El ébola es una enfermedad viral grave y altamente infecciosa que ha causado algunos de los brotes de salud más mortales de las últimas décadas, principalmente en países de África.
La enfermedad, conocida oficialmente como Enfermedad por el virus del Ébola, puede provocar fiebre intensa, hemorragias y fallas orgánicas, además de tener una elevada tasa de mortalidad si no se detecta y atiende a tiempo.
La enfermedad fue identificada por primera vez en 1976, cerca del río Ébola, en la entonces Zaire, actual República Democrática del Congo, de donde tomó su nombre.

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Desde entonces, distintos brotes han encendido las alertas de organismos internacionales de salud debido a su rápida propagación y gravedad.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el virus se transmite por contacto directo con sangre, fluidos corporales o secreciones de personas infectadas, así como con objetos contaminados. También puede contagiarse mediante contacto con animales salvajes infectados, como murciélagos frugívoros o primates.
Entre los síntomas iniciales se encuentran:
Conforme avanza la enfermedad, pueden aparecer vómitos, diarrea, erupciones cutáneas, problemas renales y hepáticos, además de hemorragias internas y externas en algunos casos.
El periodo de incubación puede variar entre dos y 21 días.
Aunque suele relacionarse con hemorragias severas, especialistas advierten que no todos los pacientes presentan sangrado visible.
La gravedad depende del tipo de virus, la rapidez del diagnóstico y el acceso a atención médica especializada.
La tasa de mortalidad puede oscilar entre 25 y 90 por ciento, según el brote y las condiciones sanitarias.
La OMS subraya que el ébola no se transmite por el aire, el agua o los alimentos, sino únicamente por contacto físico estrecho con fluidos infectados. Por ello, el personal médico y quienes cuidan a pacientes enfermos forman parte de los grupos con mayor riesgo de contagio.
En años recientes, la ciencia ha avanzado en vacunas y tratamientos experimentales que han ayudado a reducir la mortalidad en algunos brotes.
Sin embargo, las autoridades sanitarias internacionales continúan considerando al ébola como una de las enfermedades infecciosas más peligrosas del mundo.
De acuerdo con la OMS, el ébola no tiene cura que elimine el virus de forma instantánea, pero existen tratamientos y terapias aprobadas para aumentar las probabilidades de supervivencia.
Entre los tratamientos aprobados por la Organización Mundial de la Salud se encuentra el uso de los anticuerpos monoclonales Ansuvimab e Inmazeb que funcionan en algunos tipos del virus del Ébola, especialmente la cepa Zaire, una de las más mortales. Estos medicamentos ayudan al sistema inmunológico a combatir la infección.
Además, el organismo internacional señala que la atención médica temprana sigue siendo fundamental. La hidratación, el control del dolor, la nutrición y el tratamiento de otras infecciones pueden mejorar considerablemente la recuperación de los pacientes.
En cuanto a la prevención, existen dos vacunas aprobadas contra el ébola:
Sin embargo, la OMS aclara que todavía no existen vacunas ni tratamientos autorizados para otras variantes del virus, como el ébola de Sudán, aunque continúan las investigaciones científicas para desarrollarlos.
La OMS declaró una emergencia de salud pública de importancia internacional ante el brote de ébola registrado en la República Democrática del Congo y Uganda, luego de que las autoridades reportaran al menos 88 muertes y más de 300 casos sospechosos relacionados con la cepa Bundibugyo del virus.
De acuerdo con diversos reportes de agencias periodísticas, la alerta fue emitida debido al riesgo de propagación regional, especialmente tras confirmarse casos en Goma, una ciudad estratégica y densamente poblada del este del Congo, así como contagios en Uganda.
La OMS advirtió que aún existe incertidumbre sobre el verdadero alcance del brote y señaló que la cepa Bundibugyo no cuenta actualmente con vacunas ni tratamientos específicos aprobados.
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, indicó que la situación representa el segundo nivel más alto de alerta sanitaria internacional, aunque aclaró que por ahora no cumple con los criterios para ser considerada una pandemia.
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