y amar la naturaleza. En su tercera década de vida dice ser madre orgullosa de tres perritas, que la acompañan cuando lee, ve documentales y disfruta de su tiempo libre.
“Es tiempo que dedico o trato de hacerme para poder ayudar a otros animalitos, para unirme a otras luchas, que a lo mejor no son directamente las que hemos encabezado en Defensoras Digitales. Me gusta salir en bici, me gusta leer, me gusta el bosque, comer, divertirme con mis amigas y disfrutar el tiempo a solas”, explica.
Además de hacer la diferencia en el entorno virtual y aspirar a que empresas como Google eliminen todas las imágenes de los mercados de explotación sexual que existen, Olimpia Coral sueña con tener un refugio de animales y seguir en el activismo que inició cuando sobrevivió a la violencia digital a sus 18 años.
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Originaria de Huauchinango, Puebla, Coral Melo se siente fuertemente inspirada por mujeres sobrevivientes de la violencia digital, esas que parecen invisibles y que no se ven, pero dejan marcas de por vida. Juntas han aprendido a sostenerse, sobrevivir y marcar la diferencia.
“Mi abuela Tere siempre fue mi gran inspiración. Ella es una mujer que inició de abajo, que luchó mucho por no solamente salir ella adelante, sino sacar a su familia adelante. Nos enseñó muchos valores, mucho amor. Yo creo que mi abuela Tere es la persona que admiraba y sigo admirando. He aprendido a admirar a muchas mujeres, pero entre todas las mujeres sí están las sobrevivientes de violencia digital”, subraya.
Olimpia, siempre rebelde
A la fecha, la rebeldía ha sido parteaguas de sus mejores momentos, desde desafiar aquellas normas machistas que la querían frenar para no jugar futbol, trepar árboles, jugar en el bosque con sus primos y, el más importante, ser ella misma en el estado más puro de libertad.
El recuerdo que más atesora se remonta al 3 de diciembre de 2018, cuando por primera vez se aprobó la Ley Olimpia tras años de lucha. Ese día se reconoció como delito la difusión de contenido íntimo; ese día, por primera vez, se nombró la violencia digital que ha dejado marcas en miles de víctimas.
“No estaba loca. No lo digo yo ahora nada más, ya lo dice la ley. También el 3 de diciembre de 2019, cuando después de un montón de lucha y resistencia en el Congreso de la Ciudad de México dicen textualmente: ‘Queda aprobada la Ley Olimpia’. Sentí que había reivindicado no solamente mi propio nombre, lo habíamos reivindicado juntas”, recuerda.
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El proceso no fue fácil. En esos interminables debates el punto a discutir no era en materia legislativa sobre los tecnicismos o impactos sociales, sino ¿por qué se le iba a llamar Ley Olimpia? Mirándolo en retrospectiva, la activista encuentra ese momento como una motivación para seguir en resistencia.
¿Qué hace falta?
Con su propia historia y la de otras mujeres sobrevivientes, Olimpia entendió que no es culpa de las víctimas el que su intimidad sea vulnerada. Más bien, los agresores son quienes deben ser criminalizados, señalados y sentenciados y no ellas, como la sociedad les hizo creer en el pasado.
“Todavía no hay una reparación del daño para alguna víctima de violencia digital, ¿por qué? Porque a lo mejor de otras violencias, sin minimizarlas, porque todas son importantes y todas atraviesan de manera diferenciada y en contextos diferenciados a todas las personas, en especial para las mujeres [víctimas] de esta violencia hay una huella, hay una marca digital de la que siempre tienes miedo que regrese y que tienes que aprender a vivir con eso”, refiere.
A su parecer, el mundo entero debe pensar estrategias y entender que la justicia es la que la víctima decida: desde reparación del daño económico, que el agresor sea privado de su libertad o que le ofrezca disculpas públicas. Calificó como “injusto” que las mujeres sean quienes abandonen los espacios digitales al ver tanta violencia sin consecuencias.
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“Es injusto que tengamos que dejar de caminar en la calle por ser acosadas. Es injusto que tengamos que dejar las redes por ser violentadas. Es injusto que tengamos que vestirnos de otra manera para no ser violadas. Es injusto que nosotras tengamos que dejar de decir o hacer para no vivir acosos, para no vivir violencia”, asegura.
A pesar de esto, define como indispensable que las mujeres se organicen, además de en las calles, en los Congresos y espacios públicos, así como en redes sociales, donde predomina un algoritmo hostil, a fin de volverlo un espacio seguro y lleno de amor, que acabe con discursos de odio y violencias de todo tipo.
Afirma que la Ley Olimpia no busca venganza, sino que ya no haya víctimas de violencia digital.
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