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Las crecientes tensiones entre Washington y Beijing, que incluyen la supuesta violación de derechos humanos en la Región Autónoma Uigur de Xinjiang, China, forman parte del duelo estratégico que ambos países libran desde Asia Central hasta Hong Kong y el Archipiélago Malayo.
Con el trasfondo de la pandemia que causa estragos en EU, que culpa al país asiático de usar como arma el brote surgido en Wuhan en 2019, la partida de ajedrez geopolítico recuerda al “gran juego” por el control de Asia Central en el siglo XIX entre el Imperio británico y los zares rusos, con múltiples dimensiones desde el dominio de territorio al comercio y la tecnología.
Para demostrar lo anterior, es necesario apuntar que pese a su interdependencia económica, EU decidió seguir desde la administración de Barack Obama una política de “contención” de China en su ascenso a la hegemonía global.
La Iniciativa del Cinturón y la Carretera (BRI, por sus siglas en inglés), o nueva ruta de la seda, con la que China pretende afianzar una red comercial que cubra la masa continental euroasiática desde Lisboa hasta Vladivostok, requiere mantener la estabilidad en puntos cruciales como Xinjiang, que comunica a China con India y Paquistán en la cordillera del Himalaya.
Xinjiang (Nueva Frontera, en chino) ocupa una superficie de 1.6 millones de kilómetros cuadrados equivalente a Irán, en el noroeste de China limítrofe con Rusia, Mongolia, Kazajistán, Kirguistán y Afganistán. Montañoso y desértico, tiene menos de 10% de suelo habitable y se concentró en la agricultura, hasta que en las últimas décadas la explotación de sus recursos le permitió convertirse en el mayor productor de gas natural de Beijing.
Diversos imperios ocuparon Xinjiang desde hace 2 mil 500 años. En el siglo XVII pasó a jurisdicción de la dinastía manchú Qing y en la era actual de la República Popular China adquirió el estatuto de autonomía en 1954. En el torbellino de inestabilidad que generó la disputa por el poder en China entre nacionalistas y comunistas antes del triunfo de Mao Zedong en 1949, en Kashgar se proclamó la Primera República del Turquestán Oriental en 1933, aplastada al año siguiente por los nacionalistas del Kuomintang.
Tras la intervención soviética en la provincia, el control de Xinjiang fue asumido por Sheng Shicai hasta que el generalísimo Chiang Kai-shek, líder del Kuomintang, lo relevó ante el riesgo de que Moscú la anexara. Entre 1944 y 1949, se estableció la Segunda República del Turquestán Oriental con ayuda de los soviéticos.
Vecino del Tíbet. Como en el caso del vecino Tíbet, que Beijing declaró región autónoma en 1965, Xinjiang vive desde la reforma económica de 1978 una modernización acelerada y el mejoramiento de su nivel de vida, que ha contribuido a exacerbar las diferencias entre sus numerosos grupos étnicos.
Los Han, por ejemplo, se asentaron en las áreas urbanas del norte y la capital Urumqi, que genera 25% del PIB regional, mientras que en el sur predominan los uigures, que componen más de 45% de la población total (20 millones).
En los últimos 20 años, el islamismo radical que halló un caldo de cultivo propicio en Afganistán ganó adeptos en Xinjiang. Su agenda mezcla la intolerancia religiosa y el terrorismo con el nacionalismo uigur, agudizado por el rechazo a la migración interna. Una de las facciones afiliadas al Estado Islámico y Al-Qaeda es el Partido Islámico del Turquestán en Siria (TIP, por sus siglas en inglés), con presencia en Afganistán, Paquistán y Xinjiang.
Sus 4 mil efectivos en el país árabe han perpetrado masacres de cristianos y de sunitas moderados. Uno de los últimos reductos del TIP en Siria se ubica en la provincia de Idlib, bajo dominio de otro grupo integrista aliado, la Organización para la Liberación del Levante.
La amenaza que plantean estos grupos para la viabilidad de la BRI en Asia Central, el Cáucaso y Medio Oriente, igual que para otros proyectos de integración como la Unión Eurasiática impulsada por el Kremlin, jugó un papel importante para la entrada de Rusia al conflicto sirio en apoyo del gobierno de Damasco en 2015.
El estrechamiento de la alianza entre Beijing y Moscú influyó el seno de la Organización para la Cooperación de Shanghái, luego de que Abdul Haq, jefe del TIP, declarara: “China no es sólo nuestro enemigo, sino [es el] de todos los musulmanes”. Pese al descrédito del terrorismo, la diáspora uigur en Estados Unidos y la Unión Europea halló respaldo para hacerse escuchar.
Esta semana, el proclamado gobierno del Turquestán Oriental en el exilio y el Movimiento del Despertar Nacional del Turquestán Oriental solicitaron a la Corte Penal Internacional investigar por “genocidio y crímenes contra la humanidad” a dirigentes chinos, incluyendo al presidente Xi Jinping. Argumentaron que disidentes uigures fueron deportados de Tayikistán y Camboya a Xinjiang, donde se les torturó, además de ser sometidos a esterilización y matrimonio forzoso. Otras minorías de origen turco o turcomano, como los kazajos y kirguizos, señalaron, son blanco de desapariciones, encarcelamiento en “campos de reeducación” y eliminación de sus lenguas.
La oleada de denuncias empezó a la par del fracaso de las negociaciones comerciales con Washing- ton en noviembre, después de que el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación y medios de Estados Unidos difundió presuntos documentos internos chinos que probarían la detención de un millón de uigures desde 2017.
“La mente maestra”. Le siguieron las sanciones contra Chen Quanguo, “mente maestra” de la represión en Xinjiang y otros funcionarios chinos, que Beijing respondió al sancionar a los senadores Ted Cruz y Marco Rubio, así como a Sam Brownback, embajador para Libertades Religiosas y la firma Lockheed Martin.
La semana pasada, además, Mike Pompeo, secretario de Estado, advirtió que Washington y sus aliados no tolerarán la conducta de “imperio marítimo” de Beijing en el mar del Sur de China. Rechazó sus reivindicaciones en la zona.
En el frente comercial y tecnológico, Gran Bretaña accedió a las demandas de Washington para suspender el desarrollo de su red de telecomunicaciones con equipo de Huawei y desmantelar para 2027 el ya existente. Un nuevo movimiento se produjo esta semana, con la acusación del Departamento de Justicia contra dos exestudiantes chinos de ingeniería en Spokane, por tratar de robar datos sobre una vacuna para el Covid-19.
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