Como si Nayib Bukele fuera su mentor, la politóloga derechista Laura Fernández, que este domingo ganó las elecciones presidenciales de Costa Rica, hizo una promesa al presidente salvadoreño: la política de seguridad de “mano dura” será la prioridad de su gobierno.
De 39 años, Fernández, politóloga de 39 años, obtuvo el 48.3% de los votos, ocho puntos más de los necesarios para ganar en primera vuelta, según el 94% del escrutinio del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE). Ella es la heredera política del presidente Rodrigo Chaves, también admirador de Bukele y en cuyo gobierno dirigió dos ministerios.
La autodenominada “candidata de la continuidad” promete concluir una cárcel inspirada en la megaprisión de Bukele para pandilleros, aumentar las penas e imponer estados de excepción en zonas conflictivas, como el que rige en todo El Salvador.

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Bukele fue el primer mandatario en felicitar, vía telefónica, a la “presidenta electa”. “Le deseo el mayor de los éxitos”, escribió en X.
“Puede estar seguro de que (...) la seguridad seguirá siendo una de las más altas prioridades”, dijo a Bukele en un video de propaganda electoral cuando este abogó por la continuidad de los proyectos de Chaves.
Sus opositores la tachan de “oportunista” por adoptar el modelo de Bukele, muy popular porque acabó con la violencia en su país, pero señalado por grupos humanitarios de abusos, detenciones arbitrarias y hasta torturas bajo el régimen de excepción.
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Su rival más cercano fue el economista socialdemócrata Alvaro Ramos (33%). Será la segunda mujer que gobierne Costa Rica, uno de los países más estables de la región, tras el mandato de Laura Chinchilla, quien también ganó en primera ronda en 2010.
Fernández, quien dice relajarse cocinando, siempre lideró las encuestas bajo el paraguas de Chaves, a quien sus rivales califican de “populista” y cuyo discurso confrontativo y sarcástico goza de aprobación.
Nacida en Puntarenas, puerto del Pacífico golpeado por el narcotráfico, Fernández es tan incondicional a Chaves que sus rivales afirman que él será el poder detrás del trono. Ella no descarta incorporarlo en su gobierno.
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Según las proyecciones del Congreso, la oficialista lograría una treintena de 57 escaños, una mayoría que no le alcanza en principio para hacer cambios en el poder judicial, al que el gobierno culpa del aumento de la violencia criminal en el que ha sido considerado por décadas uno de los países más seguros del continente.
Tampoco para reformar la norma constitucional que obliga a Chaves a esperar dos periodos de cuatro años para volver a postularse. Sin embargo, no se descartan alianzas en el Congreso que lo permitan.
Chaves es sarcástico y su discípula adoptó el estilo. “Su tono es grosero y populista, una mala copia del presidente”, la describió la exmandataria Laura Chinchilla.
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Especialista en políticas públicas, en campaña incendió a sus adversarios cuando manifestó que no quería “pelear con cerdos para no terminar embarraliada (llena de barro)”.
Hija de un agricultor y una profesora, cuenta que fue criada entre vacas y gansos, y que en sus vacaciones escolares ayudaba en una ferretería familiar de San José empacando clavos.
Le gusta la pesca, correr, y es amante de los postres. “Soy muy golosa”, dice. Tenía 19 años cuando consiguió su primer trabajo en un proyecto de la cooperación alemana.
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Se considera “liberal en lo económico y conservadora en lo social”, aunque cuenta que siendo menor de edad logró entrar a bares y discotecas con cédula falsa.
Estudió en un colegio de monjas, es católica, está casada en segundas nupcias y tiene una niña de tres años, nacida tras un embarazo de alto riesgo.
“Si usted está a favor del aborto, la eutanasia y cree que la familia no es importante, aquí no es”, afirma.
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En su discurso de victoria, en el que sorpresivamente no aludió a la violencia criminal, la futura mandataria sostuvo que “nunca” permitirá el “autoritarismo”.
Se declaró una “demócrata convencida” y “defensora de la libertad”, aunque atacó duramente a la prensa, como suele hacerlo Chaves.