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Cuando se empezó a idear un enorme desarrollo inmobiliario en la ciudad de Lublin, en Polonia, nadie se imaginó que tendría este final. Conforme fueron avanzando las planificaciones , la empresa constructora se comunicó con cada uno de los propietarios de los campos de la zona para ofrecerles comprar sus terrenos.
A medida que fueron cerrando los contratos, empezaron a edificar torres de departamentos y a trazar un centro urbano con calles, tendidos eléctricos y otros servicios fundamentales para la cotidianidad. Sin embargo, una persona se manifestó en contra del proyecto: Michal Myslowski.
El hombre rechazó oferta tras oferta y nunca cedió. Mientras las construcciones avanzaban, su campo continuaba intacto entre el pavimento y la presión de los empresarios no impactaba en absoluto en su determinación.
Una vez que las obras concluyeron, los nuevos vecinos se instalaron en sus casas y oficinas y el terreno de Myslowski se convirtió en un inusual pulmón verde en medio de la ciudad. Hoy, su cosechadora amarilla forma parte indefectible del paisaje de Lublin.
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“A la gente le parece bien, entienden qué es lo que tengo que hacer. Incluso miran y graban videos”, expresó el propietario del campo en diálogo con medios locales.
Con la noticia en todos los portales y diarios de Europa , los periodistas empezaron a hablar con los residentes para conocer su opinión.
“No me molesta en absoluto, es mejor tener una vista así que mirar por la ventana y solo ver edificios”, indicó la vecina Katarzyna en diálogo con Dziennik Wschodni.
Siendo un atractivo incluso para los más chicos, el momento de la cosecha se convirtió en una excusa para el encuentro y la celebración en la comunidad. Y, como no podía ser de otra manera, Myslowski y su cosechadora amarilla se convirtieron en un verdadero fenómeno viral.
lsm
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