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“Extrañaba a mi mamá y a mis hermanas”, dijo con voz muy finita Rosa María Herández, la niña mexicana indocumentada con parálisis cerebral, quien pasó 10 días detenida en un centro de la Patrulla Fronteriza en la ciudad de San Antonio.
Su mamá, Felipa Delacruz, la recibió en un hotel de Laredo, Texas, donde se hospedó para evitar a la prensa nacional e internacional que esperaba a Rosa María y que seguía el caso. “[Estoy] feliz, feliz; mi felicidad no la puedo describir”, aseguró Felipa a EL UNIVERSAL, al tratar de explicar cómo se siente ahora que está de nuevo con su hija.
“Desde que nos vimos nos pusimos a llorar de felicidad, no dejábamos de abrazarnos, su papá junto con nosotras y sus dos hermanas”, relató la madre, quien dijo que vivió un infierno cuando la Patrulla Fronteriza detuvo a Rosa María.
“El abogado [Álex Gálvez] fue quien me avisó y no lo podía creer, ha sido un momento increíble (…) Me había dicho que a más tardar en tres semanas la soltarían, pero gracias a Dios fueron sólo 10 días”, dijo con alegría.
La pequeña fue detenida el 24 de octubre en un hospital de Corpus Christi, después de una operación de emergencia de vesícula, y llevada a un centro de detención para menores en San Antonio, donde permaneció hasta el 4 de noviembre. El motivo de su arresto fue su condición de migrante indocumentada, por lo que Rosa María enfrenta la deportación a México.
Su liberación se logró tras 10 días de protestas por parte de organizaciones como la Unión Americana de Derechos Civiles (ACLU), políticos como Joaquín Castro y abogados especializados en temas migratorios.
César Hernández, el papá de Rosa María, fue quien la recibió afuera del centro de detenciones. “Yo iba a tratar de verla, llegué a las 11:00 [de la mañana], que comienza la visita, y estuve hasta la 1:00 preguntando por ella y viendo la manera de entrar. De repente un oficial me preguntó si yo era el papá y cuando le dije que sí, me contestó: ‘Ya se la va a llevar’.
“No entendía bien lo que quería decir ni lo que iba a pasar, pero esperé y vi entrar a la enfermera que la había atendido en el hospital y a su maestra de la escuela, y al final me dieron a mi niña”, comentó lleno de emoción.
“No lo podía creer y, la verdad, luego, luego me subí al vehículo en el que venía y me la traje a la casa; no fuera a ser que se hubieran equivocado”, relató con un poco de humor el señor Hernández.
“Yo trataba de estar al pendiente de donde estuviera ella —Rosa María— en el hospital o cuando la detuvieron. A veces podía varios días seguidos y a veces no, pero siempre estaba al pendiente, porque mi esposa no podía venir”, dijo a EL UNIVERSAL.
El abogado Gálvez explicó que las personas que entraron al centro de detención fueron en calidad de testigos de que los padres de la menor pueden quedar como “guardianes” de su hija, ya que cuentan con integridad moral y material para mantenerla y cuidarla.
“Esto no termina aquí, apenas comienza, porque la orden de deportación aún está vigente, sólo que Rosa María no va a estar detenida. Pero creemos, y de acuerdo con mi experiencia, que vamos a lograr que se detenga esa orden de deportación porque hay muchos elementos que juegan a favor de la menor y que van a ayudar”, aseguró.
Los trabajadores indocumentados que llevan 10 años o más en el país pagando impuestos, sin récord policiaco y uno o más hijos nacidos en Estados Unidos, “tienen una buena probabilidad de conseguir quedarse en el país de manera legal, con un permiso de trabajo”, indicó Gálvez; “pero cada caso es único y particular, así que no podemos generalizar ni adelantar nada”.
El abogado agregó que en el caso de Rosa María, las autoridades “reconocieron que se trata de una niña con necesidades y cuidados especiales, que necesita muchas cosas en el día a día, como clases especiales y una rutina que ella sigue diariamente, y sacarla de su contexto la iba a hacer retroceder y por eso era muy importante lograr su liberación”.
Además, se sienta un precedente, porque “cada vez que la Patrulla Fronteriza detenga y encierre a menores con necesidades especiales, este caso va a ayudar a que liberen a esas personas”, dijo Gálvez.
“Lo importante ahora es seguir el camino legal que ayude a la familia Hernández a dos cosas: la primera detener la deportación de Rosa María, y la segunda, buscar que puedan quedarse legalmente y en eso vamos a estar trabajando”, planteó.
Para César Hernández todos estos días le dejan un mensaje que comparte con la comunidad inmigrante indocumentada: “No hay que perder la esperanza, primero que nada. Yo miraba todo perdido, pero todo resultó muy bien. Teniendo fe en Dios. Hay mucha gente que nos ayudó y estamos muy agradecidos con todos ellos”.
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