El presidente estadounidense, Donald Trump, lleva días advirtiendo al régimen iraní que deje de reprimir las manifestaciones que sacuden el país persa, y amenaza con algún tipo de intervención militar. ¿Qué es lo que quiere y cuáles son los riesgos? El martes, Trump mandó un mensaje a la ciudadanía iraní. “La ayuda está en camino”.
Pero el interés de Trump, señalan los expertos, está en otra parte.
Will Todman, investigador principal del programa sobre Medio Oriente del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, dijo que probablemente Trump está tratando de influir en el comportamiento del régimen iraní, más que de derrocarlo. “Los riesgos de un cambio de régimen son tan grandes que aún no creo que ese sea su objetivo principal aquí”, afirmó a BBC News. “Podría tratarse de más concesiones en las negociaciones nucleares. Podría ser para detener la represión. También podría ser para intentar implementar reformas que conduzcan a... algún tipo de alivio de las sanciones”.

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Para otros, las amenazas y acciones de Trump pasan por tener al régimen iraní en una posición más débil para sentarse a negociar. “Si la administración Trump considerara que existe una forma de debilitar lo suficiente al régimen iraní como para obligarlo a sentarse a la mesa de negociaciones en los términos de EU, eso podría ser otro factor” que impulse a Trump a atacar, advirtió a Time Mona Yacoubian, directora del Programa para Medio Oriente del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS).
También se trata, señalan los analistas, de una forma de presionar a fin de que Irán se aleje de China y de Rusia. Dan Alamariu, estratega geopolítico en Alpine Macro, empresa independiente de investigación de inversiones a nivel mundial, señaló a CNBC que las acciones de Trump en Venezuela, las amenazas de anexión a Groenlandia y lo que está haciendo con Irán, incluyendo las sanciones a los países que negocien con este país, tienen algo en común: China.
“La conexión es la rivalidad entre EU y China y, en menor medida, las fricciones estratégicas entre EU y Rusia”, explicó al medio. “EU simplemente no quiere que ni China ni Rusia —ni Irán, por cierto— operen desde Venezuela. No quiere la influencia económica china en Groenlandia, al tiempo que quiere contrarrestar los avances rusos en el Ártico. Y quiere debilitar a Irán y Venezuela, que son amigos de Beijing y Moscú”.
Irán, indicó Alamariu al medio, es el principal socio comercial de China. La línea dura de Trump con Irán se debe en parte al petróleo de Medio Oriente —“y China importa una parte significativa de su energía del golfo Pérsico”—, pero también a su capacidad nuclear y de misiles, su apoyo a movimientos que EU considera terroristas, su afán de hegemonía regional y su enemistad histórica con EU, detalló Alamariu. “El hecho de que Irán esté geopolíticamente más cerca de Rusia y China es otra razón”, añadió. Sin embargo, dijo, Trump no busca una confrontación directa con China.
Se trata de reducir su radio de influencia. Trump puede pensar que un ataque limitado, quizá al aparato represor iraní, puede alentar a los manifestantes y advertir al régimen de que algo peor podría ocurrir si persiste en sus acciones represivas. “Todo lo que Trump tiene que hacer es disparar para causar pánico en el régimen”, dijo a la BBC Bilal Saab, miembro asociado del Programa para Medio Oriente y el Norte de África en Chatham House. “Un ataque de Estados Unidos podría envalentonar a los manifestantes y distraer al régimen”.
Sin embargo, los riesgos no son menores. Por un lado, cualquier ataque conlleva el riesgo de provocar bajas entre los civiles, justo a quienes Trump dice querer proteger. “Podría endurecer la determinación del régimen y su aún amplia base de apoyo en todo el país. No sería sorprendente que se produjera una movilización en torno a la bandera”, afirmó a la BBC Saab. “Eso es más probable... si el ataque es simbólico o puntual”.
Aun si la administración Trump considera un ataque cinético “simbólico”, podría desencadenar una “escalada más amplia”, dijo Danny Citrinowicz, investigador sénior del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de EU, a CNBC. “El dilema está en su punto álgido: un ataque contundente podría socavar los esfuerzos represivos del régimen, pero al mismo tiempo podría conducir a una mayor cohesión dentro del régimen y a una escalada más amplia”.
“Dada la ausencia de liderazgo en la oposición, un ataque de este tipo podría lograr un éxito operativo, pero no estratégico”, añadió. Sin contar con que no hay garantías de que un ataque vuelva “dócil” al régimen iraní ante los deseos de Washington, el otro gran peligro es desencadenar un nuevo conflicto regional.
Irán advirtió que blancos de EU, e israelíes, serían considerados objetivos legítimos en caso de agresión de Trump. Las autoridades iraníes han prometido tomar represalias contra cualquier ataque, y el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Qalibaf, ha advertido a Washington contra “error de cálculo”.
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A pesar de los daños sufridos durante la guerra de 12 días con Israel el año pasado, en la que también intervino EU, Irán sigue contando con un importante arsenal de misiles balísticos. Y aunque sus aliados regionales se han visto muy mermados, siguen siendo capaces de actuar. “Este es otro ejemplo de cómo EU se involucra en algo sin un objetivo final claro”, alertó Jon Hoffman, experto en Medio Oriente del Instituto Cato a Time. “¿Una sola ofensiva va a derrocar al régimen? No lo creo. Y está claro que eso va a provocar más peticiones para que se intensifiquen las acciones” en la región.