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Washington.— El 10 de diciembre, Rosa Gutiérrez López tenía que regresar a El Salvador por orden del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE). En cambio, se refugió a 14 kilómetros de la Casa Blanca.
Según activistas, la salvadoreña se convirtió en la primera inmigrante no autorizada en refugiarse en un templo religioso ubicado en el área metropolitana de Washing-ton con la esperanza de permanecer definitivamente en el país junto a sus tres hijos, estadounidenses por nacimiento. “Me siento bien porque pienso que migración no puede entrar acá”, dijo Rosa en entrevista con The Associated Press en la capilla de la iglesia Cedar Lane Unitarian Universalist. “Es un santuario que ellos respetan”, agregó.
Si bien Rosa es legalmente una fugitiva que puede ser arrestada en cualquier momento, el ICE suele considerar a las iglesias como “lugares sensibles” y generalmente no persigue a personas que se encuentren en su interior.
La centroamericana de 40 años llegó a Texas en 2005. Fue detenida y al no asistir a su audiencia, se ordenó su deportación. Pero siguió en EU. En mayo de 2017 se le colocó un brazalete electrónico y se le ordenó dejar el país el pasado 10 de diciembre. Pero ella se niega a abandonar a sus tres hijos, especialmente al menor, de seis años y quien padece síndrome de Down. Y en El Salvador, dice, sus vidas corren riesgo por las pandillas.
Rosa está refugiada en la iglesia Cedar Lane, una de las 12 congregaciones en el área capitalina que ha adelantado preparativos legales y logísticos para brindar santuario a inmigrantes en situación de riesgo. En todo el país, al menos 50 indocumentados están refugiados en templos religiosos.
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