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Jerusalén.— Las autoridades israelíes estaban ayer bajo creciente escrutinio por ignorar las advertencias de falta de seguridad en uno de los lugares sagrados más visitados de Israel, mientras el país estaba de luto por la muerte de 45 judíos ultraortodoxos en una estampida el viernes.
El desastre en el Monte Merón también calentó el debate sobre el papel de la minoría ultraortodoxa en Israel y la negativa de algunos de sus líderes a reconocer la autoridad del Estado. El festival atrajo a unas 100 mil personas, la mayoría de ellos judíos ultraortodoxos, después de que, según informes, poderosos políticos ultraortodoxos presionaron al primer ministro Benjamin Netanyahu y a otros para que levantaran las restricciones de asistencia.
El domingo, un grupo de comisionados de policía retirados pidieron al primer ministro lanzar una comisión independiente con amplios poderes para investigar, incluyendo a políticos de alto rango, yendo más allá de la investigación del Ministerio de Justicia que está en curso y la cual está indagando la respuesta de los policías que estaban en el sitio.
El juego de culpas se produce mientras el gobierno de Netanyahu pende de un hilo. Después de las elecciones inconclusas de marzo, sus posibilidades de formar una coalición gobernante y permanecer en el poder parecen estar disminuyendo. Sus aliados políticos ultraortodoxos ocuparían un lugar destacado en cualquier gobierno liderado por Netanyahu.
La estampida, el desastre civil más mortífero en la historia de Israel, ocurrió la madrugada del viernes durante el festival Lag Ba’omer en el Monte Merón en el norte del país. Se cree que aquí es donde fue sepultado el prominente sabio del siglo II, el rabino Shimon Bar Yojai. En las celebraciones anuales de primavera hay cantos y bailes y se encienden grandes hogueras.
Las festividades de este año siguieron adelante a pesar de las restricciones nacionales debido al coronavirus y que impiden reuniones de más de 500 personas al aire libre. Además, desde hace años ha habido críticas hacia las autoridades por la seguridad cuando se realizan reuniones masivas en este sitio. Una queja común que se escuchó después de la estampida fue que ninguna autoridad estaba a cargo de administrar la seguridad del festival.
“Desastre”, “Tragedia”, “Fracaso del gobierno”: las portadas de los primeros diarios publicados ayer en Israel desde la estampida estaban en negro —no hay prensa los sábados—, descanso de Shabat. Las exequias se reanudaron el sábado de noche.
Las autoridades finalizaron la identificación de los fallecidos, entre los cuales hay cuatro estadounidenses y dos canadienses.
Las banderas azules y blancas con la estrella de David estaban ayer izadas a media asta este domingo en los edificios gubernamentales con motivo del duelo nacional, mientras se multiplicaban los funerales, sobre todo en Bnei Brak, cerca de Tel Aviv y Jerusalén.
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