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Madrid.— El rey emérito de España, Juan Carlos I, fue un emblema de la democracia española que ayudó al país en la transición posfranquista; hoy, en cambio, se aleja del país, acorralado por escándalos de corrupción.
Lejos quedan los tiempos en que un joven Juan Carlos, designado como sucesor del dictador Francisco Franco, era coronado en 1975 y se deshacía rápidamente de la pesada herencia franquista.
Una reputación dañada por sus acciones en medio de la crisis económica de 2008, junto con sus problemas de salud, lo llevaron a abdicar a favor de su hijo Felipe VI en 2014. Cinco años después, se retiraba de la vida pública.
Pero el monarca emérito se encontraba en una situación por demás complicada, investigado por la justicia de Suiza y España por presunta corrupción y con un clamor creciente pidiendo que saliera de la Zarzuela para salvar a la monarquía.
Una gestión opaca de dinero entregado por Arabia Saudita al antiguo jefe de Estado, en particular 100 millones de dólares que habría recibido secretamente en una cuenta en Suiza en 2008 y supuestas estructuras en paraísos fiscales para evadir impuestos, destapados por su examante, Corinna Larsen, acabó con su prestigio.
La derecha española expresó su “respeto” a la decisión de Juan Carlos de abandonar España. Pero la izquierda denunció lo que llama “huida” del monarca emérito. El líder de Podemos, Pablo Iglesias, dijo que aquel debería responder por sus actos ante España y qye la monarquía queda “muy comprometida”.
Juan Carlos I ya no está en España. Según medios portugueses, se trasladó a Estoril, donde vivió de niño.
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