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Algunos de los niños que sobrevivieron la masacre en Texas contaron a los medios de comunicación locales el horror que experimentaron cuando un adolescente de 18 años comenzó a disparar con sus rifles recientemente comprados en la Escuela Primaria Robb, matando a 19 niños y dos profesoras, en una tragedia que ha cambiado para siempre la historia de Uvalde, una pequeña localidad de 16.000 habitantes situada cerca de la frontera con México.
“Estábamos asustados y la profesora empezó a decirnos que podíamos rezar”, dijo Timothy Silva, de 8 años, a CBS News.
El niño de segundo grado, que estaba en el aula de al lado, dijo que su maestra reaccionó rápidamente, cerrando la puerta y pidiéndoles que se escondieran. “Empezó a gritar y no pensé que fuera un simulacro porque lo habrían anunciado”, agregó.

La madre de Silva, Amberlin Díaz, esperó 40 agónicos minutos para saber que su hijo estaba a salvo. “Pensaba que el tirador estaba disparando por todas partes, que iba a atravesar una de las paredes y dispararle. Estaba muy asustada”, contó.
“Me alegro de que no me dispararan”, dijo Silva.
“¡Es hora de morir!”
Por su lado, un estudiante de cuarto grado compartió detalles desgarradores del momento en que Salvador Ramos entró en su aula y dijo a los estudiantes aterrorizados: “¡Es hora de morir!”
El alumno dijo a KENS 5 que él y cuatro compañeros de clase se refugiaron bajo una mesa cubierta con un mantel cuando el atacante enloquecido irrumpió después de volar otra puerta.
“Cuando escuché los disparos a través de la puerta, le dije a mi amigo que se escondiera debajo de algo para que no nos encontrara”, indicó. “Me escondí y le dije mi amigo que no hablara porque nos iba a oír”.
“[El agresor] Entró y se agachó un poco y dijo: ‘¡Es hora de morir!’”, siguió con el relato.

“Cuando llegó la policía, el oficial dijo: ‘¡Griten si necesitan ayuda! Y una de las personas de mi clase gritó: ‘¡Ayuda!’”, agregó el niño. “El chico escuchó, entró y le disparó. El policía irrumpió en el aula. El chico [Ramos] disparó al policía. Y los policías empezaron a disparar”.
El alumno de cuarto grado contó que después del horrible ataque, él y los demás salieron de su escondite, lo que puede haber impedido que Ramos los viera. “Simplemente corrí la tela y saqué la mano. Salí con mi amigo. Sabía que era la policía. Vi la armadura y el escudo”, explicó.
El niño también reconoció a las profesoras asesinadas Irma García y Eva Mireles. “Eran buenas maestras. Se pusieron delante de mis compañeros para ayudarlos. Para salvarlos”, afirmó y añadió que hablar con su familia y con un consejero sobre el horror lo ayudó a enfrentar el trauma.
“Me gustaría decir a todos los niños y a sus padres que estén seguros”, concluyó.
El relato del joven sobreviviente sobre el ataque se produce cuando se ha revelado que el atacante pasó más de 40 minutos dentro de la escuela mientras los testigos instaban desesperadamente a la policía a entrar en el edificio. Ramos se había atrincherado en el aula antes de abrir fuego contra los estudiantes y los profesores que se encontraban dentro.
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La policía local, la policía estatal y 80 agentes de la Patrulla Fronteriza acudieron al lugar de los hechos, donde los agentes de la CBP finalmente entraron por la puerta entre 40 minutos y una hora después, cuando un miembro del personal les dio una llave.
Cuatro de los 80 agentes de la Patrulla Fronteriza entraron en el edificio y mataron a Ramos, según un funcionario de Aduanas y Protección Fronteriza.
El jefe de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos, Raúl Ortiz, dijo el miércoles a la CNN que, en cuanto llegaron los agentes de la Patrulla Fronteriza, “no dudaron”.
Tristeza y cólera por masacre en Uvalde
La matanza, la peor en un colegio del país desde hace una década, sacudió una localidad tranquila y la sumió en una mezcla de incomprensión y cólera.
“Tengo el corazón roto ahora mismo”, dijo a la prensa Ryan Ramirez durante una vigilia por las víctimas mientras su esposa lloraba en silencio y abrazaba a su otra hija.
”Ella era una verdadera artista” y aspiraba a la grandeza, dijo Ramírez, hojeando un portafolio de las coloridas pinturas de Alithia.
“No hay palabras para este tipo de situaciones. Estamos tratando de hablar con nuestra acción, con nuestra presencia, con nuestro apoyo, con nuestra oración”, dijo Matthew de León, un pastor en Ulveda a CBS News. “Estamos dispuestos a ayudarles inmediatamente con asesoramiento en el duelo, con ayuda económica, con la vivienda que necesiten o cualquier otra ayuda”.
La tragedia multiplica la cólera y las preguntas sobre cómo limitar la venta de armas en el país, un control que podría haber evitado esta matanza.
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