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A lo largo del tiempo, los terroristas han evolucionado y cambiado de herramientas. Hoy, tienen una, y muy poderosa, no sólo para difundir sus ideologías y crímenes, sino para viralizarlos.
Los vacíos en Facebook, Twitter, YouTube, entre otras, y las posibilidades que ofrecen han sido aprovechados por delincuentes de todo tipo y, ahora, por extremistas que han logrado su cometido: que millones de personas los vean, en tiempo real, perpetrar sus acciones.
La transmisión en vivo, durante 17 minutos, de la matanza que se registró este viernes en la mezquita Al Noor, puso a debate una pregunta: ¿Qué papel están jugando las redes sociales cuando se trata de violencia, o terrorismo? “Las nuevas herramientas de los terroristas”, ha dicho algún experto, y con razón.
Muchos usuarios saben de primera mano que a los minutos de subir algún video con canciones que tengan derechos de autor, o alguna foto de un desnudo, incluso una obra de arte, Facebook bloquea las cuentas.
En contraste, el australiano Brenton Tarrant no sólo pudo transmitir durante más de un cuarto de hora cómo iba asesinando gente, sino que pudo hacerlo en formato de videojuego y, horas antes, había subido a Twitter un manifiesto lleno de diatriba antiinmigrante, elogiando a otros, antes que él, que también recurrieron a esta red social para exponer su ideología, como el noruego Anders Behring Breivik, que antes de matar a 77 personas, en 2011, expuso allí su pensamiento.
Las posibilidades son inmensas. En el pasado, asesinos y extremistas escribían panfletos, o asesinaban esperando que esos crímenes en sí mismos les dieran notoriedad, o infundieran miedo.
Hoy, tienen acceso a medios que en tiempo real hacen llegar sus ideas y/o acciones a millones de personas.
¿Y qué están haciendo las redes sociales? Parecieran ir siempre muchos pasos atrás. Ni los moderadores ni la tecnología que emplean han sido suficientes para evitar su explotación por parte de criminales. Y no se trata sólo de terroristas. Facebook aún no termina de superar el escándalo que se desató cuando se dio a conocer que la información de millones de sus usuarios quedó en manos de firmas que la utilizaron durante la campaña presidencial estadounidense, en 2016.
Ahora, la amenaza es mucho más grande. ¿Estamos hablando de terrorismo hecho para las redes sociales?
ml
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