El horizonte de Washington D. C., caracterizado por la solemnidad de sus monumentos y una estricta jerarquía visual, se enfrenta a lo que críticos y ciudadanos consideran una intrusión sin precedentes. El jueves, la Comisión de Bellas Artes dio un primer paso positivo hacia la aprobación de un gigantesco Arco del Triunfo propuesto por el presidente Donald Trump, un proyecto que ha despertado una oleada de críticas por su escala "desproporcionada" y su impacto en sitios históricos.
La estructura, que alcanzaría los 250 pies (unos 76 metros), está diseñada para ser el arco más grande del mundo, superando a su referente en París e incluso al Ángel de la Independencia, de 36 metros de alto o el Monumento a la Revolución con 67 metros, en la Ciudad de México.
El objetivo del mandatario es inaugurarlo antes del 4 de julio de 2026, como parte de las celebraciones por el 250 aniversario de la independencia de los Estados Unidos.

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El diseño, presentado por el secretario del Interior, Doug Burgum, y el arquitecto Nicholas Charbonneau, describe una mole de piedra coronada por una estatua de la Dama Libertad en bronce dorado de 18 metros de altura, flanqueada por dos águilas. En sus paredes se inscribirían las frases “One Nation Under God” y “Liberty and Justice for All”.
Ubicado en una rotonda de tráfico en Columbia Island, el arco se situaría exactamente entre el Monumento a Lincoln y la entrada al Cementerio Nacional de Arlington. Esta localización es el punto central del conflicto:
• Escala: Con 76 metros, sería más alto que el Monumento a Lincoln y el propio Capitolio, rompiendo la jerarquía simbólica de la capital.
• Obstrucción visual: Un grupo de veteranos de la Guerra de Vietnam ya presentó una demanda legal, argumentando que la estructura bloquea la conexión visual histórica entre el cementerio y el memorial de Lincoln.
• Estética: Críticos señalan que el diseño, que incluye cuatro leones dorados en su base, resulta ajeno al vocabulario arquitectónico de la ciudad.
Durante la sesión de la comisión, el secretario Thomas Luebke reveló un dato contundente: de los casi mil comentarios recibidos por la agencia, el 100 % fueron en contra del proyecto. Las cartas advierten que el arco establece un “precedente preocupante” al ignorar las normas de preservación histórica.
Incluso dentro de la Comisión de Bellas Artes, aunque la mayoría de sus miembros —nombrados por Trump— votaron a favor de seguir adelante, hubo voces de cautela. El comisionado James McCrery II sugirió que el arco podría ser más armónico si se redujera su altura a unos 166 pies (50 metros) y se eliminaran las estatuas superiores.
A pesar del visto bueno preliminar de la comisión, el camino para el arco de Trump no es sencillo. El proyecto aún debe superar revisiones exigentes bajo la Ley Nacional de Política Ambiental y la Ley Nacional de Preservación Histórica.
Además, la ubicación propuesta está a pocos metros de la ruta de aproximación de los vuelos que aterrizan en el Aeropuerto Nacional Reagan. Debido a su altura, la Administración Federal de Aviación (FAA) deberá evaluar si la estructura representa un riesgo para la seguridad aérea antes de que se ponga la primera piedra.
Por ahora, el proyecto sigue adelante como una prioridad personal del presidente, quien busca dejar una marca imborrable —y de dimensiones colosales— en el corazón político de la nación.
cc/mcc