Del tamaño de un chicle, sin humo, encendedor, ni rastro visible; las bolsas de nicotina se han incorporado al mercado mexicano como parte de una nueva oferta que mantiene la exposición a esta sustancia en espacios donde antes no era posible.
“No existen productos de nicotina seguros; cambiar la forma de consumo no elimina el daño”, señala en entrevista la doctora Guadalupe Ponciano, académica de la Facultad de Medicina de la UNAM, al referirse a estos productos que llegaron al país apenas en 2024.
La última Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT), publicada en diciembre de 2025, indica que el uso de bolsas de nicotina en México se concentra en adultos de 18 a 65 años; el 0.1 % de los encuestados reportó haberlas consumido en el último mes, lo que representa alrededor de 103 mil personas a nivel nacional.

Lee también Consumidores y pequeños negocios sienten el alza de precios; cigarros y bebidas azucaradas disparan costos
Las bolsas no requieren ningún proceso de combustión. Se colocan entre el labio y la encía, donde liberan nicotina de manera gradual que el cuerpo absorbe a través de la mucosa oral. Esta facilidad de consumo les permite integrarse rápidamente en la vida cotidiana de cualquier persona.
De acuerdo con especialistas y el Consejo Nacional contra las Adicciones, estos productos pueden contener nicotina sintética o derivada del tabaco, además de otros componentes para facilitar su absorción.
La doctora Ponciano señala que, mientras un cigarro convencional aporta en promedio entre uno y dos miligramos de nicotina, las bolsas pueden contener desde tres hasta 50 miligramos por unidad, dependiendo de la marca o presentación.
Las dosis más altas, aunadas a la facilidad de uso, permiten que el consumo se mantenga de forma continua y casi imperceptible. Así le ocurrió a José Luis, un joven exconsumidor: “podía hacerlo en cualquier momento, sin que nadie se diera cuenta”, relata en entrevista con EL UNIVERSAL.
Ponciano explica que la nicotina actúa directamente en el cerebro al estimular la liberación de dopamina, sustancia que produce placer y que puede generar dependencia. Por la forma en que se consumen las bolsas, las exposiciones a la sustancia suelen ser más frecuentes a lo largo del día, lo que incrementa el riesgo de adicción.
Luis recuerda que, en corto tiempo, su consumo pasó de ser ocasional a constante, pues no existe un límite claro entre una dosis y otra. Erika, otra joven consumidora que accedió a una entrevista, reconoce que aunque percibía las bolsas como una alternativa al cigarro, con el tiempo identificó la formación de un hábito.
Yahaira Ochoa, integrante de la organización Salud Justa MX, recalca en entrevista que este tipo de productos no están pensados para reducir la exposición a la nicotina. Al contrario, pueden ocasionar un mayor consumo que suele combinarse con otros productos derivados del tabaco.
Pese a la ausencia de humo, los efectos nocivos de la nicotina persisten con el uso de bolsas, tanto en los primeros contactos como en una adicción ya consolidada. En la cavidad oral, la exposición constante puede provocar irritación, resequedad e inflamación de las encías; molestias que suelen pasar desapercibidas, pero que con el tiempo derivan en lesiones y problemas dentales persistentes.
Conforme el consumo se vuelve más recurrente, la nicotina refuerza los mecanismos de dependencia, lo que dificulta reducir o abandonar su uso. En este proceso también se presentan náuseas, mareos, palpitaciones y alteraciones gastrointestinales asociadas a la absorción continua por la mucosa oral. En el caso de José Luis, las afectaciones bucales terminaron por influir en su decisión de suspender el consumo.
Un uso más prolongado de la nicotina se ha vinculado con alteraciones cardiovasculares, incrementos en la presión arterial y riesgos adicionales en personas con antecedentes médicos.
Según las expertas consultadas, a estos daños se suma un riesgo adicional relacionado con el diseño del producto. El tamaño reducido, la presentación discreta y la variedad de sabores pueden facilitar su confusión con artículos de uso cotidiano, lo que incrementa el riesgo de acceso no intencional entre niñas, niños y adolescentes.
La comercialización de las bolsas de nicotina en México avanza sin una regulación específica. Aunque contienen nicotina, una droga legal, estos productos no están plenamente incorporados a los marcos normativos que regulan al tabaco, lo que ha generado zonas grises sobre su venta, etiquetado y control.
Lee también Bolsas de nicotina, más adictivas que el tabaco: experta de la UNAM; advierten sobre aumento en su consumo
Guadalupe Ponciano puntualiza la necesidad de establecer regulaciones claras. Entre las medidas planteadas se encuentra la prohibición de sabores, al considerar que incrementan el atractivo del producto; restricciones estrictas de venta por edad, con mecanismos efectivos de verificación; advertencias sanitarias visibles y claras sobre los riesgos de la nicotina; y la prohibición de su venta en puntos de fácil acceso para personas jóvenes e infancias.
También se ha sugerido que las bolsas sean equiparadas al tabaco en materia de regulación, lo que implicaría medidas como la aplicación de impuestos que desincentiven su consumo. Salud Justa MX ha advertido que, mientras no exista una regulación integral, la oferta continuará expandiéndose bajo criterios dispares.
En México, por ahora son pocas las marcas que comercializan este producto, aunque ya pueden encontrarse en un gran número de tiendas de conveniencia. Entre las más populares se encuentra ZYN, propiedad de Philip Morris International, una de las mayores compañías tabacaleras a nivel mundial. Según su sitio web, sus productos contienen entre 3 y 6 miligramos de nicotina.
EL UNIVERSAL solicitó a la empresa una entrevista para conocer información adicional, pero al cierre de esta edición, no se ha obtenido respuesta.
sin interrupciones.
sin límites.