Es mediodía, Alberto Mena enciende la parrilla de su taquería en Calzada de Tlalpan; sin probar bocado, confía en su sazón y así será por 29 días y 29 noches por el Ramadán, mes de ayuno y reflexión musulmán.
“Mi peor enemigo era yo”, dice Alberto, y cuenta que llevaba una vida desordenada, pero un día, mientras compraba alcohol, fue abordado por un musulmán y “me dijo que tenía un mensaje para mí”.
Poco después, Alberto se unió a una de las religiones con cada vez más presencia en México, y empezó a vivir con estructura y fe, lo que le ayudó a fundar su taquería de pescado halal (permitido, en árabe)”.



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Al llegar el último día del mes sagrado, Alberto coloca en la parrilla varios medallones de pez sierra que cocinó para todos sus hermanos de fe.
“Estoy cocinando como cocinaba mi abuela”, comenta mientras usaba su mezcla de especias en el pescado. Esa misma noche, musulmanes de varias partes del mundo reunidos en la mezquita se deleitaron con su cocina para romper el ayuno.
“Ya no tuve dolores de cabeza, ni estómago, ni hambre”, comenta Alberto. “Mi mente y mi cuerpo ya están adaptados”. El tercer Ramadán de Alberto finalizó el 19 de marzo con la aparición de la luna creciente en el horizonte. A la mañana siguiente, él, junto a otros creyentes de Alá, celebraron en el Parque Refinería.



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