“También me infecté en mi trabajo”: médico

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Jesús Corres trabaja en Urgencias del Hospital Ramón y Cajal. Foto: Cortesía
Mundo 26/04/2020 01:17 Luis Méndez / Corresponsal Actualizada 01:39
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Madrid.- Jesús Corres trabaja como médico en el servicio de urgencia del Ramón y Cajal, uno de los hospitales más importantes de Madrid. Acostumbrado a todo tipo de emergencias, su jornada laboral se ha vuelto más dura y exigente desde que arribó la pandemia a España. No sólo debe atender a los demás; también tiene que protegerse a diario para evitar cualquier contagio en una zona de choque, a la que llegan muchos enfermos en estado crítico.

Sin embargo, no consiguió resguardarse del todo; finalmente lo derribó el coronavirus.

"Yo también me infecté por Covid-19 en mi trabajo y he tenido que estar aislado en casa durante 15 días. En ese tiempo he permanecido en una zona completamente recluido. Afortunadamente he tenido espacio suficiente para no contactar con mi mujer, con la que convivo. Cada uno en una parte de la casa mientras ha durado esta situación", señala a EL UNIVERSAL el médico español, quien ya se reintegró a su empleo.

La carga laboral del personal sanitario ha crecido vertiginosamente desde que el gobierno de Pedro Sánchez  decretó el estado de alarma el pasado 14 de marzo, justo cuando la pandemia comenzaba a propagarse en el país ibérico, uno de los más afectados del mundo, pero los equipos de protección y las medidas de seguridad en muchos hospitales siguen siendo insuficientes.

"El alto número de personas contagiadas dentro de los sanitarios nos indica que las cosas no se han hecho bien. Hemos tenido equipos de protección individual deficientes, sobre todo al principio de la pandemia, y una mala organización que ha hecho que las áreas de urgencias no estuvieran adecuadamente selladas para evitar los contagios", lamenta el facultativo del hospital madrileño.

El aislamiento que sufren los pacientes sin poder estar con sus familiares durante la enfermedad es tremendo, especialmente en los casos graves y en el de los ancianos. Morir solo es muy triste, resalta Corres cuando se le pregunta sobre las imágenes más impactantes que está dejando la pandemia, más allá del recuento de los fallecidos.

Su ciclo laboral está determinado por la gravedad de la pandemia. Acude a diario a la sección de urgencias del hospital, que se ha convertido en un servicio Covid-19 casi por completo.

"Los pacientes son atendidos en distintas áreas, según su gravedad. Se realiza su exploración, la analítica, la toma de muestra para PCR de Covid-19 y el estudio radiológico. Pautamos el tratamiento inicial con oxigenoterapia y broncodilatadores. Por tanto, mi actividad es repetida: evaluación de los pacientes, solicitud del estudio, ver los resultados y establecer el tratamiento a cada paciente que tengo asignado", relata.

Sobre el tributo que cada día, a las ocho de la tarde, reciben por parte de los ciudadanos que se asoman a sus balcones y ventanas para aplaudir y vitorear al personal sanitario, el médico reconoce que siempre es alentador que se reconozca su trabajo, pero matiza que están realizando su actividad con la entrega que se precisa.

"No queremos ser héroes, sino profesionales con los medios adecuados para realizar nuestro trabajo Son muchos los sanitarios que han enfermado, lo que denota que no se han hecho bien las cosas para prevenir los contagios en los hospitales".

Obviamente, como cualquiera en su situación, el médico de urgencias trata de desconectar cuando finaliza su jornada laboral.

"Soy un apasionado de los deportes al aire libre, como el senderismo o la bicicleta de montaña que ahora no puedo practicar. Hago algo de actividad física en casa, leo y también aprovecho para participar en proyectos de investigación sobre Covid-19, en coordinación con el servicio de radiología y de bioestadística de mi centro", indica.

Sobre la gestión de la pandemia en España, el galeno del hospital Ramón y Cajal apunta que seguramente ha podido ser mejor, pero también añade que a toro pasado todos se convierten en expertos.

"Cuando vemos cifras como las de Alemania, con una tasa más baja de mortalidad, nos debemos preguntar por los motivos. Ellos tienen muchas más camas de UCI (Unidad de Cuidados Intensivos), por habitante. Debemos revisar cuál es el estado de nuestra sanidad y mejorarla, para que en futuras situaciones lo podamos hacer mejor. Invertir en sanidad es lo mejor que cualquier sociedad puede hacer", enfatiza Corres tras lamentar lo sucedido en las residencias de ancianos donde se han registrado miles de fallecimientos, muchos de ellos en condiciones deplorables.

"También es una oportunidad para el aprendizaje profesional y personal"

Ney Arencibia es otro de los tantos médicos que en España batallan a diario contra el coronavirus. Especialista en nefrología, desempeña su labor en la sección de hemodiálisis del Hospital Universitario de Donostia (San Sebastián), en el País Vasco.

"Dentro de lo trágico de las circunstancias, la pandemia también representa una oportunidad para el aprendizaje personal y profesional que ha sido inmensurable. Resulta gratificante ver cómo todos mis compañeros sacábamos lo mejor de nosotros, trabajamos en equipo, de forma muy coordinada y tratando de anteponernos ante los posibles casos positivos que nos podían llegar", señala antes de subrayar que el ritmo de generación de información nueva está siendo vertiginoso.

El médico reconoce que él personalmente nunca tuvo problemas para disponer de EPI (equipos de protección individual), aunque muchos hospitales españoles registran carencias.

"Mi mayor temor es no tener EPI, ya que para mí supone no sólo poder contagiarme y enfermar; también ser vector de transmisión de la enfermedad, ser yo quien contagie a mi familia y al resto de la población. Psicológicamente es una situación difícil de manejar, no puedes dejar de atender a tus pacientes porque tu conciencia no te deja, pero sabes que si los atiendes sin equipos adecuados puedes ser tú quién contribuya a propagar más la enfermedad. Es un círculo vicioso agotador".

El especialista echa en falta sobre todo a su familia, que vive en Cuba y que también está cumpliendo la cuarentena, algo que de algún modo le tranquiliza.

"Por otro lado, me gustaría saber si pasé la infección o no, realizando la serología (si estoy inmunizado), esto me haría ir un poco más relajado mientras trabajo en el hospital", concluye el nefrólogo.  

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