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Quito.— El presidente ecuatoriano Lenín Moreno decretó ayer un toque de queda en algunos sitios estratégicos para el gobierno, horas después de que miles de manifestantes indígenas irrumpieran en el edificio de la Asamblea al recrudecerse las protestas en Quito y otras zonas de la nación andina en rechazo al alza de los precios de los combustibles.
El toque de queda aplicará en los alrededores de instalaciones clave y de edificios de funciones del Estado entre las ocho de la noche y las cinco de la mañana mientras dure el estado de excepción, que se utiliza para restringir derechos ciudadanos y facultar al Estado a efectuar requisiciones si lo considera necesario, y en este caso fue decretado por 30 días.
El ministro de Defensa, Oswaldo Jarrín, aclaró que de esa manera se busca proteger también puertos, aeropuertos, refinerías, puntos de abastecimiento de agua, energía, antenas de telecomunicaciones, entre otros.
La Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (Conaie) rechazó la restricción, diciendo que muestra “la debacle” del gobierno y “la incapacidad de las autoridades para responder frente a la movilización social”.
En la tarde, indígenas furiosos ingresaron a la Asamblea —donde no había funcionarios—, pero fueron desalojados por policías y militares con gas pimienta.
El presidente de la Asamblea, César Litardo, rechazó de manera tajante esa acción.
El contralor general, Pablo Celi, apareció horas antes con el presidente Moreno y los titulares de las principales instituciones del Estado y dio su explícito respaldo al mandatario. El país sudamericano de 17 millones de habitantes está simido en una crisis y paralizado por la falta de transporte público y carreteras bloqueadas que afectan a una economía ya vulnerable.
La violencia estalló la semana pasada cuando Moreno eliminó subsidios a los precios del diesel y la gasolina extra, y ha persistido causando, entre otras cosas, que varios pozos petroleros dejen de producir cerca de un tercio de la producción nacional de crudo, 560 mil barriles diarios.
Las autoridades confirmaron 19 heridos de diversa magnitud y 676 detenidos por obstaculizar el tránsito, suspender servicios públicos y agredir a la policía. En la capital los supermercados lucían con estantes vacíos o con pocos alimentos.
Moreno trasladó el lunes la sede del gobierno a la ciudad portuaria de Guayaquil, donde ratificó que mantendrá el aumento del precio de los combustibles, rechazó los saqueos y ataques, aunque al mismo tiempo reiteró su invitación al diálogo a los dirigentes de las protestas.
Su gobierno acordó el desmonte de los subsidios a los combustibles con el Fondo Monetario Internacional (FMI) a cambio de préstamos por 4 mil 209 millones de dólares.
Hoy tendrá lugar una movilización masiva en la capital ecuatoriana en la que además de indígenas participarán campesinos, sindicatos y otros grupos de inconformes.
Tanto Naciones Unidas como la Iglesia católica lanzaron una oferta para mediar en la crisis que ya fue aceptada por el gobierno ecuatoriano. “Están trabajando en los acercamientos” con líderes de los manifestantes, aseguró la ministra de gobierno, María Paula Romo.
“Súper bigotes”. El presidente venezolano Nicolás Maduro rechazó estar gestando una intentona golpista en Ecuador, como acusa Moreno. “Salió a decir Moreno que yo... muevo mis bigotes y tumbo gobiernos... Estoy pensando qué próximo gobierno puedo tirar con los bigotes... Soy súper bigotes”. El exmandatario ecuatoriano Rafael Correa también rechazó tener un rol en la crisis, pero llamó a elecciones anticipadas.
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