Miami.— Este otoño-invierno en Estados Unidos arranca con un tablero epidemiológico cargado y una advertencia clara de las autoridades federales: el pico combinado de hospitalizaciones por Covid-19, influenza y VRS (virus respiratorio sincitial) podría ser parecido al del año pasado, con riesgo de ir al alza si aparece una variante de Covid con escape inmune moderado o si baja la adopción de vacunas y anticuerpos preventivos. Es la lectura más reciente de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) para la temporada 2025-26, dosificada con prudencia, pero inequívoca en su mensaje sobre la preparación hospitalaria y cobertura de inmunizaciones.
Mientras el termómetro baja, el Texas Health Services emitió una alerta sanitaria por un repunte inusual de tos ferina: más de 3 mil 500 casos reportados hasta octubre, cuatro veces lo observado en el mismo periodo de 2024; la agencia estatal lo atribuye, en parte, a la pérdida de protección: “Vacunarse es la mejor defensa”, coinciden médicos a favor de las dosis, y en paralelo, el sarampión marcó un año excepcionalmente malo; en noviembre, los CDC contabilizaban ya un máximo en décadas con diseminación en decenas de jurisdicciones médicas estadounidenses.
En bebés, los anticuerpos de acción prolongada contra VRS han mostrado en vida real al menos 70% de efectividad para prevenir hospitalizaciones, y los CDC recuerdan que pueden administrarse en la misma visita con vacunas de calendario, incluso con biológicos vivos como MMR (vacuna triple viral contra sarampión, paperas y rubéola).

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En adultos, la recomendación actual es una sola dosis de vacuna VRS para todos los mayores de 75 y para quienes tienen de 50 a 74 años con riesgo, sin esquema anual por ahora: “Son acciones que, si se aplican bien, amortiguan la ola invernal de prevención”, dice el médico Enrique Martínez a EL UNIVERSAL.
El caso del sarampión expone mejor que ningún otro la fragilidad en esta temporada. Entre el 1 de enero y el 17 de abril de 2025 se reportaron 800 casos en Estados Unidos, con hospitalizaciones y muertes asociadas, concentrados en comunidades de baja cobertura en Nuevo México, Oklahoma y Texas.
En primavera, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo catalogó como un “evento inusual con potencial impacto importante en salud pública” y advirtió exportación de casos de Texas a México, un recordatorio de que los virus ignoran fronteras: “Desafortunadamente en ninguno de los países [Estados Unidos y México] hay un seguimiento sanitario para detectar y prevenir algún caso que agrave la temporada de enfermedades”, señala Martínez.
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A medida que avanzó el año, las cifras siguieron creciendo. La página de vigilancia de sarampión de los CDC, actualizada en noviembre, confirmó que 2025 es el peor ejercicio desde su eliminación oficial en el año 2000, con transmisión y conglomerados sostenidos.
Las series oficiales subrayan un patrón que se repite: la abrumadora mayoría de los casos ocurre en personas no vacunadas o con estatus desconocido. El telón de fondo político añade una fricción innecesaria: Florida inició el proceso regulatorio para eliminar varios mandatos de vacunación escolar. El gobierno de Ron DeSantis dice que nuevas regulaciones harán que desaparezcan obligaciones de vacunas en unos 90 días, otras requieren ser eliminadas por el Congreso estatal floridano.
“Lo que están haciendo en Florida es un laboratorio, como un ensayo nacional sobre lo que ellos denominan ‘libertad médica’, aunque [el presidente estadounidense, Donald] Trump trató de distanciarse”, explica el médico especialista.
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La medida no toca de inicio MMR o polio, pero abre una puerta que expertos temen reproduzca brotes prevenibles. En septiembre, Trump, al ser cuestionado sobre la decisión de DeSantis, declaró sobre las vacunas: “Simple y llanamente, funcionan”.
El secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., modificó en mayo el posicionamiento federal sobre la vacuna contra Covid-19 al anunciar que “ya no se recomienda” para “niños sanos y mujeres embarazadas”. Ese mismo mes, Reuters documentó que, tras la remodelación del comité asesor de vacunas de los CDC (ACIP), entidades privadas empezaron a reevaluar dónde anclar su criterio.
En septiembre, en la Casa Blanca, aunque Trump había dicho que las vacunas “simple y llanamente, funcionan”, volvió a sembrar dudas; en un evento sobre autismo sugirió vínculos sin fundamento con la vacunación y pidió “cambios grandes” en el calendario infantil. Repitió que los bebés reciben “80 vacunas”: “Eso es una afirmación desmentida, basta revisar los verificadores con el propio calendario de los CDC. La ambigüedad presidencial, incrementada en televisión y redes, funciona como una droga peligrosa de la conversación pública”, subraya el doctor Martínez.
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Kennedy Jr. ha enviado señales cruzadas. Tras la segunda muerte infantil por sarampión en Texas, escribió que “la forma más eficaz de prevenir la propagación del sarampión es la vacuna triple viral [MMR]”, pero en otros foros ha minimizado la amenaza y ha sugerido, sin sustento, que ciertas vacunas “no se prueban” adecuadamente. “El resultado termina siendo un mensaje confuso en el que da un guiño pro MMR y luego otra vez al escepticismo regulatorio”, comenta el médico especialista.
La comunidad clínica ha intentado recentrar la narrativa en datos. “El sarampión avanza cuando se le subestima”, dijo en febrero el pediatra infectólogo Adam Ratner; en mayo insistió en televisión que cada niño con sarampión “es un fallo del sistema”. Luego, ante la muerte de una menor en Texas, Ratner habló de “un fenómeno que es emblemático de tendencias perturbadoras en la vacunación infantil”.
Desde la salud pública organizada, la crítica ha sido frontal: “La razón por la que ponemos vacunas a gente sana es para mantenerla a salvo”, recordó Georges C. Benjamin, director de la APHA, al cuestionar el retiro de la recomendación de Covid para infancia y embarazo.
Semanas antes había pedido la renuncia de Kennedy Jr. por su “total desprecio por la ciencia”. No son sólo palabras duras, son diagnósticos de riesgo institucional, coinciden especialistas.
En marzo, la madre de una niña fallecida por sarampión en el epicentro texano dijo a un medio local: “No nos pondríamos la MMR, absolutamente no (…) el sarampión no fue tan malo”. Otro padre, en un caso distinto, insistió en que no se arrepentía de no vacunarse. No son las voces mayoritarias en la Unión Americana, pero condensan una ética de la convicción que resiste incluso frente a la muerte de un hijo.
De acuerdo con los CDC, el contexto estadístico explica la fragilidad. La cobertura de MMR en kínder cayó por debajo del umbral de 95% recomendado para evitar brotes, con 92.7% en 2023-24 y señales de estancamiento en 2024-25; además subieron las exenciones en 41 jurisdicciones.
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La influenza completa el cuadro con su propia contundencia, la temporada 2024-25 fue de “alta severidad”, con el mayor número de muertes pediátricas reportadas en 15 años: 280; y la tasa de hospitalización más alta desde 2010-11; con ese antecedente inmediato, los CDC piden no dar por hecho que la temporada 2025-26 será benigna. El dato revelador es que 89% de los niños que murieron no estaban completamente vacunados, indican reportes de las autoridades de salud.
La tos ferina volvió a recordar la dinámica de la era pospandemia; “con la inmunidad que se desvanece y coberturas de vacunación a la baja, regresan las viejas cepas”, dice Martínez. El Texas Health Services reporta un alza sostenida por segundo año y urge refuerzos en embarazo y cuidadores cercanos al recién nacido. La imagen de fondo es la de un país que aflojó sus esfuerzos preventivos.
Tras la reconfiguración del ACIP, aseguradoras empezaron a mirar fuera de CDC para definir coberturas, algo inédito que puede producir un mosaico de pólizas donde un plan cubre el refuerzo de Covid-19 y otro no, según qué grupo de expertos consulte.
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El ámbito escolar infantil, epicentro de contagios de sarampión y tos ferina, entra al invierno con mensajes encontrados: al tiempo que algunos estados refuerzan auditorías de ingreso a kínder, otros ensayan la eliminación de requisitos. ABC News reportó que enfermeras escolares han descrito lo que llaman “cansancio vacunal” de familias que perdieron contacto con su pediatra durante la pandemia y hoy viven confundidos en medio de consejos contradictorios.
La frontera sur añade un vector de vulnerabilidad poco atendido en la conversación nacional. La Organización Mundial de la Salud (OMS) documentó que el brote texano generó casos vinculados en México, lo que exige coordinación binacional en rastreo de contactos y jornadas de vacunación. Dijo que “es un recordatorio de que la salud pública en entre Estados Unidos y México no funciona como un sistema coordinado”.
En paralelo, California registró transmisión local del clado I en personas sin viaje reciente, y los CDC pidieron mantener pruebas de clado y notificación inmediata. Ya no estamos en emergencia global, pero el virus enseña que, si se baja la guardia, encuentra grietas.
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“La pregunta no es si Estados Unidos enfrenta amenazas invernales —las enfrenta cada año—; la pregunta es si agregará mayor cobertura infantil de vacunación”, señala el médico Martínez. “La respuesta está a la mano: hay que sostener la campaña de influenza tras un año de alta severidad, escalar la protección anti-VRS en bebés y mayores, recuperar 95% de MMR en kínder y blindar a clínicos y escuelas con lineamientos consistentes y financiados. La epidemia de desconfianza requiere, además, un antídoto de comunicación sostenida y veraz”, concluye
La OMS lo deja claro: la historia que cuenta este otoño-invierno no es sólo sanitaria: es política, económica y cultural. Habla de cómo decisiones federales reconfiguran comités y pólizas; de cómo un Estado con vocación de vanguardia intenta borrar reglas que otros tardaron medio siglo en construir; de cómo padres confundidos, expertos impacientes y funcionarios en campaña compiten por el mismo minuto de atención en el consultorio y la pantalla.