Los primeros psiquiátricos de México

Mochilazo en el tiempo

La historia de los nosocomios para la salud mental se ha escrito a través de los siglos, en este Mochilazo les contamos un poco sobre su evolución

Texto: Carlos Villasana y Ruth Gómez
Fotografía actual: Manuel Valdespino
Diseño web: Miguel Ángel Garnica
 


Las clínicas destinadas al cuidado de personas que tienen alguna enfermedad mental han estado presentes en la Ciudad de México desde la época colonial. El primer interesado en abrir un sitio especializado en lo que hoy conocemos como psiquiatría, fue Fray Bernardino Álvarez, personaje genuinamente altruista del siglo XVI.

En 1566, Álvarez financió y abrió en México, que en ese tiempo era la Nueva España, el primer hospital dedicado al saneamiento mental en todo el continente americano -y uno de los primeros en el mundo- que llevaba el nombre de Hospital de los Inocentes, también conocido como Hospital de San Hipólito. Según el cronista Héctor de Mauleón, Álvarez compró una casa en ruinas a un lado de San Hipólito -en Avenida Hidalgo 107- y se dedica a dar asilo y cuidado a los dementes.

Un cronista lo recuerda caminando por las calles, acompañado por dos o tres de sus "inocentes" y diciendo a los caminantes: "Den por Dios para las piedras vivas de Jesucristo"; así como el hospital de convalecientes en Oaxtepec, Morelos. Fue fundador de la hermandad hospitalaria de los Hipólitos que por muchos años se dedicaron a la atención de enfermos mentales.

Casi cien años después, el carpintero José Sáyago empezó a alojar en su casa a algunos enfermos mentales que, debido a la desinformación o voluntad de las familias y la sociedad, deambulaban por las calles en busca de alimento y de algún techo donde alojarse.

Tras ver el esfuerzo de José, el Arzobispo de México, Francisco Aguilar y Seijas, decidió apoyarlo instalándolo en una casona vieja situada frente a la iglesia de San Pedro y San Pablo -en la actual calle Del Carmen N°31, esquina con San Ildefonso-, con un cupo aproximado de 60 mujeres dementes, que permanecieron en ese sitio hasta el año de 1700, cuando la Congregación del Divino Salvador compró una casa en la calle de La Canoa.

El siglo XVIII transcurrió sin mayores cambios en el país en cuanto a los hospitales psiquiátricos, tanto el de San Hipólito como el de La Canoa funcionaron bajo la Orden de los Hipólitos hasta que fue suprimida y su administración pasó a manos del Ayuntamiento; sin embargo, algunos religiosos exclaustrados siguieron atendiendo a los enfermos mentales hasta 1853.

Décadas posteriores a la Independencia, el hospital de San Hipólito cumplió con su papel en condiciones sumamente precarias, mientras que el hospital de la Canoa recibía utilidades de una lotería y por ende sus instalaciones y servicios eran mejores que su predecesor.

En un informe se reportó que “el número de camas es de 90, tiene un promedio de 70 enfermas las que están bastante bien atendidas y se ocupan de algunos trabajos compatibles con su estado; las camas son de fierro con colchones bien aseados y perfectamente provistos de ropa. Es imposible sacar mayor partido de aquel local y mejorar el aseo y el buen orden que reina la casa de locas y niños expósitos, son indudablemente los establecimientos de beneficencia que debería de servir de modelo a los demás.”

Después de 344 años de existencia del manicomio de San Hipólito y 210 años del manicomio de la Canoa, el gobierno de Porfirio Díaz decidió que, como primer acto de la celebración de las fiestas del Centenario de la Independencia, se inauguraría el 1ºde septiembre de 1910 el Manicomio General al que serían trasladados los enfermos de ambos sexos de los antiguos hospitales.

El Manicomio se construyó en la antigua Hacienda de La Castañeda, al suroeste de la ciudad, funcionando como hospital psiquiátrico hasta 1960, cuando se replanteó su efectividad, se propuso su cierre y la reubicación de los enfermos en otras instituciones. En ese entonces, el encargado de la Dirección General de Neurología, Salud Mental y Rehabilitación, el doctor Manuel Velasco-Suárez, ya tenía en mente tanto la creación de un Instituto de Neurología como el terreno idóneo para su construcción.

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Fotografía del desalojo de "La Castañeda". Archivo de El Universal.

Como él también era el responsable de “La Castañeda”, tuvo la iniciativa de trasladar a un pequeño grupo de esa dependencia al Hospital - Granja Bernardino Álvarez, ubicado al sur de la capital en la alcaldía Tlalpan, cuya naturaleza y lejanía de lo caótico del Centro, favorecía a la calidad de vida que tenían los pacientes.

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“San Agustín de las Cuevas” Daniel Egerton, 1839. Los antecedentes de las instituciones de salud en Tlalpan se remontan a los años 1759, cuando a los pacientes de la Ciudad de México se les recetaba como parte de tratamiento recuperar la salud en los pueblos de los alrededores de la ciudad, como San Ángel y Coyoacán, pero principalmente en San Agustín de las Cuevas (actualmente Tlalpan) debido a su agradable clima y vegetación, así como por su abundancia de manantiales de agua cristalina como las fuentes brotantes o los ojos de agua de Peña Pobre o los del Barrio del Niño Jesús. Cortesía Manuel Valdespino.

En aquella alcaldía, ya existían un par de hospitales dedicados a la salud mental, como el “Psiquiátrico de Enfermedades Mentales” del Dr. Alfonso Millán, inaugurado en 1938. El doctor Millán atendía en La Castañeda y adquirió el predio que anteriormente había funcionado como escuela primaria desde la década de 1920 y a principios del siglo XX fue casa del célebre escritor Federico Gamboa.

La construcción se ubicaba frente a la plaza principal de Tlalpan, contaba con más de mil 500 metros cuadrados y la mitad del terreno estaba dedicado a los jardines y áreas recreativas para los pacientes. La clínica psiquiátrica cerró sus puertas en la década de 1970 y a partir de esa fecha las instalaciones quedaron abandonadas; en 1998 el Gobierno del Distrito Federal adquirió el predio y posteriormente la casa principal fue demolida.

En su lugar se construyó un estacionamiento y los enormes jardines de la clínica donde paseaban los pacientes se convirtió en el parque Juana de Asbaje y la casa del Doctor Millán se convirtió en oficinas de la Dirección de Ecología de la Alcaldía Tlalpan.

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Tomas comparativas del predio donde se encontraba la clínica del Dr. Millán en Tlalpan. Cortesía Manuel Valdespino.

La Clínica San Rafael, también dedicada a la psiquiatría, comenzó a construirse en 1945 en un terreno de 25 mil metros cuadrados y fue inaugurada el 7 de noviembre de 1949. Esta clínica pertenecía a los Religiosos de San Juan de Dios y estaba dedicada a la atención de pacientes con enfermedades mentales, contaba con amplios jardines, capilla y más de 150 habitaciones individuales.  

A mediados del 2012, la Clínica San Rafael fue cerrada definitivamente y el predio fue adquirido por particulares, demoliéndose casi toda la construcción original. Actualmente sólo se conserva parte de la entrada principal, que será el acceso de una nueva plaza comercial.

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Clínica San Rafael previo a su demolición y en procesos de construcción de la nueva plaza comercial. Cortesía Manuel Valdespino.
 

El nuevo hospital nacional

Después del programa “piloto” del doctor Manuel Velasco, la Secretaría de Salubridad y Asistencia decidió crear un sistema hospitalario de acuerdo con la época para el tratamiento psiquiátrico. Tras un estudio se resolvió que se tendría que construir un hospital de 600 camas para enfermos agudos de ambos sexos, un hospital psiquiátrico infantil de 200 camas, 3 granjas de 500 camas para rehabilitación de enfermos mentales recuperables en un plazo de 10 a 12 meses y un albergue para enfermos mentales de difícil recuperación, con 500 camas.

El hospital contemplaba terapias ocupacionales y recreativas, había talleres de usos múltiples, juegos techados, zonas de visita familiar, funciones de cine y baile; así como amplios jardines y juegos al aire libre para que los enfermos pudieran descansar después de su tratamiento o caminar en espacios seguros.

La intención de tener un espacio con jardines era seguir las normas internacionales para el tratamiento de enfermedades mentales: evitar, en el caso de lo posible, el internamiento permanente de los enfermos; sostener la política de puerta abierta dentro del hospital y tratar que las restricciones de tipo físico fueran utilizadas como “medida” de uso extremo.

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Toma aérea del Hospital Psiquiátrico Fray Bernardino Álvarez poco después de su inauguración. Colección particular.

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Fachada del psiquiátrico de Tlalpan en los años setenta. Colección Villasana - Torres.

En la actualidad, existen hospitales y centros comunitarios de salud mental a lo largo de la capital, que procuran contar con espacios abiertos y salones de usos múltiples para que niños, jóvenes y adultos puedan recibir atención médica de manera óptima.

Fuentes: Manuel Valdespino, Secretaría de Salud, Centro Histórico, 200 lugares imprescindibles, CDMX y Ediciones Cal y Arena.
Fotografía antigua: Manuel Valdespino y Colección Villasana - Torres.

 

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