Francisco André*
Cada 9 de mayo, las y los europeos celebramos el Día de Europa en conmemoración del inicio de la construcción de un proyecto de paz, cooperación y prosperidad compartida que, con el paso de las décadas, se convirtió en lo que hoy conocemos como la Unión Europea (UE): una comunidad de 27 países y 450 millones de habitantes que representa el proyecto de integración más exitoso de la historia.
Hace un par de días tuvimos la oportunidad de celebrar esta fecha junto con amigas y amigos mexicanos: representantes del gobierno, la sociedad civil, el sector empresarial, la academia, la cultura, periodistas y jóvenes. Fue una celebración cálida y cercana, reflejo del excelente momento que vive la relación entre México y la UE.

También fue una ocasión para reflexionar sobre el momento histórico que vivimos. En un contexto internacional marcado por tensiones e incertidumbre, la UE y México comparten algo esencial: una visión compartida del mundo. Frente a la confrontación y el aislacionismo, apostamos por el diálogo, la cooperación y un orden internacional basado en reglas.
La UE y México están demostrando que las alianzas basadas en la confianza y los valores compartidos son fundamentales para construir estabilidad y prosperidad. Y el próximo 22 de mayo viviremos una muestra clara de ello con la celebración de la Cumbre México-UE, la primera desde 2015.
La presidenta Claudia Sheinbaum recibirá al presidente del Consejo Europeo, António Costa, y a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quienes visitarán México acompañados por la Alta Representante de la UE para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, y el Comsiario Europeo de Comercio, Maroš Šefcovic. Durante la Cumbre se prevé la firma del Acuerdo Global Modernizado entre México y la UE, que marcará un hito en nuestra relación bilateral y permitirá llevar nuestra asociación estratégica al siguiente nivel. Esto, sin duda, también enviará un mensaje a todo el mundo: que es posible construir relaciones basadas en la confianza, en reglas comunes y en beneficios mutuos.
Nuestro Acuerdo Global vigente, que data del año 2000, transformó nuestra relación política y económica. Gracias a él, el comercio bilateral se cuadruplicó y la UE se consolidó como el segundo inversor en México y el segundo destino de las exportaciones mexicanas. Todo esto se logró con un acuerdo negociado hace más de dos décadas. Imaginemos lo que podremos construir ahora con un acuerdo adaptado a los desafíos y oportunidades de esta época.
El nuevo acuerdo impulsará aún más el comercio y la inversión, fortalecerá las cadenas de valor y generará más empleos de calidad en ambos lados del Atlántico, con un impacto tangible en la vida cotidiana de millones de personas.
Productos emblemáticos mexicanos, como el cacao de Tabasco, el café de Veracruz, el mango Ataúlfo de Chiapas y la cajeta de Celaya contarán con protección en Europa mediante indicaciones geográficas. Esto significa más oportunidades para productores mexicanos, mayor reconocimiento internacional y nuevas posibilidades para las economías locales.
Además, reforzaremos la cooperación en áreas estratégicas como la transición energética, la innovación, la digitalización, la conectividad y las infraestructuras sostenibles, donde existe una gran complementariedad entre la estrategia Global Gateway de la UE y el Plan México impulsado por la presidenta Sheinbaum.
La UE ve en México a un socio confiable, dinámico y con enorme potencial. Un país con talento, creatividad y una voz cada vez más relevante en el escenario internacional. Pero nuestra relación va mucho más allá de los acuerdos y las cifras: está construida sobre profundos vínculos humanos y culturales entre nuestras sociedades.
México y la UE ya compartimos una larga historia de cooperación y amistad. Ahora queremos construir juntos un mejor futuro. La próxima Cumbre y el Acuerdo Global Modernizado marcarán el inicio de una nueva etapa todavía más ambiciosa, cercana y beneficiosa para nuestros pueblos.
*Embajador de la Unión Europea en México