Bagdad.— El papa Francisco reclamó “que se callen las armas”, y afirmó que “el odio, la violencia y el derramamiento de sangre” son “incompatibles” con las religiones, durante el encuentro que mantuvo con una representación de los religiosos y religiosas de Irak, país al que llegó ayer para una visita de varios días.

Durante su estancia, que terminará el lunes tras recorrer mil 445 kilómetros especialmente por aire para evitar las zonas donde se esconden los yihadistas, el Pontífice argentino también tenderá la mano a los musulmanes y se reunirá con el gran ayatolá Alí Sistani, la máxima autoridad chiita.

A su llegada a la catedral de Nuestra Señora de la Salvación de Bagdad, los cristianos le recibieron con cantos y coros y se acercaron a saludarle, con distancia de seguridad, en el interior, donde le esperaban un centenar de religiosos.

El Papa recordó que en esta catedral, en octubre de 2010, fallecieron en un ataque terrorista 59 personas, entre ellos dos sacerdotes, que junto a otros 46 fieles cristianos están en proceso de beatificación. Las fotografías de estos “mártires” se encuentran en el altar, mientras algunos trozos de cristal recuerdan los lugares donde fueron encontrados los restos de los cuerpos.

El líder religioso explicó que sus muertes “recuerdan con fuerza que la incitación a la guerra, las actitudes de odio, la violencia y el derramamiento de sangre son incompatibles con las enseñanzas religiosas”.

Francisco recordó a todas las víctimas “de la violencia y las persecuciones, pertenecientes a cualquier comunidad religiosa”. Tras la invasión de los terroristas del Estado Islámico (EI) en 2014 en el norte de Irak, minorías como los cristianos y los yazidíes fueron asesinados y perseguidos. Actualmente en Irak la comunidad cristiana no llega a las 300 mil personas cuando en 2013 era de 1.4 millones.

“Basta de violencia, de extremismos, de facciones, de intolerancias”, dijo el Papa. Basta también de “corrupción”, el motivo por el que cientos de miles de iraquíes manifestaron a fines de 2019. Entonces, Francisco también urgió al país a dejar de reprimir a sus jóvenes que pedían justicia. “Hay que construir la justicia”, reiteró.

El patriarca de Babilonia de los caldeos, el cardenal Lous Raphael Sako, recordó en su discurso inicial ante el Pontífice que los cristianos han sido sometidos en los últimos años a grandes dificultades y periodos de persecución y que con la invasión del EI unos 150 mil tuvieron que huir de la Llanura de Nínive. Y, “a pesar de este dolor, damos gracias a Dios, que 50% han regresado”, añadió. Francisco explicó que el sábado, en Ur, se reunirá con los líderes de las tradiciones religiosas presentes en este país, “para proclamar una vez más nuestra convicción de que la religión debe servir a la causa de la paz y de la unidad entre todos los hijos de Dios”.

El líder religioso afirmó que la riqueza del país son sobre todo sus jóvenes, cuya “paciencia ya ha sido puesta a prueba duramente por los conflictos de estos años”.

El Papa animó a los cristianos que tanto han sufrido y les indicó que, aunque “es fácil contagiarnos del virus del desaliento que a menudo parece difundirse a nuestro alrededor (...), el Señor nos ha dado una vacuna eficaz contra este terrible virus, que es la esperanza que nace de la oración perseverante y de la fidelidad”. También abogó por la unidad de las diferentes iglesias cristianas presentes en el país.

El Papa viajará a Nayaf, Ur, Erbil, Mosul y Qaraqosh. En cada etapa, sólo verá a pocos centenares de fieles, salvo por la misa del domingo en un estado del Kurdistán, en presencia de varios miles.

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