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Las elecciones presidenciales del domingo 31 de mayo en Colombia colocan al país ante dos modelos: el de Chile o el de México, en un escenario de alta polarización que podría transformarse en “violencia política”, advierte, en entrevista con EL UNIVERSAL, Alejandro Gaviria, exministro de Educación del gobierno de Gustavo Petro.
Las encuestas apuntan a que la elección no se definirá este domingo, sino que habrá segunda vuelta, el 21 de junio, entre los candidatos más votados, y a que Iván Cepeda, el candidato oficial, de izquierda, estará en esa segunda vuelta, probablemente con Abelardo de la Espriella, un independiente de extrema derecha. En tercer lugar se ubica Paloma Valencia, la candidata que apoya el expresidente Álvaro Uribe.
Alejandro Gaviria, académico, escritor y exrector de la Universidad de Los Andes, y autor de libros como Contra el Fanatismo: Ensayos para una Colombia Posible (Planeta), y La explosión controlada: La encrucijada del líder que prometió el cambio (Debate), describe el momento actual de Colombia como el de mayor polarización en el último siglo, una situación que —enfatiza— ha escalado desde 2016, cuando en un plebiscito ganó el No a los Acuerdos de Paz. “El riesgo hoy es que la polarización política se transforme rápidamente en violencia política y que vivamos una tercera ola de violencia. No olvidemos que un candidato presidencial fue asesinado en esta campaña [Miguel Uribe Turbay, del Centro Democrático]”, dice Gaviria, quien estuvo sólo siete meses en el gobierno de Petro, cuando fue separado por criticar la reforma a la Salud del Ejecutivo.

Colombia se encuentra ante dos modelos que cada vez parecen más extremos. Si bien en nuestra historia han existido siempre dos modelos, con otros nombres, hoy parecen más irreconciliables. ¿Qué piensa de esto?
—Pienso que son dos modelos en polos opuestos en varias dimensiones. Un modelo progresista que representa Gustavo Petro, y el otro modelo, que tiene aparentemente dos candidatos, pero donde el más opcionado es Abelardo de la Espriella, que representa una derecha alternativa que recoge elementos de [el presidente salvadoreño] Nayib Bukele y de [el mandatario argentino] Javier Milei. Esto se aleja de la tradición colombiana, donde los partidos siempre buscaban consenso de cierta estabilidad política. Desde el plebiscito sobre los Acuerdos de Paz, en 2016, Colombia viene en un camino creciente de polarización que alcanza en esta elección, 10 años después, su punto más alto.
¿Qué desafíos representa esta elección para Colombia?
—El primero tiene que ver con las finanzas públicas. Colombia hoy tiene uno de los déficits fiscales más altos de América Latina; el próximo presidente tendrá que hacer un ajuste con consecuencias sociales, y ese problema parece estar subestimado. En segundo lugar, Colombia, como México, ha venido perdiendo en la periferia del país el control del territorio. El gobierno de Petro puso en práctica una política de paz, que llamó de manera grandilocuente La Paz Total, pero que fracasó en el propósito de recuperar el control territorial, un desafío grande después del desgaste de un proceso de paz, entre comillas, fracasado. Con el sistema de salud, Colombia tiene otro desafío, es un tema que aparece como primero o segundo en las encuestas, y parece no haber salida.
Además, Colombia tiene el problema de la polarización, y para resolverlo, quien resulte electo, tendrá que buscar consensos, pero tendremos un Congreso muy dividido y eso imposibilita hacer reformas consensuadas.
¿Los candidatos están a la altura de esos desafíos del país?
—No parece ser así. Iván Cepeda no ha dicho mucho, lee los discursos, se presenta como alguien más racional y básicamente ha utilizado como trampolín la figura de Gustavo Petro, que tiene el peso de la opinión. Abelardo de la Espriella ha hecho una campaña en redes sociales, nunca ha tenido un cargo público, no conoce el Estado; se proyecta con un eslogan casi militarista: “Firmes por la patria” y “Colombia milagro”, básicamente es eso.
Usted estuvo en este gobierno. ¿Qué balance hace de él?
—Creo que el de Petro, en lo retórico, ha tenido éxito en presentarse como un gobierno de los sectores histórica y tradicionalmente excluidos en el país. En lo político, ha tenido éxito en presentar esa disyuntiva entre una élite que se ha olvidado de buena parte del país y un pueblo que él representa.
Eso contrasta con un gobierno ineficaz que no sólo ha desatendido muchos de los problemas principales, sino que los ha empeorado: en salud, en seguridad, en el tema fiscal, en servicios públicos, en energía —la principal empresa de Colombia, Ecopetrol, está casi destruida.
Colombia tuvo tres choques muy grandes: la pandemia en 2020, un paro nacional en 2021 y la alta inflación, cercana al 15%, en 2022. Cuando Petro llegó, esas cosas tendieron a rebotar; entonces ha presentado esa mejoría natural como un logro de su gobierno cuando no lo es.
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¿Qué opina de Petro?
—Es un líder populista, hábil. Voy a decirlo de una manera dura: no me parece una buena persona, es alguien que, a quienes han trabajado con él, está dispuesto a sacrificarlos y calumniarlos, como me ha ocurrido a mí, sin ningún tipo de reato moral. Es un presidente que utiliza la mentira como herramienta política. Pero tengo que aceptar que sigue articulando las frustraciones de sectores de la población que piensan y sienten, con razón, que viven en una sociedad injusta.
Porque el país sigue siendo muy desigual…
—Sí. Colombia tiene dos desigualdades: una territorial, con un centro moderno y una periferia que no lo es, y una desigualdad muy alta en el ingreso. Pero es también un país que ha progresado; lo digo en el libro Contra el fanatismo: en lo que va del siglo XXI Colombia ha reducido de manera sustancial la pobreza, ha tenido una tasa de crecimiento del 4% —mayor que la de casi todos los países de América Latina—, ha duplicado sus clases medias y tuvo avances en salud y educación, pero los están destruyendo.
¿Qué piensa de la Paz Total?
—Creo que la opinión mayoritaria es que la Paz Total ha fracasado. El candidato Cepeda defiende la idea de la paz, y nadie estaría en desacuerdo, pero yo utilizo el término de la “utopía regresiva”: todos estamos de acuerdo con la paz, pero tenemos que evaluar las políticas públicas que se han implementado para lograrla. La analogía de esto son los “Abrazos, no Balazos”, que intentó [el hoy expresidente] López Obrador en México. Petro tuvo tal vez la voluntad, pero nunca tuvo método.
Se avecinaría en América Latina una reconfiguración de ganar la derecha en Colombia y Perú. ¿Qué piensa?
—América Latina tiene un movimiento hacia la derecha: Chile, Argentina, Bolivia. Pero tenemos Brasil y México como excepciones. La pregunta en este momento es: ¿Colombia se va a parecer más a México o se va a parecer más a Chile? Si son De la Espriella y Cepeda los candidatos en la segunda vuelta, creo que Cepeda tendrá una leve ventaja, por tener la fuerza del Estado detrás, y por la naturaleza un poco radical de De la Espriella.
En ese caso ¿podríamos estar hablando del fin del uribismo?
—Creo que sí, porque lo que ocurrió con De la Espriella es que se quedó con las bases del expresidente Uribe, del Centro Democrático. Entonces, para Álvaro Uribe, que pierda su partido con un outsider... creo que sí significa el fin del uribismo.
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cdm
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